Escribe: Richard Espinoza
Fotos: Reynel Gallardo
Celebración en Laraos
Con nuestro equipaje básico partimos desde Lima un día jueves, a las 4 de la tarde, rumbo a Laraos. En la agencia de transportes nos habían asegurado que llegaríamos a nuestro destino en las primeras horas del día siguiente. Así recorrimos toda la Panamericana Sur, llegando a Imperial, Cañete, donde el bus se detuvo media hora para que suban más pasajeros y levantar cargamentos.
A las 7 y 30 de la noche retomamos el viaje. Por la ventana lateral de nuestro asiento observábamos el manto de la noche alumbrado sólo por las innumerables estrellas y una luna creciente. Pasamos los poblados de
Lunahuaná (aquí termina la vía asfaltada), Pacarán, Zúñiga hasta llegar al distrito de Cotahuasi (ya en territorio de Yauyos), donde el chofer pisó frenos y ordenó "Todos a comer, tenemos media hora".
Antes de ingresar en el restaurante nos cruzamos con tres campesinas de! pueblo de Tupe luciendo sus vestimentas típicas y vendiendo frutas de la zona. Compramos algunas y saboreamos un reconfortante caldo de carnero y mazamorra de calabaza.
Eran las 10 y 30 de la noche cuando reiniciamos el viaje con el fondo musical de huaynos cantados por Doris Ferrer. El río Cañete corría cerca de la vía. Pasamos pueblitos como Capillucas, Calachota, Puente Auco y a la una de la madrugada llegamos a Magdalena del Río.
Desde allí -nos contó el pasajero que iba a nuestro lado- empieza la carretera serpenteante hacia la villa heroica de Yauyos, capital de la provincia. El ómnibus de la empresa San Juan pasó por Tinga, Huantán y el villorrio de Llapay. Luego dobló a la derecha por una vía troncal y, tras dominar curvas, a las dos de la mañana llegamos a Laraos. Al bajar sentimos un olor a tierra fecunda.
Dormimos en una casa hospitalaria. Al levantarnos el sol ya estaba alto y desde el patio observamos el impresionante paisaje de los maizales larahuinos y sus centenares de andenes. Entre los eucaliptos y saucos las pichiusas y palomas cantaban su ronda matinal. Estábamos en el barrio de Cara-Cara. Ese viernes, teniendo como guía a don Sabino Lermo, recorrimos diversos lugares.
Limpia acequia
Es el sábado 15 de mayo, día en que se inicia la tradicional Limpia-Acequia. La noche anterior había sido la víspera. El local comunal se adornó con flores y se velaron las tres cruces que serían colocadas en los manantiales, bajo la vista de los pongos (ancianos del pueblo), al son del dulce huauco ( flauta larga), chacchando coca y tomando sorbos de cañazo.
Esta fiesta-faena, llamada en quechua Sequía-Asphi, es una costumbre que se realiza y mantiene desde épocas incaicas. Consiste en organizar los trabajos comunales para limpiar la acequia principal -fuente de vida- del pueblo. Para esto, en reunión pública, se nombra a tres funcionarios o mayordomos: un Juez de Agua y dos Principales, además de dos agentes que cuidan la inmensa sementera hasta la cosecha.
A las 7 de la mañana, los pobladores de Laraos caminan por las calles cuidadosamente empedradas. Conversan alegres porque ya llegó la festividad pueblerina y reciben a sus paisanos que residen en
Lima, Huancayo y otros lugares, así como a los visitantes. Algo que nos llama poderosamente la atención es que el pueblo tiene forma de una pachamanca suspendida sobre el cerro.
Laraos está flanqueado par los apus (cerros tutelares) de Cruachuchu y Lanra Pujro. Por la parte norte sus bases son refrescadas por la temporal laguna de Cochapampa y hacia el sur se extienden las inmensas andenerías prehispánicas. A esta hora, grupos de comuneros visitan las casas de los mayordomos para hacer el Huallcachicuy (regalos) con frutas, galletas, panes y flores que se colocan en los sombreros.
Los larahuinos contentos se sirven potajes típicos como el mote, el caldillo, el patache y la carapurca, chacchan (o picchan) coca y beben aguardiente por ser día de la acequia, mientras un músico oriundo hace entonar el dulce huauco incaico. A las 8 de la mañana, los funcionarios, acompañados de los pongos, familiares y comuneros, marchan a Toma Grande y Larao Pupuio, manantial que brinda el agua que riega los cultivos de pan llevar.
Nosotros seguimos a la comitiva y cada vez nos admiramos por el paisaje que rodea Laraos. Caminamos por un sendero que asciende hasta los 4 mil msnm. Tras breves descansos, llegamos a Larao Puquio y Toma Grande, donde los pongos realizan el acto ceremonial del ancusho o pago a los Apus, amos y señores de los Andes, para lograr buenas cosechas y para que no falte agua en la zona. A las 10 de la mañana, en Toma Grande, los campesinos se ubican ordenadamente a pocos metros de la acequia principal. En el centro están el Juez de agua y los dos Principales, acompañados de los pongos. Metros más abajo se ve el riachuelo Cusama que dirige su cauce hacia Cochapampa. Personas designadas reparten coca, cigarrillos Inca, licor y flores a los faenadores que limpiarán la acequia hasta el pueblo.