Texto: Roberto Ochoa B.
Fotos: José Alva S.
Punta Hermosa
Saturados de Lima, agobiados por la inclemencia el sol, pusimos lo necesario en la mochila: ropa de baño, toalla, lentes de sol, sandalias y algo de dinero para el cebichito de rigor. Queríamos lograr la paz con sol y arena lo más cerca de
Lima. Habíamos comprobado que las playas de la Costa Verde estaban abarrotadas de veraneantes y ni que las noches de fin de semana en Barranco o Miraflores nos tenían saturados.
Por todo esto dirigimos nuestras expectativas de descanso y diversión con dirección sur„ ¿Por qué no Punta Hermosa?, nos sugirieron, y sin pensarlo dos veces nos lanzamos por la Panamericana Sur hasta el kilómetro 103.
Allí pudimos ver el ingreso de sus tres playas principales: El Silencio, Señoritas y Caballeros. Pero aparte existen otras como Playa Blanca y Playa Sur. Playa Norte y Playa Kontiki, cada una de ellas con un encanto especial, Y no hay que sufrir a la hora de elegir un buen sitio donde almorzar, pues orillados a la antigua Panamericana se encuentran un gran número de establecimientos que ofrecen los mejores y sabrosos platos elaborados con los frutos del mar; y eso sin mencionar aquellos sitios donde se preparan los mejores chicharrones.
Ingresamos por la Playa Caballeros hasta llegar hasta la pequeña y bucólica Plaza de Armas de Punta Hermosa. Un par de palmeras apenas si se mueven con la brisa del mar.
Sin duda, de todos los distritos del sur de
Lima, Punta Hermosa cuenta con la mejor infraestructura para recibir a los veraneantes.
Punta Hermosa es un distrito tranquilo, y extenso sus límites llegan hasta la zona de Huarochirí, que cuenta con restaurantes, playas, hostales, discotecas, mercados, puesto policial, postas médicas y estadios deportivos, Y obviamente: mar y playa de casi 4 kilómetros de extensión que fácilmente pueden albergar más de 50 mil bañistas.
Pero a pesar de su decidido interés por convertirse en un moderno balneario no ha perdido sus tradiciones, corno aquella de celebrar las festividades de 1 de Mayo, la conocida Fiesta de la Cruz. Allí se encuentran distintas generaciones para celebrar a lo grande con quema de castillos, misas, fiestas costumbristas y paseo de chalanes.
Es por ello que, aprovechando la atracción por encontrar un lugar que brinde todas las comodidades fuera de Lima, sus autoridades han manifestado el interés de construir un gran hotel y casino sobre la "Isla".
No perdimos tiempo, queríamos conocer la famosa Isla, así que mismos piratas en busca del tesoro nos dirigimos unas cuantas cuadras con dirección al mar, doblamos una esquina y sin más ni más, pudimos ver sobre la cristalina superficie del mar la rocosa conformación de La Isla: un pequeño itsmo que asemeja el cuerpo de una ballena blanca varada en la orillas de arena gruesa y blanca. Y a ambos lados están Playa Norte y Playa Negra, custodiando a este espigón natural.
Mientras avanzamos por las calles de Punta Hermosa para dirigirnos hasta la playa El Silencio, un poco más al norte, vemos a personas todas clases sociales, con el infaltable bronceado playero, sentadas al umbral de sus puertas conversando, o simplemente mirando el ir y venir de las olas.
El auto se detiene sobre la parte alta de El Silencio, un policía municipal custodia una de sus entradas para evitar el ingreso de ambulantes sin autorización municipal. Cuando nos asomamos vemos un impresionante paisaje: una gigantesca playa en forma de media luna y en la orilla infinidad de coloridas sombrillas que dan sombra a los miles de bañistas que, recostados en la arena, esperan el momento propicio para darse un merecido chapuzón.
Desde allí también vimos las instalaciones de la cochera para tres mil autos y descendemos por la pista hasta la orilla del mar. Allí vemos servicios higiénicos, canchitas de frontón, una posta médica, vigilancia permanente y de forma paralela a la playa, kioscos -cada uno con sus servicios higiénicos- que brindan lo mejor del mar, claro.
Además de sus olas como aquellas de Pico Alto, la célebre punta que le ha otorgado fama internacional al balneario por contar con la ola más larga del mundo, irresistible atracción para los surfistas que llegan de todas parte del mundo para deslizarse sobre ella.
Eran las cuatro de la tarde cuando algunos curtidos pescadores se acercaron hasta nuestra mesa a ofrecer el fruto de la pesca del día: Hola, qué tal unas pintadillas para freírlas en la noche? Escogemos algunos. Y claro, las infaltables recetas de cómo prepararlos se entrecruzan en la mesa, pero la que puso en gran actividad nuestras glándulas salivales fue aquella donde se retiran las escamas con un tenedor, se sacan las vísceras y agallas; luego se realizan tres cortes en los costados para que pueda absorber el aderezo preparado en base de sillao, limón, ajo y sal. Enseguida en el interior del pescado se le coloca un poco de azúcar rubia y ya está listo para sartén rebosante de aceite caliente. Nos salió como para lanzar tres hurras por Punta Hermosa.
El sol poco a poco se sumerge en el mar. El cielo toma un color rojo, hasta que finalmente la noche llega hasta la orilla. Nos quedamos allí un rato y luego nos dirigimos hasta las discotecas que estar al costado de la Panamericana Sur. La música nos alcanza como un latigazo La noche aún i tiene mucho que ofrecer; allí vamos.