Escribe: Roberto Ochoa B.
Fotos: José Alva S./ James Posso.
Los encantos de Canta
Ahora que el verano es tan sólo un buen recuerdo para los costeños y que la temporada de lluvias en nuestras serranías llegaron a su fin, nada mejor que aprovechar todos los fines de semana y días feriados de los próximos nueve meses para apuntar en dirección contraria al mar, hacia la sierra, y gozar de su eterna primavera, sus hermosos paisajes y de una inolvidable jornada de turismo que combina historia, ecología, cultura y aventura. ANDARES presenta esta vez una hoja de ruta para visitar la cuenca del río Chillón y conocer los encantos de la provincia de Canta y su impresionante circuito turístico: los petroglifos de Checta, Santa Rosa de Quives, Canta, Obrajillo, Cantamarca y la imponente Cordillera de la Viuda; luego de pasar por varios pisos ecológicos que van desde las planicies yungas hasta los gélidos páramos de la puna, rodeados por los imponentes nevados y las hermosas lagunas altoandinas. Acompáñenos.
De canto a Canta
Km 0.
Canta está a sólo 100 kilómetros la ciudad de Lima, pero la carretera propiamente dicha se inicia en el kilómetro 22 de avenida Túpac Amaru, en el distrito de Carabayllo. En la práctica bastarían dos horas para llegar en auto propio (3 horas en autobús), pero, si consideramos el tráfico de Lima ruta puede tardar media hora más.
Nosotros partimos del Centro Histórico de Lima, tomamos la Panamericana Norte hasta el cruce de la avenida Universitaria, justo donde un cartel indica la dirección hacia Canta. Las otras rutas hasta Carabayllo dependen, claro está, del punto de partida. Se puede tomar la avenida Javier Prado siguiendo por La Marina hasta la Av. Universitaria y no detenerse hasta la Túpac Amaru. Otra ruta es por la Vía de Evitamiento y elegir qué ruta seguir en el Trébol de Caqueta.
Una ruta más fácil -pero más transitada es siguiendo la avenida Túpac Amaru, pasando por Caquetá, la Universidad Nacional de Ingeniería y atravesando los distritos Independencia, San Martín de Porres, Comas y Carabayllo.
Km 22.
Una curva cerrada en ascenso indica el final de la avenida Túpac Amaru, luego de pasar por una "paradita", donde hay que reducir la velocidad por la imprudencia de los transeúntes y mototaxis. Pero lo mejor es guiarse por el bello panorama de plantaciones de pan llevar que se extienden hacia el horizonte del valle bañado por el Chillón. Hasta aquí llegan las caóticas urbanizaciones de Carabayllo. En este tramo también se encuentran varios grifos. Lo mejor es llenar el tanque de gasolina y tener buenas llantas de repuesto.
La pista se encuentra en buen esta salvo algunos baches fáciles de esquivar. Llama la atención que pese a su cercanía a la ciudad se encuentre sin señales de tránsito.
Km 25.
Cruzamos el poblado de Punchauca, Bajar la velocidad para evitar manadas de chivos que se cruzan en el camino. En ambos lados de la pista se pueden contemplar las hermosas zonas de cultivo.
Km 34.
Cruzamos el poblado de Chocas. Cuenta con servicios básicos y un pequeño centro recreacional. A la altura del kilómetro 38 hay otro restaurante campestre (especialidad pachamancas).
Km 39.
Garita de control de Yangas.
Km 40.
Centro recreacional junto al cauce de un pequeño río. Mucha gente aprovecha las playitas que se forman bajo el puente .
Km 44.
Poblado de Zapán. Cinco kilómetros más allá el valle se va estrechando y comienza el ascenso. Es notorio el cambio de pisos ecológicos, y se pueden observar los primeros cactus en las faldas de los cerros vecinos.
Km 53.
Cruzamos el pueblo de Leticia. Servicios básicos y restaurantes campestres.
Km 55.
Poblado de Yangas. Restaurantes campestres y lugar para acampar junto al río.
Km 60.
Menos de una hora de viaje y llegamos a la zona arqueológica de Checta. Se puede estacionar en una cochera especialmente acondicionada para los visitantes.
Desde allí se asciende por un paisaje que nos hace recordar las películas del Lejano Oeste: muchos cactus, un sol abrasador, rocas aluvionales esparcidas por las faldas del cerro y numerosas plantas de retama con sus hermosas flores amarillas. Hasta fines de mayo esta zona permanecerá cubierta de vegetación brindando un paisaje de sobrecogedora belleza. Unas flechas pintadas en las rocas nos indican el camino de ascenso hasta sus afamados petroglifos, 450 dibujos tallados en bajorrelieve en las rocas del lugar con su extraña iconografía de máscaras, figuras humanas, animales de la zona, estrellas y del Sol. Bastan cinco minutos de ascenso por el cerro hasta llegar a la zona de los petroglifos que, según los estudios, tendrían más de mil años de antigüedad. Desde las alturas de Checta se puede contemplar la hermosa Cuenca del río Chillón. Junto a la carretera hay varios restaurantes campestres. Hasta aquí se puede pasar un buen día campestre y una buena jornada de turismo ecológico e histórico.
Km 62.
Zona de desprendimiento de rocas. Curva cerrada que reemplaza un puente arrasado por un reciente huaico.