La primera cascada se asemeja efectivamente al velo de una novia, al cubrir el agua como una fina mantilla blanca las rodadas piedras tras siglos de desgaste. La leyenda que le atribuyen los lugareños es que un curaca de la tribu de los cashibos hizo caer una maldición sobre su hija cuando se enamoró de un cacataibo rival. Desde entonces, todo aquel que se bañe en sus aguas perderá la soltería.
Poder contemplar estos parajes es sin duda un auténtico placer. Admirar cómo baja la bruma entre la espesa vegetación o sentir caer la fina lluvia sobre tu piel.
Lástima que se tarde cuatro horas de día y otras cuatro de vuelta por las malas condiciones de la carretera. Es por eso que nos aunamos a los reclamos de las autoridades locales para poner en buen estado la carretera y así atraer cientos de turistas a la zona.
Arte y naturaleza
Pero las posibilidades de conocer y descubrir Ucayali no se terminan aquí. La propia ciudad de Pucallpa ofrece atractivos con peso propio como la Plaza de Armas, la Plaza del Reloj Público o el Parque Zoológico, que en su recorrido regional incluye un museo.
El parque zoológico, inaugurado oficialmente hace 5 años, cuenta con 270 especies propias de esta geografía. Desde el famoso y temido otorongo hasta un lobo de río, anguilas eléctricas, boas verdes, tucanes y monos maquisapa.
En sus 169 hectáreas de extensión -que crecen una panorámica única desde la atalaya del complejo, ya que el parque está enclavado en terreno virgen- se incluyen un pequeño embarcadero y un museo.
Este último está compuesto por varias malocas en las que se exponen en diferentes ambientes vestimentas y utensilios de los nativos, restos fósiles de animales y más de 5 mil valiosas piezas de artesanía de diferentes tribus.
Porque, entre las fortunas con las que cuenta Ucayali, está también su enorme riqueza artística. Los indios shipibos-conibos, una de las etnias propias de esta región, son sor reconocidos por su alfarería y telas pintadas con líneas simétricas y tintes naturales.
Pero a nivel internacional es admirada también la pintura de corte neoamazónico cuyo máximo exponente es Pablo Amaringo, quien se ha inspirado en las visiones registradas por su memoria durante sus diez años como shamán. 0 los tallados en las torcidas raíces de árboles de la zona que representan a personajes sacados de leyendas, como sirenas, duendes o el "chullachaqui", el diablillo del bosque.
Pero, sin duda, una de las perlas de la corona es la Laguna de Yarinacocha, a sólo quince minutos de Pucallpa, Yarinacocha -que se forma de la unión de las palabras me dio quechua medio shipiba "yarina", un tipo de palmera, y "cocha", laguna-tiene forma de U. En los márgenes de sus 17 kilómetros cuadrados alberga 33 caseríos y seis comunidades nativas, como la de San Francisco, dedicada a la elaboración y comercialización de textiles y cerámicas. La comunidad de Santa Clara, cuya actividad principal es la pesca, o la comunidad Nuevo Destino.
Yarinacocha, tanto el lago como la ciudad, es además punto de afluencia para los lugareños en la fiesta de San Juan, que se celebra del 18 al 27 de junio. Centenares de personas se concentran en sus playas gracias al descenso de las aguas y aprovechando el ardiente clima de Pucallpa. Deslizarse sobre sus aguas en las tradicionales embarcaciones de madera -denominadas peque-peque por el sonido de su motor- es adentrarse en otro reino, donde el agua, la tierra y el hombre luchan por marcar su territorio.
Pájaros encaramados sobre las ramas secas que surde las profundidades del agua, crecidas de la laguna que dejan marcada su presencia en la corteza ennegrecida de los árboles, nativos que surcan en sus delgadas canoas la aparente quietud inquebrantable de las aguas en medio de la bruma o la lluvia, conforman su alma. El alma del misterio, de la exuberancia, de lo impasible. El alma de la selva.