Lo primero que nos llama la atención es el tamaño de la plaza, reconstruida recientemente con ese engendro arquitectónico que está acabando con todos los centros históricos de nuestras serranías: en lugar de la pileta se han colocado tres horribles hongos de concreto, bancas de piedra en media luna y rejas encerrando pequeños jardines. Como fondo un enorme centro cívico, aún en construcción, que sería la envidia de la municipalidad de San Borja, pero que contrasta con la arquitectura típica de la región. Lo único que se ha salvado en la plaza es la iglesia, con sus dos torres de campanario y su frontis de retablo.
Lo primero que hicimos fue salir a pasear por la plaza y buscar un buen restaurante donde tomar un desayuno-almuerzo como para defendernos todo el día ...y es así como descubrimos que los sábados no hay restaurantes en Pampas.
Buscando algún huequito donde espantar el hambre matutino, pasamos por la iglesia principal de Pampas y, mientras realizábamos las fotografías de rigor, nos dimos con un matrimonio campesino que salía de la iglesia entre aplausos, flores y acompañados por su banda de música.
Confundidos entre los familiares y amigos de los novios Avelina Urbano y Dionisio Soto, terminamos en casa del padrino don Víctor Stelman, paso previo a la gran jarana que sería celebrada ese mismo día en Ccosapata, un anexo ubicado en las alturas de Pampas.
En casa de don Víctor nos recibieron con cervecitas, calientitos y un buen cañazo que nos hizo olvidar el hambre y el pesado viaje matutino. Al son de violines, saxos y del arpa bendita casi olvidamos que ese día nos esperaba un duro trajín por los alrededores de Pampas, así que nos despedimos no sin antes agradecer la hospitalidad y gentileza de los novios.
Los lugareños nos contaron que Pampas tiene innumerables atractivos turísticos aún sin explotar. Por ello nos sugirieron la ruta Pampas-San Juan de Picllo, la zona de divertimiento de la población local. Hacia allá partimos en una camioneta station-wagon hasta la plaza principal de Aguaycha, con su bella plaza de armas y servicios básicos para los visitantes, Desde ahí continuamos hasta Acraquia, célebre por sus fiestas de carnaval y su estadio de fútbol ubicado a 3,279 msnm. Continuamos por las hermosas campiñas de Pamuri -la zona ganadera más importante de Pampas-, Santa Rosa, Maraycucho, Huasapuquio y Dos de Mayo.
Minutos más tarde llegamos al distrito de San Juan de Picllo, una zona donde abundan enormes pastos para ganadería y rodeada por bosques de eucaliptos que ascienden por las laderas de los cerros vecinos. Aquí visitamos la piscigranja (donde se está construyendo un restaurante turístico al lado de las piscinas repletas de truchas) y la Hacienda de los Bazo-Velarde, una zona de inigualable belleza que podría ser una alternativa turística local. Aún se puede visitar la casa hacienda, la gran capilla y los establos que en sus buenas épocas albergó a lo mejor de la ganadería de Pampas.
En sus bosques y enormes jardines naturales cubiertos con flores de retama se pueden ver algunos venados pastando; sin embargo, pese a ser sábado por la tarde, no hallamos a ningún lugareño paseando por la zona. "En esta zona los sábados son muertos", nos confió un poblador, "la gente viene los domingos a pasear y preparar una parrillada en medio del bosque".
Nosotros recorrimos toda la zona de Picllo hasta el atardecer, cuando el gélido clima nos obligó a retornar a Pampas y buscar un colectivo que nos llevara de retorno a Huancayo, con la esperanza de que algún día esta zona logre integrar al circuito turístico del valle del Mantaro.