Huacho, Huaura, Sayán y Churín
La historia de Huacho se escribe día a día. Pero no sólo se escribe sino también se observa, se degusta, se cocina y se admira. Eso se puede percibir luego de apenas dos horas de trayecto por la Panamericana Norte desde Lima hasta esta la "Fidelísima Villa de Huacho", que fue elevada como ciudad-capital de la provincia limeña de Huaura el 10 de noviembre de 1874. Eso quiere decir que a estas alturas Huacho debe estar en intensos preparativos para celebrar sus 125 aniversario a todo dar.
Ello nos dio pie para realizar un viaje que contemplara los atractivos turísticos de la zona y de la cuenca del río Huaura hasta el idílico balneario termomedicinal de Churín. Cuando uno pone los pies en Huacho al bajar del bus (S/ 6.00 Lima-Huacho) percibe esta singular mezcla de ciudad y provincia; de mar y campiña, de un delicioso ceviche de pescado, de un sabroso ceviche de pato o de una revitalizante parihuela con pejesapo. Una singular mezcla en la que además se unen estilos diversos de arquitectura republicana que aún se pueden observar en sus vías más antiguas, ubicadas en el centro de la ciudad.
Su avenida principal, la 28 de Julio, nos recibe activísima. El ir y venir de automóviles no es obstáculo para que los taxistas y los usuarios se saluden con entrañable cordialidad. Pero es quizás su Plaza de Armas donde su vieja tradición se une con la modernidad. Casonas antiguas que hoy tienen en su interior negocios de los más florecientes. Y en medio de la Plaza, los típicos fotógrafos, quienes con sus cámaras antiquísimas han retratatado varias generaciones de huachanos sentados, a lo "Llanero Solitario", sobre un inmóvil caballo de madera.
Allí también están el emblemático Casino Huacho y el Cine Colón, recién reabierto. Esperemos que de por vida. Pero si uno camina por alguna de la calles paralelas, como la Bolívar, puede sentir bajo los pies sus calles empedradas, enormes casonas calladas y antiguas, refugio de más de un recuerdo.
Y aunque no lo crean, el ruido de la mar puede percibirse débilmente en las noches tibias de verano.
Pero siempre hemos dicho que el corazón de un pueblo se encuentra en sus mercados. Y es en el Mercado Modelo donde Huacho se percibe vital. Allí pudimos ver los más frescos productos del mar -ofrecidos por las mujeres de los pescadores-, verduras y frutas logradas en la campiña y del valle del Huaura; y obviamente los embutidos, como la salchicha, digna representante de la culinaria huachana; la cual, por cierto, ha sido escogida para ingresar en el récord Guinnes en estas festividaes. Sólo tienen que hacer una de varios centenares de metros. Y no hay que preocuparse, pues de seguro encontrarán quien se las coma. Me apunto.
Pero la historia de Huacho no se circunscribe a los 125 años de su elevación a ciudad y capital de provincia, sino a más de 4 mil años, cuando se asentaron sus primeros pobladores en todo el valle del río Huaura.
Posteriormente estos pobladores, dedicados a la agricultura y la pesca, formaron ayllus que fueron asimiliados por la cultura Chancay y luego por los Incas. Todavía es posible recorrer algunas de sus edificaciones levantadas con barro a todo lo largo del valle. Según los historiadores y arqueólogos, existen más de 200 "huacas" en esta parte de la cuenca del Huaura.
Mucho se ha hablado respecto al origen de la palabra Huacho. Según Felipe Paz Soldán, "huachu" significa camellón, y en aymara "becotín o birrete". También una tradición antíquisima afirma que los delincuentes desterrados por sus caciques eran llamados "huachos", que en quechua quiere decir huérfanos, abandonados.
Con la llegada de los españoles se formó la Reducción de Guacho, según la ordenanza del virrey Toledo en 1557. Pero ya en 1535 fue entregada como repartimiento por Francisco Pizarro a un español apellidado Benites; posteriormente, como encomienda al capitán Juan de Ballón de Campomares, y después al Correo Mayor de Indias, Diego de Carbajal.
Pero Huacho alcanzó notoriedad en la época de la independencia, cuando el general José de San Martín instaló su cuartel general en la vecina Huaura y lanzó desde su histórico balcón el grito libertario el 27 de noviembre de 1820. Allí los huachanos juraron mantenerse fieles a la causa independentista. Por ello el Congreso concedió el título de Villa Fidelísima a Huacho el 11 de abril de 1828, cuando era presidente de la República don José de la Riva Agüero.
Desde aquellas épocas, Huacho no ha dejado de progresar, pero siempre tratando de mantener la belleza natural de sus parajes. Algo que se está logrando poco a poco, pues los huachanos se están dando cuenta de que su ciudad será el eje del turismo del Norte Chico en el siglo XXI.
Por ello es necesario dotarle de vida al malecón, desde donde observamos una maravillosa vista del Pacífico. Luego bajamos hasta el puerto, donde están quizás los mejores lugares para comerse un ceviche de pejesapo, para luego tomar un taxi (S/2.00 a cualquier punto de la ciudad) y dirigirse hasta Hornillos y Colorado (Ver ANDARES 56), dos de sus más bellas playas ubicadas apenas a tres kilómetros de la Plaza de Armas. Nuestro fin era arrullarnos con el vaivén de las olas, pero habría que recorrer aun más.