Escribe: Lissete Herrera C.
Fotos: José Alva S.
Los pobladores de
Iquitos viven rodeados por los río
Amazonas al este, Itaya al sur; Nanay al norte y por el lago Meronecocha al oeste.
De un total de 306,322 habitantes, sólo un pequeño porcentaje vivo dentro del casco urbano; los demás se ubican en la riberas de los ríos, donde han desarrollado originales estilos de vida.
Todos los días llegan aviones de Lima, pero no hay vuelos directos desde otro país, lo que ha provocado una fuerte disminución en la demanda turística. Pero ello no fue obstáculo para nosotros: el embrujo de la selva nos atraía como el pájaro hacia las fauces de la serpiente.
La mañana en que llegamos a Iquitos la encontramos húmeda y brillante. La noche anterior una fuerte lluvia hablo caído sobre la ciudad.
El sol aún estaba sumergido en el tibio colchón de nubes y la temperatura empezaba poco a poco a aumentar. Cogimos nuestras cosas y enrumbamos por la vía Quiñones hacia la ciudad.
En apenas veinte minutos que duró el trayecto comenzamos a sentir el famoso calor de la selva. Pero no sólo fue el calor lo quo percibimos, sino las típicas construcciones de esta parte de nuestro país: hechas a base de madera cuyos techos están cubiertos por hojas de palmeras llamados yrapay o yarina tejidas. Aunque se piense lo contrario, estos techos son ideales para soportar la Intensas lluvias y crear un ambiente refrescante cuando el color agobia, El tamaño de sus hojas pueden alcanzar hasta tres metro de longitud. Formados en fila, son tejidas y convertidas en crisnejas. Luego, se construye el armazón con más de Medio Centenar de estas hojas, para luego colocarlas sobre las habitaciones. La más resistente es la yarina, pues dura hasta ocho años y lo yrapay sólo dura dos.
En la ciudad contactamos a Mario de Col, administrador del que fuera el Hotel Río Grande. El es un italiano especialista en turismo que desde hace cinco años convirtió a Iquitos en un nuevo hogar. Hoy en día es todo un experto en lo que respecta al movimiento turístico de la zona.
Con su ayuda empezarnos nuestro recorrido por esta bella ciudad, Tomamos un motocarro -el vehículo de transporte oficial de Iquitos, más conocido en nuestro medio como mototaxi- y fuimos al Malecón Tarapacá, Desde aquí se establece el primer contacto con el
río Amazonas. Es aquí donde la ciudad se une con la selva, únicamente separada por el imponente y oscuro caudal del Amazonas.
Con una extensión de 300 metros de largo, casi tres cuadras, el malecón Tarapacá es el lugar preferido de propios y extraños. Por las noches, sus banquitas y los establecimientos ubicados estratégicamente a sus lados lucen llenas de turistas y lugareños. La actividad en éste lugar es intensa. Mientras, sus farolitos dejan ver los insectos que revolotean por el aire. Pero una tranquila noche puede convenirse en pocos segundos en una noche lluviosa, apabullante Es allí donde los insectos y pequeños reptiles buscan cobijo en los restaurantes, pubs y otros establecimientos. El rhinoceros, una especie del comúnmente llamado "torito volador", y el grillotalpa, vuelan torpemente de un lado a otro. Es gracioso ver que las personas, para evitar el impacto, empiezan a esquivarlas. Pero no todo queda ahí: en las paredes aparece el geko, una especie de salamandra de color marrón claro que alcanza los cinco centímetros. Estos inofensivos animalitos salen de los techos, o de los cuadros colgados en la pared donde hacen su nido y se quedan petrificados en las paredes, a la espera de algún insecto que se convierta en su cena nocturna.