E l Cusco bulle de
fiesta, se viste de gala con sus balcones adornados de hermosos
tapices y multicolores altares. Y es que todo es insuficiente
para celebrar a los milagrosos "taytas" y "mamachas",
que en junio recorren la Plaza de Armas, cumpliendo la tradición
del Corpus Christi, que ordena adorar al bendito Cuerpo de Cristo,
simbolizado en la Santísima Eucaristía.
La Sagrada Forma es el principal motivo de la celebración
en el mundo católico, pero en la capital arqueológica
de América las representaciones de los santos -primorosas
virgencita o mártires del evangelio- se han convertido
en los personajes centrales.
Y es que el Corpus no sería lo mismo sin el desfile de
la "mamacha" Belén, ataviada con finísimos
vestidos y valiosísimas joyas obsequiadas por sus fieles;
o del patrón Santiago, que se "atreve" a ingresar
en su blanco corcel, siendo admirado por la elegancia de su
uniforme de gala y la temeridad con que lleva su espada; o de
San Sebastián, el santo de los soldados y militares.
Historias de caprichos y sagradas rebeldías. La "mamacha"
Belén sólo deja que la carguen sus devotos. Si
otros lo intentan, el anda multiplica su peso y es imposible
levantarla. "Es verdad", aseguran los cusqueños,
al recordar que en cierta ocasión un grupo de soldados
no pudo alzar a la patrona de la antigua capital incaica.
Eso no es todo, el origen de esta imagen es muy particular.
Se dice que llegó a un lugar llamado Piti Piti, en el
puerto del Callao, portando un mensaje escrito en el que se
pedía su traslado al Cusco. Así lo hicieron los
que la encontraron.
Y si la Virgen de Belén es celosa con sus cargadores,
las imágenes de San Sebastián y San Jerónimo,
inspiran a sus parroquianos un ferviente deseo de competencia.
Y es que los mayordomos, los cargadores y los fieles, la comunidad
entera, se enfrascan en un reñido "gana-gana",
con la intención de llegar primeros a la Plaza de Armas.
En más de una oportunidad los creyentes de San Jerónimo
han camuflado el anda en la tolva de un camión, para
burlarse de la celosa vigilancia de los pobladores de la parroquia
contraria, tramo ineludible en el camino de más de 10
kilómetros que conduce al centro del Cusco.
Pero estos no son los únicos santos, también marcha
Santa Antonio, el santo de los matrimonios; San Blas, patrón
de los artesanos y la Virgen de la Inmaculada Concepción,
conocida también como "La Linda", y otras preciosas,
elegantes y enormes imágenes cargadas por sudorosos devotos.
Los santos compiten entre ellos o conversan con las "mamachas"
o el Señor de los Temblores. Son indulgentes, caprichosos,
a veces hasta engreídos. Se han humanizado para estar
más cerca de su pueblo, que los agasaja con un derroche
de fe, alegría y fiesta.
En el Corpus Christi no falta nada. Se alimenta el cuerpo con
buena comida e infaltable chicha. Se alimenta el espíritu
con plegarias y oraciones. Luego, la vida de cada día
impera nuevamente hasta el próximo año.

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