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ANDARES
PARAISO DE AVENTURAS
Restablecidos con el desayuno, retornamos con el grupo de Nanin Runas y los parapentistas (ellos habían llegado con dos días de anticipación) para que sobrevolaran la ciudad.
Haroldo Horta, chileno de nacimiento, pero con el corazón peruano, decidió dejarlo para el día siguiente porque el viento nos había jugado una mala pasada. Con los ánimos algo decaídos regresamos al pueblo, donde se había dado inicio al concurso de danzas folclóricas en el que participaban todos los colegios y clubes de madres de Huacrachuco. La fiesta había empezado.
A las seis de la tarde, los chicos de Perú Bike llegaron al pueblo más que contentos por lo que habían encontrado. José Coloma y César Ortega describían emocionados las rutas que habían recorrido, calificándolas de "una de las mejores rutas para hacer ciclismo de montaña" . Como guiados por tanto entusiasmo decidimos seguir con el vacilón en el Coliseo de Huacrachuco, donde todo el pueblo estaba bailando al compás de la contagiosa música de un grupo charapa de música tropical.
Casi sin haber dormido, partimos el jueves 21 con la gente de Nanin Runas Perú y los parapentistas para emprender la primera jornada de caminatas (trekking). Una camioneta nos dejó a la altura del cerro Rima Rima, camino a Chonta, donde iniciamos la caminata.
Cargados con todo el abrigo que podíamos llevar -incluido poncho y pasamontañas-, caminamos a paso lento para no resbalar con el barro rumbo a la laguna de Asiac.
Con una ligera llovizna pasamos por los anexos de Huacrachuco, la carretera de penetración en la selva y el distrito de San Pedro de Cholón. A nuestro paso se dibujaban paisajes propios de la puna. Bajamos más y llegamos al distrito de Chonas (3,477 msnm). Con paso firme pasamos por un laguna del mismo nombre sobre los 3,358 msnm, e ingresamos en la ceja de selva.
Pepín Reinoso nos explicaba que el cerro Acotambo divide la provincia del Marañón en dos vertientes: la zona occidental, es decir, Huacrachuco, y San Buenaventura; y la zona oriental o "ceja de selva", donde está el distrito de San Pedro de Cholón (camino que lleva a Uchiza).
En la vertiente occidental abundan los cultivos de frutas (papaya, chirimoya, pacaes, naranjas, limas, limón dulce), cereales (trigo, cebada y arvejas) y tubérculos como la papa y la oca. La vertiente oriental es un valle frutícola y cafetalero, ideal para la crianza del cebú.
Luego de seis horas de agotadora caminata, llegamos a la laguna de Asiac (punto más alto de la ceja de selva). Con los pies deshechos y muertos de hambre, buscamos un lugar donde acampar. Tuvimos suerte de toparnos con don Julio Pantoja, quien nos ofreció hospedaje y un reparador mate de coca.
A las cinco y media de la mañana, los primeros rayos de sol se filtraron en nuestra pequeña habitación de piedra; el descanso había terminado y teníamos que regresar a Huacra chuco.
Embarrados hasta las rodillas, subimos una pequeña cuesta rumbo a la laguna de Chinchaycocha, con 2.5 km de largo (previo paso por las lagunas gemelas Patará) Casi sin fuerzas para poder seguir y sin haber probado alimento alguno, llegamos al cerro Chacrapata; aquí nos encontramos con los ciclistas, quienes nos auxiliaron con un poco de miel de abeja para recuperar fuerzas.
Después de contemplar esta maravilla de la naturaleza, bajamos hasta la zona de Afilanga. Aquí, Julio César Pantoja, un niño que nos sirvió de guía por todo el trayecto, nos relató que los antiguos Chontas, que venían de la selva, afilaban sus lanzas en los cerros antes de irse al ataque con los huacrachucanos. Luego pasamos por Pueblo Viejo -ciudadela antigua de los Huacrachucos, hoy huaqueada- para bajar por una zona más estrecha: Ucurragra ("donde el río desaparece").
Julito nos enseñó las antiquísimas pinturas rupestres y las "campanas de piedra" de Ucurragra. Dejamos de lado las campanas, hembra y macho, para rendir culto los Apus. Según cuenta la leyenda, dos personas pasaron por este lugar sin hacer la veneración que le corresponde a una zona sagrada, y se convirtieron en piedras. Nosotros hicimos el rito ancestral dejándole a los dioses una ofrenda o "pagapu" para tener buen viaje.
Seguimos el camino a Gochaj hasta el río Huacrachuco, y pasamos por el puente Tablasaca (puente de madera). En forma recta llegamos a la zona de Limpacocha y cruzamos una pequeña quebrada para ascender hasta el cerro Marco, desde donde se ve todo el pueblo.
Lo que sigue es un descenso por Gochapampa (pampa llena de agua) hasta el cerro Aguy y llegamos al pueblo.
La experiencia vivida por los chicos de Perú Bike la comprobamos en estos dos días de trekking. Existen lugares ideales para realizar deportes de aventura (ciclismo de montaña, trekking, escalada en roca, parapente, cabalgata, etc.), pero, lamentablemente, fuimos un poco ingenuos al lanzarnos en una aventura como esta sin el equipo necesario y sin alimento.
Mientras tanto, en el pueblo se vivía una fiesta de padre y señor mío, donde grandes y chicos no dejaban de hablar del vuelo en parapente que había realizado Erwin Biener. Era la primera vez que habían visto un espectáculo de esta naturaleza.
Al promediar las diez de la noche, la tensión se apoderó de todos por la ausencia del grupo que se quedó en Asiac. La falta de un plan más organizado nos hizo pensar lo peor. Más aun si teníamos como referencia que Huacrachuco sufrió, en la década de los ochentas, los estragos del terrorismo y del narcotráfico. Felizmente, no pasó de ser un gran susto y nuevamente reinó la calma en la delegación limeña.
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