Cuando la lluvia dejó de caer, algo maravilloso sucedió. Desde la oscuridad del Amazonas comenzó a surgir, hermosa y brillante, la luna llena. En el horizonte se ve como una bola de fuego que poco a poco se aclara hasta alcanzar su blancura. Después de esta primera experiencia, uno se siente hechizado, atraído por tan majestuoso y mágico espectáculo. No es tan fácil reponerse a este encanto, pero esto recién es el inicio, pues sentimos que Iquitos palpita a cada paso.
La historia de Iquitos está escrito en las hojas de sus árboles y los tatuajes de sus primeros pobladores, los nativos Iquito, ellos fueron quienes dieron el nombre al núcleo misional que luego se convirtió en un centro poblado ubicado en el río Itaya y Amazonas. Fue recién el 5 de enero de 1864, fecha de su fundación, cuando Iquitos surge corno una ciudad, que posteriormente se convirtió en destino de aventureros como Julio César Arana, en busca del tesoro que ofrecía la explotación del caucho a fines del siglo pasado.
A un lado del Malecón Tarapacá también se observan preciosas construcciones revestidas de azulejos traídas desde Europa. Se dice que sus dueños incluyeran este material para combatir la corrosión de las paredes producto de la humedad. Y vaya que lo lograron, ahora no sólo lucen intactas sino también hermosas. Huellas de un época pasada de mucha riqueza. Un ejemplo de ella es el famoso y antiguo Hotel Palace donde en su tiempo era visitado por lo más encumbrado de la sociedad.
A dos cuadras se ubican los embarcaderos turísticos. Uno de ellos es el de San Ramón, desde aquí parten los deslizadores para internarse en el Amazonas, Santo Tomás, Pacaya Samiria, Padre Coche y otras importantes comunidades, y arribar incluso a Leticia, en Colombia.
Antes de llegar a este embarcadero, pasamos por el Museo Amazónico, ubicado a pocas cuadras del malecón. Fundado en1996, expone decenas de esculturas realizadas por Felipe Lettersten. El artista tuvo que internarse en la selva, ganar la confianza de los nativos y convivir con ellos para convencerlos de utilizar sus cuerpos como moldes vivientes. Con ello logró copiar con asombrosa naturalidad y exactitud los gestos y actividades que realizan los nativos en el interior de la selva.
Otro de los lugares turísticos en la ciudad de
Iquitos es su Plaza de Armas, que resalta por su Obelisco donde figuran los nombres de los loretanos que pelearon en la Guerra con Chile. También está la Case de Fierro, construida en los talleres de Gustavo Eiffel en 1889 para la primera Exposición Universal en Francia. En la primera planta funcionan restaurantes y tiendas comerciales, y en su segunda planta se encuentra el Consulado Británico.
Las casonas típicas de la época del caucho también conforman el gran atractivo de la zona. Así como las plazos 28 de Julio y la Sargento Lores, en esta última se ubica la Municipalidad Provincial de Maynas.
Después de empaparnos de conocimiento sobre esta ciudad que ya esta calando en nuestra piel, decidimos ir a almorzar. Iquitos por donde se vea es exótica y esto incluye sus platos típicos. Las posibilidades gastronómicas comprenden platos inimaginables para el paladar del común de los mortales (o sea nosotros), como chicharrón de lagarto -aunque no lo crean es delicioso-, cecina con tacacho (una lonja de chancho acompañada con plátano verde sancochado y amasado); motelo (tortuga) al kión, estofado de venado, ceviche o anticucho de paiche, majás al ajo (un roedor más grande que el conejo, que pesa hasta doce kilos); los famosos "Juanes", una bola de arroz con pollo preparados con huevo y envuelto en una hoja de plátano, De postre están las frutas poco conocidas, la mayoría son de un sabor ácido, como el aguaje, la cocona, el maracuyá, al camucamu (que según dice tiene poderes de volver más atractiva a la mujer), el coco, la guayaba y otros. De estás frutas se preparan agradables refrescos y helados.