Hoy en día, la iglesia de la Virgen del Socorro es una visita obligada en Huanchaco y motivo de celebración cada primer domingo de febrero. Pese a que fue reconstruida después del terremoto que sacudió el norte peruano en 1619, su arquitectura respeta la antigua simbología católica, con la Puerta del Perdón (frontis) apuntando hacia el crepúsculo y su altar mayor en dirección este, por donde sale el sol.
Huanchaco al 2000
Desde el domingo 19 de diciembre hasta el 2 de enero, Huanchaco fue escenario de una fastuosa ceremonia en honor al nuevo año, al nuevo siglo y al nuevo milenio del 2000.
El evento contó con la participación de cien actores, cuarenta caballitos de totora, un patacho (antigua nave de totora para dos tripulantes) y un centenar de llamas que escenificarán el desembarco del mítico Taykanamo, fundador de la cultura Chirnú.
El programa "Milenio 2000 en Huanchaco" se inició con un festival de villancicos en el santuario de la Virgen del Socorro, concurso de "nacimientos", feria artesanal, circuitos turísticos por el balneario, conciertos, quema de castillos y paseos marítimos en caballitos de totora.
Al mismo tiempo, los hoteles locales organizaron fiestas para recibir el año 2000, a través de paquetes turísticos que incluyen hospedaje, alimentación, paseos turísticos, cotillón, cena y corcho libre.
Pero no se puede visitar Huanchaco sin probar sus deliciosos platos marinos. Para esto nada mejor que las cebicherías Lucho del Mar y el Huanchaco Beach, ubicados frente a frente en una de las esquinas más transitadas del malecón, en la cuadra 6 de la avenida Larco. Ambas ofrecen una excelente vista al mar y una variedad de platos como para satisfacer los gustos más exigentes.
Doña Consuelo de Alvarez nos sorprendió con un cebiche Lucho del Mar preparado con lenguado, mariscos, conchas negras, camarones, almejas y abanicos. Pero su carta puede variar con una larga serie de platos preparados con ojo de uva, robalos, lenguados, camarones y corvinas; sin contar sus cebiches, sudados y su célebre carbrito con pato a la trujillana.
Más que satisfechos, pasamos al Huanchaco Beach, donde nos atendió doña María Díaz de Lavado para dejarnos maravilla( con su cebiche a la crema, un suculento plato que lleva el secreto de casa, "Si no pruebas los platos de cangrejo es como si no hubieras venido a Huanchaco", nos dice mientras hace posar una fuente de cangrejo reventado típico de Huanchaco.
Con el estómago lleno y el corazón contento interrumpimos nuestro reportaje para pasear por la orilla del mar y contemplar los caballitos de totora cabalgando sobre las olas de Huanchaco. La escena nos remonta al milenario pasado de esta bella región del norte peruano llena de historia y de misterio.
Por la noche, otra sorpresa nos esperaba en la placita principal de Huanchaco. A la hora de cenar escogimos el Club Colonial, un café-restaurante de comida francesa ubicado en la placita principal del balneario, ocupando una bellísima casona republicana de paredes de quincha, techos y columnas de madera.
Aquí conocimos a Anne Debed y André "Bulú" Kesh, también belgas, también enamorados del Perú, también asentados de por vida en Huanchaco. El Club Colonial no tiene nada que envidiar a los restaurantes de comida internacional más exclusivos de Lima o de Trujillo. La diferencia, empero, radica en los cómodos precios de sus platos (recomendamos el pescado a la moda de Lyon) y en la atención personalizada que incluye una visita a su criadero de pingüinos de costa, una especie que antes pobló toda la costa peruana pero que está en peligro de extinción.
Visitar Huanchaco también es garantía de una buena jornada de turismo histórico recorriendo la imponente Chan-Chan, la ciudad de adobe más grande del mundo y sede de la cultura Chimú.
Lo mejor es contactar con don Manuel Torres Rodríguez, titular de la Oficina de Guías Oficiales de Turismo y creador de por lo menos 15 circuitos turísticos por Trujillo, Húanchaco y otros valles y puertos liberteños. La fama de Torres Rodríguez proviene desde sus épocas de policía de turismo, cuando ejerció una implacable persecución y captura de huaqueros en las zonas arqueológicas locales, previa labor de inteligencia e infiltración en las bandas depredadoras de los monumentos históricos trujillanos.
Por todo esto, Huanchaco es una buena alternativa para recibir el nuevo milenio con una fiesta inolvidable, un buen descanso frente al mar, la mejor comida norteña y un paseo por nuestra historia. Será por eso que, antes de partir, don Santiago Castañeda nos despidió con un simple "hasta luego" mientras continuaba imperturbable sus tareas de escoger las totoras para armar un nuevo caballito. "Todos vuelven a Huanchaco -nos dijo-. Ese es parte de su encanto".