Texto y fotos: José Alva
Huarmey, un plácido puerto donde aventurarse a pescar
La placidez de los huarmeyanos ha cambiado radicalmente. Esta ciudad y capital de la provincia del mismo nombre, en el departamento de Ancash, asumirá el dinamismo impulsado por el muelle construido por la compañía minera Antamina a unos pocos kilómetros del muelle de Huarmey. Obviamente, la municipalidad, encabezada por su alcalde provincial Juan Pacífico Alegre, ha manifestado que las inversiones son bienvenidas, pero siempre cuidando de preservar el medio ambiente, pues el mar es el sustento de casi el 85% de todos sus habitantes.
"Justamente este I Festival de Pesca y Caza Deportiva que pensamos realizar para los días 17 y 18 de diciembre, en el marco de la Semana de Festividades por el XV Aniversario de la Creación Política de e provincia, es una especie de `campanazo´ que además de mostrar las bondades de nuestro mar, servirá como una advertencia de que es imperativo cuidarlo y mantenerlo a como dé lugar. Por ello hemos coincidido con la compañía Antamina que la primera condición del funcionamiento de este muelle es de que sus actividades causen el mínimo impacto ambiental," enfatiza el alcalde. Sinceramente nosotros esperamos que así sea.
Salimos hacia su Plaza de Armas. Allí se levanta una imponente estatua de un pescador artesanal como símbolo de la estirpe marina de sus habitantes. El aire salino llega hasta nuestros pulmones y el sol se ocupa de llenar de luz sus tranquilas calles, y también hacernos recordar que debimos haber traído una gorra: quema como en sus mejores épocas.
Llegar hasta Huarmey nos fue realmente fácil: sólo tomamos un bus que transitaba por la Panamericana Norte, y después de admirar a través de las ventanas las ciudades de Chancay, Huacho, Barranca y Paramonga, llegamos finalmente hasta el kilómetro 293 y bajamos con nuestras chivas: estábamos en Huarmey.
Después de conversar con el alcalde nos diriqimos raudamente hasta el objetivo de nuestra visita: sus playas. Allí nos sorprendió la transparencia de las aguas. Finalmente comprendimos el porqué se ha desarrollado la caza submarina a pulmón, la pesca con cordel y la extracción de mariscos: es fácil ver la presa a través de las aguas. Este universo de transparencia líquida lo pudimos percibir en Lobitos, Canaco, Los Médanos, La Cocinita y Tuquillo, sus principales playas.
En éstas los experimentados buzos, como Fernando Reyes y Germán Pastor, se sumergen en sus aguas para obtener el sustento de todos los días. Provistos de trajes aislantes de neopreno, máscara, aletas, y un buen arpón, pueden estar sumergidos hasta dos minutos buscando los preciados lenguados, meros, calamares y otras presas. Incluso, como nos dice Fernando, "nos olvidamos que necesitamos respirar, pues estamos tan concentrados en lo que estamos haciendo que sólo salimos al exterior cuando estamos morados". Pero no sólo están los buzos de pulmón (no utilizan comprensoras ni botellas con oxígeno), sino también los pescadores a cordel, llamados también "pinteros", y los marisqueros. Cada uno de ellos tienen sus propias técnicas, hora de pesca y costumbres propias de cada actividad.
El señor Toribio Broncano es un "pintero" desde que tiene memoria. Sus padres fueron pescadores, y él también lo es. Casi genético. Acude todas las mañanas, apenas amanece, se dirige a las peñas cercanas de las playas y coloca en su anzuelo la carnada ideal. Porque cada presa también tiene sus gustos gastronómicos, "si es una pintadilla, o jurel, se contenta con un muy muy, pero si queremos un lenguado o mero éste requiere anchoveta, o unos gusanos que viven en las orillas. Es un manjar para ellos", nos dice sonriente este viejo pescador. Después se lanza el anzuelo, y a esperar un suave jalón. Allí aguarda el momento preciso, el pescador tira del cordel de un golpe para que se incruste el anzuelo, y cuando se tiene la certeza de que ya enganchó comienza a tirar del cordel suavemente, pero con rapidez. Finalmente vemos el pez agitándose y destellando por última vez.