Km 91.
Peaje MTC en Bujama. Muy cerca hay restaurantes para escoger. Un kilómetro más allá nos cruzamos con un grifo fantasma (El Ciclista) que ofrece todo tipo de combustible pero sin mostrar los precios.
Km. 131.
Han pasado dos horas desde que salimos del Centro Histórico de Lima. Luego de pasar el ingreso al balneario Cerro Azul varios carteles nos indican el fin de la autopista de 4 carriles para convertirse en sólo dos de ida y vuelta, A partir de aquí el tránsito se intensifica y es necesario estar atento con las "combis", "coaster" y "motataxis" que hacen de las suyas en la Panamericana.
Km. 141.
Un cartel nos da la bienvenida a San Vicente de Cañete. Un kilómetro antes está el ingreso a la autopista que va hasta Lunahuaná y Pacarán.
Km. 189.
Peaje MTC en playa "Jaway", puerta de ingresó a Chincha, Grifos, restaurantes, lubricentros y vulcanizadoras en ambos lados de la autopista. Hay que estar atento al caótico tráfico vehicular de !a Panamericana Sur. Ojo con los Ticos y con los "taxicholos". A la salida de Chincha un cartel nos indica que estamos a sólo 25 kilómetros del ingreso a la Vía de Los Libertadores. Nosotros sólo tenemos ojo para los puestitos de "caldo de gallina".
Km. 226.
Para nosotros se acabó la Panamericana Sur. Volteamos a la izquierda, pasando el grifo, ingresamos a San Clemente y tomamos la Vía de Los Libertadores. Un cartel indica que Independencia está a 13 kilómetros y Huaytará a 112 kilómetros. En plena curva están las paraderos de Ormeño, Transportes Antezana y otros. Desde ahí salen los ómnibus hacia Huaytará, Rumichaca y Ayacucho.
Km.0.
La espléndida autopista de dos carriles apunta hacia los contrafuertes andinos que se pierden con dirección opuesta al mar, más allá de la planicie costeña. En ambos lados de la pista surgen las enormes plantaciones de algodón listas para ser "pañadas" (cosechadas). Miles de motitas blancas esperan ser arrancadas de sus tallos. En medio de las plantaciones, llama la atención unos puestos de vigía con uno o dos guardianes desarmados: "hay muchos ladrones -nos dicen-. En una noche se pueden llevar varios quintales de algodón": Nos cruzamos con camiones y camionetas cargados de peones que vienen de apañar las plantaciones del interior. Mientras avanzamos en línea recta recordamos que así como el Antiguo Egipto hizo fama por sus pirámides, el Perú son sus caminos: Esa enorme red de vías que unieron las diferentes regiones del
Tawantinsuyo...
Km. 13.
A la altura del kilómetro 9 cruzamos el primer puente (Santa Rosa) ubicado al lado de un pequeño poblado rodeado de algodonales. En el Km. 13 está el desvío para el pueblo de Independencia, con sus casitas de adobe a la sombra de poncianas. En la ruta nos cruzamos con otros dos grifos (sólo de gasolina 84 y D2), con servicios de "Ilanteros" y pequeños talleres de mecánica automotriz.
Km.22.
Cruzamos el poblado Dos Palomas luego de pasar por los grifos San Pablo y Santa Beatriz (kilómetro 18). En el Km. 20 está el grifo Canaan con un pequeño servicentro y restaurante; seguido por un grifo de Petrolera de¡ Norte (D2 y 84) y el servicentro URSA.
Km. 28.
Luego de pasar él puente Cabeza de Toro y por el grifo El Salvador ingresamos a la avenida principal de HUMAY sede del culto y peregrinación a la milagrosa beatita de Humay. Bazares, tiendas, pistas con "ojos de gato" y barandas.
Km. 35.
El valle es cada vez más estrecho conforme ascendemos por la autopista. Un cartel indica el complejo arqueológico de Tambo Colorado, con pista de acceso y estacionamiento junto al nuevo local del Museo de Sitio. En su interior se pueden ver algunos objetos hallados durante las investigaciones arqueológicas, pero la sorpresa viene al recorrer los amplios patios ceremoniales rodeados de muros con portales en trapecio del más clásico diseño inca, pero construidos con muros de adobe sobre piedras sin tallar. Casi en la falda del cerro se puede recorrer los ambientes de un "palacio" incaico, con portales y ventanas trapezoidales que conservan las pinturas originales de sus muros (ocres y amarillos). En su interior los visitantes se pierden entre habitaciones de dos pisos, salones y "baños" labrados en rocas con acueductos y asientos en escalón. La vereda para los visitantes está cubierta con grava para evitar su desgaste y, pese a su señalización, igual nos perdimos en el laberinto de salas y veredas amuralladas. Sólo la visita a Tambo Colorado justifica una buena jornada de turismo histórico en el valle del río Pisco.