Diversos
estudios confirman la riqueza biológica de la tierra
de los incas, como el del investigador Leslie Holdridge quien
sostiene que de las 103 zonas de vida que existen en el mundo,
87 de ellas se encuentran en el Perú.

Son
impresionantes las verdes lomas del ecosistema costeño,
que se complementan con los bosques de algarrobo (Prosopis
sp); huarangos (Acacia macracantha) y una variedad de cactus
(Cereus sp.) que se dispersan a lo largo de la franja desértica.
Los bellos
y fríos paisajes andinos, son embellecidos por la yareta
(Azorella compacta), abrupta alfombra verde de aspecto

almohadillado, que crece lentamente (1mm al año) y
se encuentra en peligro de extinción, triste suerte
que es compartida por la centenaria Puya Raimondi, la mayor
inflorescencia de la Tierra, que crece hasta 12 metros y florece
cada 100 años. Se les puede observar principalmente
en el Parque Nacional Huascarán (Departamento de Ancash).
Otra de
las hermosas expresiones del paisaje peruano, es la encarnada
cantuta (Cantua buxifolia), flor de los Incas y flor nacional,
que crece en el Valle del Mantaro (departamento de Junín).
Pero sin
duda el mayor aporte andino a la humanidad, es la papa

(Solanum
tuberosum), que sólo en el Perú cuenta con una
increíble variedad de cerca de 3,000 tipos de tubérculos.
Otro producto importante para la economía de los lugareños
es la totora (Scirpus californicus) que crece en las lagunas,
encontrándose hasta 12 especies en la Reserva Nacional
del Titicaca (departamento de Puno).
Existen
también plantas apreciadas por su valor medicinal,
como el yacón (Smallantus sonchifolius), un tubérculo
recomendado a pacientes diabéticos, colesterol alto
y obesidad. Crece en Cajamarca y en Ancash.
Al igual
que el yacón, la maca (Lepidium peruvianum) ha traspasado
las fronteras, siendo recomendada por su alto valor energético
y como estimulante de la fertilidad. Crece en Cerro de Pasco
y Junín.
Pero es
en la selva, donde existe la mayor variedad de plantas. Frondosos
árboles que alcanzan hasta los 45 metros de altura,
cobijan sobre sus copas muchos helechos, musgo y líquenes,
debido a la alta humedad del ambiente.
Muchos
de estos árboles son de uso local como el cético
(Cecropia sp.), topa (Ochroma pyramidalis) y otros más
conocidos como el cedro (Cedrela sp.), y la castaña
(Bertholletia excelsa).
La larga
lista sigue, tenemos a la quina o cascarilla (Cinchona micrantha)
de valor medicinal, árbol cuya corteza ha sido utilizada
desde la colonia, para curar la fiebre amarilla; la chonta
(Euterpe precatoria) hoja de la palmera que crece en la selva
baja y sirve de alimento desde tiempos inmemoriales.
Pero sin
duda su planta más conocida es la uña de gato
(Uncaria tomentosa), llamada así por sus espinas curvas
similares

a
las garras de ese felino, crece en el centro de la Amazonía
y es el remedio tradicional utlizado por los Ashaninkas, una
de las numerosas tribus selváticas que desde hace siglos
utilizan su raíz y corteza en infusiones y maceraciones;
y sus hojas en forma de té, para combatir enfermedades
inflamatorias, una de ellas la artritis; además de
la gastritis, reumatismo, disentería y otros males.
Adicionalmente
se dice que la uña de gato, tiene propiedades que estimulan
la actividad inmunológica, razón por la que
es utilizada en el tratamiento del Sida, aunque en este tema
las investigaciones aún no concluyen.
En la
selva, también hay deliciosos frutos locales, como
el aguaje (Mauritia flexuosa), guanábana (Annona muricata)
y el sapote (Matisia cordata) siendo todas ellas una pequeña
muestra de la inmensa riqueza biológica del Perú.
(Con información
de la doctora María Isabel la Torre, bióloga
y magíster en botánica tropical).