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RUINAS DE PACHACAMAC

Santuario de piedra

Tanto nobles como campesinos confiaban en Pachacamac, quien les dejaría ver el pasado y el futuro.

Cerca de Lima, hay un recinto arqueológico cuyas construcciones conservan el misticismo de su pasado. Su nombre: Pachacamac. Al recorrer este santuario donde hace cientos de años se rindió culto al Sol y a la Tierra, se puede sentir la mágica atracción de un lugar que siempre será sagrado.

Durante el ocaso, en la cima de una montaña rocosa, los antiguos pobladores de Pachacamac veían un voraz incendio. La escena no era una alucinación, eran las paredes rojas del Templo del Sol que parecían lenguas de fuego, según refiere el cronista Cieza de León.

En el templo, aparentemente consumido por el fuego, se rendía culto a Pachacamac, el ordenador del Universo y controlador del equilibrio del mundo.

Durante el apogeo de la cultura Wari (650 d.c.), miles de peregrinos llegaban al lugar -localizado a 33 kilómetros del sur de Lima- para consultar el oráculo y rendirle pleitesía al poderoso dios.

Tanto nobles como campesinos confiaban en Pachacamac, quien les dejaría ver el pasado y el futuro. Se sabe que era tanto el miedo y el respeto que le tenían, que ni los mismos sacerdotes podían mirarlo de frente y le hablaban de espaldas y nadie osaba molestarlo, porque la caprichosa divinidad era capaz de causar temblores o grandes terremotos.

La venerada imagen del dios Pachacamac ha logrado conservarse hasta nuestros días. En 1938, fue encontrada por Alberto Giesecke en el Templo Pintado y hoy se exhibe en el museo de sitio. Los visitantes miran con curiosidad el delgado tronco donde se encuentran talladas representaciones antropomorfas, además de plantas, aves y felinos.

Algunos estudiosos creen que las figuras grabadas en el tótem, simbolizan una dualidad masculina y femenina. Asimismo, en la parte inferior se ve la representación del mundo andino; es decir, el Hanan Pacha o mundo de los de arriba, el Cay Pacha o el mundo del presente y el Uku Pacha o tierra de los muertos.

La creencia en los dioses para obtener buenas cosechas y fertilidad en el ganado hizo que los antiguos pobladores de Pachacamac tallaran piedras en forma de maíz ("saramama"), papa ("papamama") o ají ("uchumama"), las que luego eran enterradas con invocaciones al Sol y a la madre tierra (Pachamama). A estas ofrendas se les conoce con el nombre de conopas y fueron encontradas durante las excavaciones realizadas en el recinto arqueológico.

Han transcurrido cientos de años, y hoy todavía se siente admiración y misterio al recorrer los pasadizos del Acllahuasi, el Templo del Sol o el
Templo de las pirámides con rampas.




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