Escribe: Claudia Sánchez M.
Fotos: La República
Por la ruta Trujillo-Otuzco-Santiago de Chuco
Aprovechando nuestra reciente estadía en
Trujillo, ANDARES realizó un viaje de ida y vuelta -casi una visita de médico- por la ruta de penetración andina del departamento de La Libertad hasta donde las lluvias y el mal estado de la carretera lo permitiera. Fue así como luego de recorrer 162 kilómetros llegamos a Santiago de Chuco, capital de la provincia del mismo nombre y tierra natal de César Vallejo, luego de pasar por los hermosos paisajes que rodean la ciudad de Otuzco.
Desde la Capital de la Primavera partimos por la Panamericana Sur en dirección norte, hasta la intersección que separa la ruta hacia Chicama (al norte) y hacia la ex hacienda Laredo (al este). Los primeros 40 kilómetros están asfaltados hasta llegar a la intersección que va hacia Simbal (izquierda) y termina en Sinsicap. Por la derecha se va a Otuzco y es precisamente en esta intersección donde se acaba la pista asfaltada y se inicia la carretera afirmada rumbo a Otuzco.
La ruta se puede realizar en un auto de tracción simple, pero lo recomendable -sobre todo en épocas de lluvias: de diciembre a mayo- es una camioneta 4x4. Conforme ascendemos el paisaje varía de acuerdo a los sucesivos pisos ecológicos. Para evitar un tramo excesivamente largo, pasamos por Simbal (poco más de mil metros sobre el nivel del mar), donde no encontramos servicios de agua ni luz, tampoco lugares de hospedaje ni restaurantes. Algo similar sucedió en Pedregal, por donde pasamos rumbo a Otuzco, ciudad ubicada a 95 kilómetros de Trujillo y a 2,640 msnm. Aquí visitamos la famosa iglesia Virgen de la Puerta (cuya festividad se celebra a mediados del mes de diciembre) y hallamos restaurantes, hoteles y grifos de combustible.
Los paisajes que rodean Otuzco son sobrecogedores, con sus bosques de eucaliptos, montañas cubiertas de verdor y cultivos de panllevar. La ciudad es considerada la pureta de entrada y salida a las serranías del departamento de La Libertad. Allí se en adquirir las célebres velas y todo tipo de fuegos artificiales, o saborear sus deliciosos panes y dulces, o adquirir las sillas de madera de eucalipto y sus conocidas guitarras criollas. Desde Otuzco se puede visitar el cercano poblado de Shirán por una vía en buen estado de conservación, y así participar en sus célebres ferias dominicales.
Desde allí continuamos hasta el poblado de Agalipampa, luego de bordear el río Cardenillo o Motu, afluente del río Moche.
Motil fue otro pintoresco pueblo que visitamos conforme nos acercábamos a nuestro destino final y que no figura en nuestro mapa. En Motil (2,840 msnm.) degustamos unos riquísimos jamones ahumados, descansamos del largo viaje y llenamos el tanque de gasolina. Con los ánimos al tope retornamos a la carretera y a la altura del kilómetro 133 encontramos un desvío hacia Shorey. Gracias a los transeúntes que pasaban por el lugar pudimos orientarnos: el camino de la izquierda conduce a Huamachuco y el de la derecha a Santiago de Chuco. Desde aquí se puede apreciar cómo se va formando la naciente del río Virú. Allí nos quedamos, pues la trocha carrozable fue afectada por los recientes huaycos y lluvias.
La tierra de Vallejo
Después de 7 horas de trayecto llegamos por fin a Santiago de Chuco. La ciudad ofrece a los visitantes la oportunidad de conocer la casa de César Vallejo, ubicada en la calle del mismo nombre. En ella se puede observar, casi en su estado original, los cuartos, pasadizos, cocina y el jardín interior donde pasó su niñez y parte de su juventud. Además se ha instalado una exposición fotográfica en las paredes de la casa con los pasajes más importantes de la vida del más universal de los poetas peruanos. En la actualidad es utilizada también para exposiciones culturales y próximamente se constituirá el Museo y un Centro Cultural. Hoy en día luce remodelada y pintada para orgullo de su población.
Otro de los lugares que merece ser visitado es el sistema de cavernas de Patarata, situada a 3,055 msnm., de diversos tamaños y profundidades. De ellas destaca la de Chiminiga, con pinturas rupestres casi imperceptibles por el abandono y la humedad del clima.
Según sus pobladores, el nombre de Patarata se debe al río que pasa por el lado sur de la ciudad. Su campiña con bosques y coloridos campos cultivos invitan a pasar agradables momentos en contacto con la naturaleza. Los jóvenes de la zona lo aprovechan para armar sus campamentos y realizar largas jornadas de caminatas y ciclismo de montaña.
Muy cerca están los miradores de Caychugo, desde donde se puede contemplar las siluetas de las imponentes montañas de la Cordillera Negra, que se extienden hacia el sur hasta el Callejón de Huaylas.
En las afueras de Santiago de Chuco hay un pueblo llamado Cielo Roto porque, según nos explicaron, llueve todo el año. Se trata de un micro sistema ecológico cuya flora y fauna contrasta con los valles y quebradas vecinos. Muy cerca de aquí están los baños termales de Cachicadán y el hotel "Aguas Calientes", que cuenta con habitaciones en buen estado y "jacuzzi" natural (pozas de agua caliente en cada habitación).
Los pobladores de Santiago de Chuco se dedican básicamente al pastoreo, a la siembra de yuca y papa, pero también son célebres sus sillas y guitarras hechas con madera de eucalipto.
Los paisajes de Santiago de Chuco son los más accidentados y hermosos de la zona con sus profundas quebradas y montañas de singular belleza.
Allí nos enteramos de que los aguerrido; Chucos fueron catequizados por los agustinos a mediados del siglo XVI. Los sacerdotes aprovecharon su presencia para explotar, de paso, las ricas minas de la zona. En 1610, el capitán Diego de la Serna fundó la ciudad y la dedicó al apóstol Santiago. Desde entonces su festividad se celebra a mediados de julio entre danzas de quillayas y mojigangas en las faldas del cerro Andaymarca.
Tuvimos que retornar casi de inmediato porque el tiempo apremiaba; sin embargo nos hemos propuesto volver para realizar un amplio reportaje de cada uno de los poblado; visitados en el trayecto.