Reconciliación con la naturaleza
“La modernidad trajo como consecuencia la separación del hombre y la naturaleza, del espíritu y la materia, del alma y el cuerpo", explicó Jacques Mabbit representante de Takiwasi, entidad organizadora del evento que se realizó entre el 9 y el 14 de noviembre último.
Dijo que es necesario recordar que el hombre y la naturaleza son una totalidad, que ella posee una inteligencia, un espíritu "y que ha llegado el momento de la reconciliación entre ellos".
Explicó que este espíritu se comunica con el hombre indígena, accediendo a un conocimiento vetado para los hombres de mentalidad únicamente racional, mediante el uso de las plantas sagradas.
La reconciliación, por ende, involucra tender lazos entre la rigurosa ciencia del mundo occidental y el arte de la sabiduría indígena, y también la aceptación del individuo como un ser que trasciende la dimensión material. Lo dicho por el médico francés fue parte del discurso introductorio al foro. Diariamente shamanes, curanderos, antropólogos, biólogos, médicos, siquiatras, sicólogos, sacerdotes, abogados, filósofos y periodistas peruanos y extranjeros se enfrascaron en enriquecedores debates. Cada rincón del Hotel Schilcayo, a cinco minutos del centro de Tarapoto, en cuyas instalaciones se realizó el Foro, se convirtió en lugar de conversación, en punto de encuentro.
Por las noches, el ir y venir de mototaxis por todo
Tarapoto revelaba algo más: la celebracion de algún rito ancestral en algún punto de la ciudad.
Ceremonias mayas, quichés, mazatecas, andinas, amazónicas y lakotas a los que asistían los participantes al Foro, concitaron la atención general.
Uno de los lideres invitados fue Wallace Black Elk, Grandpa, El Abuelo, hombre de medicina lakota y representante indígena norteamericano ante diversos foros internacionales...
Para nacer he nacido
La noche estaba alumbrada por el fuego. Los hombres y mujeres, en círculo, escuchaban los cánticos preparatorios del Abuelo. Al centro, un árbol. La ceremonia de los hombres de piedra, chanunpa, estaba por comenzar. Bajo el fuego las piedras aún sin consagrar se precalentaban. A un lado, la casa de la purificación aguardaba.
Estoy con otros, esperando tener la experiencia misteriosa. El maestro dice que es sagrada, que me conectará con los espíritus. He perdido la conexión.
Es de noche. El árbol sagrado se vislumbra tras el fuego que abrasa las piedras. Y trás el árbol de chanunpa, el hogar de la salud y de la ayuda, la casa de las ramas tiernas.
El maestro icara al son del tambor. lcara invocando a los espíritus.
Todas las almas están en fila. Sus cuerpos han quedado con el mínimo de ropa, se han quedado simbólicamente desnudos, como cubiertos con hojas de parra, como cuándo salieron del Paraíso.
Los hombres a la izquierda, las mujeres a la derecha. La separación de los sexos. Los animales de dos pies cargan sus penas sobre los hombros y sobre ellos se posa una cabeza repleta de ideas pesadas que impregnan de tristeza su mirada.
El maestro habla de las ropas de colores que vestirán los espíritus. Explica que no son banderas. Son bolsas de paño, rojo, amarillo, negro, verde que pondrá al centro de la casa, para que los espíritus encarnen en una materia suavecita y fácil de mudar. Habla de los nudos de oración, pequeñas bolsas con tabaco medicinal, porque los espíritus tienen que saber cuántas oraciones atender. Y le ha traído comida a los espíritus. Cuando ellos se materializan tienen hambre. Hambre de maíz, carne, agua, frutos que ha puesto alrededor de la chanunpa, del árbol sagrado.
El maestro pide que todos guarden silencio.
El tambor retumba ahora más fuerte y su canto se hace también más potente. El maestro se convierte en sacerdote para invocar al espíritu de la chanunpa.