El Cerro Central y La Cultura Chachapoyas
Dentro de las investigaciones que se llevaron a cabo en 1985 en el Complejo del Gran Pajatén se consideró una profusa inspección en sus alrededores, lo que finalmente llevó a descubrir nuevos restos, ubicando, entre otros, al Complejo de Cerro Central, frente al Gran Pajatén, en la margen izquierda del río Montecristo, hacia el noroeste.
La elevación en donde se ubica este complejo tiene una forma triangular con una cima plana, estimando que el complejo Cerro Central tiene más de 200 estructuras circulares edificadas sobre terrazas de 4 metros de alto. Las características ornamentales de los edificios se asemejan a las representaciones de algunos edificios del Gran Pajatén, registrándose motivos decorativos también similares; estos elementos están en 7 edificios de los 50 inventariados, y la localización de este asentamiento es de tal magnitud y solo comparable al Gran Pajatén, lo que es una clara indicación de la densidad de la población prehispánica presente en esta área.
Exploraciones en el flanco oriental llevadas a cabo en 1987 permitieron determinar las características de los ingresos y distribución de los complejos existentes en la zona, ubicando restos de grupos culturales que alguna vez ocuparon el área, por el lado de Juanjuí hacia la cuenca del Abiseo; también se han efectuado reconocimientos y exploraciones desde Tarapoto, encontrando cerámica prehispánica burda en toda la zona.
Otro de los sitios con presencia prehispánica es Huicungo, zona que colinda con la ciudad de Juanjuí, donde se han hallado hachas en forma de T con muescas laterales y que se presentan como una forma muy característica de esta región; también se ha registrado el hallazgo de algunas urnas y vasijas fragmentadas. Dentro del área de las investigaciones están localizados sitios ubicados en las cuencas de los ríos Corrientes y Huayabamba, los que son afluentes importantes de los sistemas hidrográficos del Marañón y del Huallaga.
También se han ubicado restos de ocupación y desarrollo en Shatuna, Utillo, Lusitania y Shatuna 2, formando un área de desarrollo en forma concéntrica, alrededor de la confluencia de los ríos Abiseo con el Huayabamba. Según el arqueólogo Ravines, quien visitó esta zona en 1982, aunque estos sitios se encuentran distantes del Gran Pajatén, sin embargo esto no fue obstáculo para el establecimiento de relaciones ya que la base del río Abiseo se encuentra todavía en fase de exploración y la localización de nuevos sitios acortaría la distancia geográfica e integraría a ambas cuencas. Se tiene informaciones del policía peruano Ranforte Panduro de que ha localizado sitios arqueológicos en un pueblo llamado 2 de Mayo hacia el este del Cerro Golondrina, y últimamente el descubrimiento de las Ruinas de Marcial, en el río Montecristo, que sería el punto que faltaba para determinar que se trata de poblaciones de la selva baja cuyos ancestros deben estar en la cuenca del Orinoco y que aprovechando las Redes Fluviales del Casiquiari hayan llegado al Amazonas, de allí al Río Corrientes y luego al Huallaga, Huallabamba y Montecristo.
Se considera que la base más importante en el establecimiento de estos grupos es el Río Huayabamba, el que en sus interconexiones con el Abiseo y el Montecristo generaron un proceso de dispersión de los grupos que fueron poblando esta región.
El proceso de poblamiento de las culturas prehispánicas que se asentaron en las cuencas del Huayabamba y el Abiseo se originaron desde épocas muy tempranas de nuestra prehistoria, siendo una de las causas de su presencia la utilización de grandes corredores que se formaron como parte del proceso de expansión de la cultura de la amazonía.
La amplia difusión de hachas de piedra en forma de T en los contextos arqueológicos de Huicungo, Pachiza y Huayabamba y que también se han encontrado en los sitios de La Playa y Pajatén, Pinchudos y Cerro Central, evidencian un área de distribución proveniente de la selva baja. La cuenca del Huayabamba ha sido la que dio mayores aportes a la conformación del desarrollo de grupos culturales en la zona del Abiseo y en la región en general, utilizando la interconexión de sus ríos.
Las fases de ocupación registradas en los edificios permiten establecer una secuencia de poblamiento que va desde la cerámica local, de los estilos Huayabamba, y la cerámica temprana del Montecristo, cuyas formas se asemejan a las que se han ubicado en Tutishcainyo, Ananatuba y Marajoara.
La ocupación más temprana en el sitio de Pajatén ha sido fechada en 500 años ac; sin embargo, estudios en la cueva de Manachaqui permiten establecer una secuencia de ocupación desde 2200 años ac; y en lugares cercanos como Lavesen, 1500 ac; Manachaqui, 800 ac; Suitacocha, 400 ac; Colpar, 200 dc; Empedrada, 700 dc; y Poblano,1532, esto según el arqueólogo Church en 1997.
Hechos que vienen a demostrar la gran extensión que tuvo la cultura en la zona y la ocupación temprana que se da, siendo presumible que el desarrollo vino desde la selva baja, o que finalmente se produce un encuentro de culturas, teniendo en cuenta que la Fortaleza de Kuélap y los restos del Gran Pajatén tienen similitudes y a la fecha se asume que pertenecieron a la Cultura Chachapoyas. Todos estos misterios serán despejados cuando se emprenda un gran proceso de redescubrimiento de todos los grandes complejos que existen en los alrededores.
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