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Chavín de Huantar
Un Legado de 2000 Años A.C.

Un excepcional viaje a Ancash, por el litoral, espera a los viajeros que desean entender cómo es que hace aproximadamente 4.700 años surgieron importantes focos de vida sedentaria en pequeños valles, rodeados de uno de los desiertos más secos del planeta, así como el que sin lugar a dudas es uno de los primeros fenómenos culturales propiamente merecedor del término civilización en América, Chavín de Huántar. Para llegar a esta maravilla deberemos iniciar nuestro viaje llegando primero a Huaraz (3.050 msnm), capital de la región Ancash, situado a 400 km de Lima y a 200 de la costa (Paramonga), a la cual se llega por una excelente carretera asfaltada. Los meses ideales para recorrer la zona son de junio a agosto.

El centro ceremonial de Chavín de Huántar
El viaje hacia el complejo arqueológico de Chavín de Huántar implica una escala en Huaraz, capital de Ancash, región que ofrece interesantes circuitos de turismo ecológico, de aventura y andinismo.

El complejo de Chavín de Huántar se ubica en el valle alto de Mosna (3.150 msnm), y se sitúa a medio camino entre la costa y la selva, separado de ellas por dos altas cordilleras. Hoy Chavín de Huántar es un pueblo escondido en un pequeño valle a 3.177 msnm, al pie oriental de la Cordillera Blanca. Este pueblo cubre parcialmente restos arqueológicos de una extensión de 40 has, los cuales son un importante centro ceremonial que data del primer milenio ac y mantuvo su fama hasta los siglos XVI y XVII. En los años veinte, el eminente arqueólogo peruano Julio C. Tello reconoció su importancia fundamental para la historia del Perú y América antigua, convirtiéndola en pieza clave para su visión del origen de la cultura en el antiguo Perú.

Se ha podido determinar que el complejo tiene dos templos adosados bien definidos; uno era el Templo antiguo, que se construyó probablemente a fines del segundo milenio A.C. Tiene forma de U, en la parte central se presenta el acceso a una galería cruciforme, en cuyo centro está clavada la impresionante imagen de una divinidad, El Lanzón, el mismo que es una representación híbrida con elementos de serpientes, felinos y humanos. Debajo de la galeria y de las escaleras de acceso corre un canal sin inicio ni final conocidos, que nos lleva a una plaza circular hundida.

Esta plaza lleva lápidas decoradas con felinos en parejas y seres míticos en procesión hacia el acceso. En su centro probablemente se erigió el ahora llamado Obelisco Tello, que representa el cosmos en forma de dragones con motivos alusivos al ciclo del agua. Podría haber servido también como reloj solar. La iconografía del Obelisco Tello permite entrever la doctrina religiosa Chavín. En él apreciamos dos lagartos míticos (cocodrilos con cola de ave), de sexos opuestos, unidos en el acto sexual contranatura, intercambiando flujos fisiológicos que emanan de sus bocas, narices y órganos sexuales, a manera de serpientes. Las patas traseras de las deidades están ubicadas debajo del nivel del suelo, mientras que las delanteras en el cielo. A sus lados el jaguar representa a la deidad masculina y el águila pescadora a la femenina, sugiriendo la repartición del poder en los dos confines del universo (de esa época), la selva y el mar. El Obelisco Tello es un poco más pequeño que el Lanzón. Mide 2,52 m de altura y 32 cm de ancho.

En la plataforma de la plaza existieron dos galerías, una que contenía gran cantidad de conchas marinas usadas en el culto, y otra llamada La Galería de las Ofrendas, que guardaba centenares de vasijas, objetos líticos y restos de seres humanos y animales quemados.

Otro detalle importante fueron las Cabezas Clavas, las que eran cabezas de piedra que adornaban la fachada exterior del complejo Chavín de Huántar. Actualmente queda solo una en su lugar de origen. Los arqueólogos las han llamado así porque la nuca atraviesa la pared como si fuese un clavo. Estas cabezas clavas son antropomorfas, pero con atributos felinoides. Aparecen con los ojos abiertos y la boca cerrada.

Estos vestigios evidencian la existencia de ceremonias y el gran arraigo y presencia de la religión en el poblador de la época. Este antiguo templo estuvo dedicado al culto del agua a través de un oráculo suprarregional, al que acudían los pobladores de la sierra y la costa norcentral y central.

El Templo Nuevo es una ampliación del ala derecha del Templo Antiguo, llamado El Castillo. Es mucho más grande que el antiguo, ya que continúa a través de plataformas y culmina en una gran plaza hundida cuadrangular. Todas las plataformas contaban con escaleras líticas. Lamentablemente se sabe poco de la función de este complejo, ya que ignoramos el carácter de la divinidad principal y el funcionamiento ritual.

La famosa Estela Raimondi que representa al Dios de los Báculos (prototipo de imágenes posteriores, como aquella en la Portada del Sol de la cultura Tiahuanaco, frecuentemente identificada con el dios Viracocha), pero se desconoce su emplazamiento original y su contexto. Fue bautizada así en homenaje al naturalista y geógrafo italiano Antonio Raimondi, quien la llevó a Lima para su estudio y conservación. Esta fue esculpida en piedra de granito, en forma de laja rectangular, y mide 1,98 m de altura por 74 cm de ancho y 17 cm de grosor.

Chavín de Huántar nunca estuvo aislada ni solitaria. Se sabe más bien que tuvo contacto con otras culturas que ocuparon diversas zonas, a veces muy lejanas. Esto llevó a Julio C. Tello a manifestar que Chavín fue la cuna de la civilización peruana y matriz de la cual se derivaron las posteriores culturas de nuestro país. Sin embargo, investigaciones posteriores indicaron que Chavín no fue la cuna propiamente dicha, pero sí uno de los puntos más importantes de nuestra civilización, ya que tuvo que ver con todas las culturas posteriores.

Chavín tuvo contactos demostrados con una tradición religiosa asentada en la parte norte de la costa y de la sierra del Perú. En excavaciones recientes se demostró fehacientemente esta relación, al encontrarse en los alrededores de la localidad de Puémape, en Cajamarca, cerámica Chavín junto a las de la cultura Cupisnique.

La presencia de la cultura Chavín también se destaca en la selva alta, tal como se puede apreciar en la cerámica ubicada en la región Amazonas.