El recorrido continúa y seguimos a nuestro guía a través del complejo donde se conservan restos de edificios de más de cuatro mil años de antigüedad. Entramos al famoso Templo de las Manos Cruzadas, donde fueron halladas dos esculturas de manos cruzadas una con la mano derecha sobre la izquierda y la otra con la mano izquierda sobre la derecha. Según los arqueólogos esto concuerda con la idea de dualidad, común en los pueblos de los Andes. En la actualidad la imagen que puede verse es una copia, bastante exacta, del único original que se conserva en el Museo de Arqueología (Lima).
Salimos del templo y visitamos un pequeño jardín botánico donde se pueden admirar algunas plantas características de la zona. Nuestro conductor hace rato que conversa con algunos amigos, encargados de cuidar el complejo, y espera pacientemente a que nuestras preguntas se terminen.
Luego de tomar un buen número de fotos volvemos al auto. Estamos bastante cansados así que decidimos comer algo en el camino y volver a la casa a descansar un rato. Ya es de noche cuando nos levantamos y el cielo es un manto negro salpicado de brillantes. Millones de estrellas que son opacadas cuando una inmensa luna aparece de entre las nubes.
Es noche de fiesta para nosotros, salimos hacia el centro para ir a una discoteca de la que nos habían hablado. El lugar está totalmente lleno pero aun así logramos abrirnos paso y bailar entre esa marea de gente que se mueve al compás de música tropical.
Tragos van, tragos vienen, conocemos al dueño del lugar, quien nos presenta a más amigos, todos tienen una lista enorme de lugares a los que debemos ir. El discjockey nos anima a brindar por los hijos de Huánuco que han vuelto a la tierra, por los turistas que nos visitan, por la noche, la vida y el amor. Cuando se está de fiesta cualquier razón es excusa para seguir celebrando. Nuestro día termina bastante de madrugada y sabemos que nos costará levantarnos en la mañana.
El sueño no dura mucho, unos golpes en la puerta nos despiertan para ir a desayunar, y aún con los ojos cerrados terminamos levantándonos. Disfrutamos de un delicioso desayuno con café recién pasado y finalmente estamos listos para un nuevo día de aventuras.
El hogar de la alegría
Tomamos un taxi que nos lleva a una de las antiguas haciendas de los alrededores donde fabrican algunos destilados de caña. Durante el camino podemos ver antiguas e inmensas casonas y nuestro taxista nos explica que algunas de ellas datan de la época colonial cuando esta era una tierra de ricos hacendados.
Nos detenemos en una de ellas, donde funciona una fábrica de licores. Un anciano accede a mostrarnos la antigua área de destilación donde podemos ver inmensos toneles de madera y alambiques tan enormes y tan antiguos que deberían estar en algún museo.
Las plantas de caña que nos rodean se dejan acariciar por el viento, danzando a su paso con suaves movimientos y creando un sonido bastante particular. La casa principal es un edificio de dos pisos en madera tallada y que denota cierta antigüedad pero bastante cuidado en su mantenimiento. Entramos a la tienda y una amable señorita nos introduce en el mundo de los aguardientes.
Nos sentamos cómodamente y empezamos el incomparable placer de la cata. Copa tras copa la alegría va entrando al lugar, hay licores aromatizados con hierbas, con miel y algunos otros que sirven para curar afecciones respiratorias. Para cuando hemos terminado la cabeza nos da vueltas y escogemos algunas botellas para continuar la fiesta luego.