E ntre Palpa y Nazca, en la pampa de Socos, se ubican unas
líneas trazadas en el suelo, cuya anchura oscila
entre los 40 centímetros y 1.10 metros. Es una tierra
entre negruzca y rojiza que se torna violácea al
anochecer. Un semicírculo de cerros en la lejanía
conforman un gigantesco anfiteatro natural abierto hacia
el poniente.
Estas líneas
solamente pueden ser observadas en toda su inmensidad desde
el aire, al sobrevolar el desierto. Nadie ha podido explicar
con exactitud qué cosa es este conjunto de líneas,
testimonio de gran conocimiento geométrico de los
antiguos peruanos. Casi todas las opiniones coinciden en
afirmar que se trata de un enorme calendario que, de paso,
marcaría el rumbo de las estrellas y señalaría
los solsticios y equinoccios.
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