Texto: Roberto Ochoa
Fotos: Virgilio Grajeda
Don Santiago Castañeda nació, creció, nadó y pescó toda su vida en las playas de Huanchaco. Las arrugas de su rostro cobrizo son como los galones para un militar, marcan su ardua experiencia internándose en el mar, remando a todo pulmón para cortar las olas y vencer las corrientes marinas.
Ahora tiene 73 anos y se gana la vida sembrando, secando y recolectando totoral para confeccionar los célebres "caballitos" en Huanchaco. Su centro de trabajo son los totorales que sobreviven al avance urbano del balneario, allí donde las autoridades han delimitado una zona reservada para conservar esta planta silvestre que hasta hace unos años crecía en todo el litoral.
"En mis tiempos no habían relojes, pero yo aprendí de mi padre y mi padre de su padre a medir el tiempo con las estrellas del cielo -recuerda-. Nos guiábamos por las “Cabrilas” o por las “Tres Marías”... y retornábamos cuando asomaba el lucero del amanecer allá sobre a cima de Cerro Blanco.
Todos los días y todas las noches durante medio siglo, don Santiago enfrentó al mar para parar la olla familiar y conservar una tradición que se pierde en la noche de los tiempos y que ha hecho célebre a Huanchaco. No en vano el célebre navegante Thor Heyerdald sostiene que el arte de correr olas se inventó en las costas del Perú, siglos antes que los tablistas de Hawai.
Y son precisamente los tradicionales caballitos de totora y remontando las olas de Huanchaco el principal atractivo del balneario trujillano.
Ubicado a sólo diez minutos de la ciudad de
Trujillo y muy cerca del aeropuerto local, muchos turistas prefieren los cómodos hoteles de Huanchaco como sede de su jornada turística. Desde aquí parten para conocer la célebre capital liberteña y recorrer la ciudad de adobe más grande del mundo de Chan-Chan, visitar las impresionantes excavaciones arqueológicas en las
Huacas del Sol y de la Luna, o el complejo arqueológico de El Brujo.
La historia de Huanchaco está vinculada directamente con la ciudad de Chan-Chan. Las viejas tradiciones locales asegurar que el mitológico Taykanamo desembarcó en las playas locales y que su estirpe erigió la fastuosa civilización Chimú, cuya influencia cultural se extendió desde
Lima hasta Lambayeque. Su expansión sólo fue detenida por los Incas luego de una guerra que duró diez largos años.
Con la fundación española de la ciudad de Trujillo en 1534, Huanchaco se convirtió en el puerto más importante del norte del Perú hasta 1870, cuando es reemplazado por el puerto de Salaverry luego de un estudio realizado por don Miguel Grau Seminario.
Desde entonces su muelle sólo sirvió para la pesca artesanal y Huanchaco volvió a ser una modesta caleta hasta mediados del presente siglo, cuando vuelve a tomar importancia como destino turístico hasta convertirse en uno de los balnearios más exclusivos de la costa peruana.
Sin embargo, sus pobladores supieron mantener ese aire melancólico y tradicional que caracteriza a Huanchaco, y que no contrasta con la decenas de hoteles, hostales, albergues caseros, restaurantes y cebicherías que satisfacen las demandas de los turistas más exigentes.
Frente a sus playas se yerguen lujosas, residencias de arquitectura moderna, mientras que en sus calles interiores aún se pueden gozar con las viejas casonas de quincha y madera, o las modestas viviendas de los pescadores artesanales, o sus hermosos parques donde se respira la nostalgia de su antiguo esplendor.
Al paisaje tradicional de caballitos de totora secándose en la playa, o al de turistas y parejas de enamorados paseando sobre el muelle se suma la antigua iglesia que corona el balneario.
El templo está dedicado a la Virgen del Socorro, patrona del balneario. Los pescadores, empero, la prefieren llamar Mama Colla cuando !a sacan en procesión el primer domingo de febrero. Como casi todas las capillas y templos católicos, el de Huanchaco también fue construido sobre una huaca prehispánica dedicada a la Marnacocha, "la madre de todas las lagunas” una antiquísima deidad de mucha importancia en la cosmovisión andina.
Cada cinco años, Mama Colla es sacada en procesión hasta Trujillo, conmemorando uno de los tantos milagros atribuidos a la Virgen del Socorro: A mediados del siglo XVII una epidemia de peste bubónica, precedida de una plaga de roedores, asoló la ciudad de Trujillo cobrando cientos de víctimas entre indios, mestizos y españoles. Fue entonces cuando el sacerdote Dean Saavedra y Leyva y los pescadores de Huanchaco cargaron con la imagen de la Mama Colla, marcharon en procesión hasta la ciudad y bastó que la imagen atravesara las murallas de
Trujillo para que sanaran los enfermos y desaparecieran los rodeadores.