Escribe: Francisco Matos
Fotos: Mónica Newton
Entre el 19 y 14 de noviembre de 1998 se llevó a cabo en Tarapoto el III Foro Interamericano de Espiritualidad Indígena, que congregó a curanderos, shamanes, nvestigadors y académicos de todo el mundo.
La cabina del avión estaba fresca. Desde la ventanilla contemplamos las nieblas que cubren la ciudad de Lima. Abrimos el libro y leímos....."Para todos los pueblos de la Tierra el Creador ha plantado un Arbol Sagrado, para que se junten bajo su sombra. Es aquí donde la gente encuentra la sanación, el poder, sabiduría y la seguridad. Las raíces de este árbol se extienden y penetran profundamente en el cuerpo de la Madre Tierra. Sus ramas se alzan como manos que oran al Padre Cielo. Los frutos de este Arbol son las cosas buenas que el Creador ha otorgado a su pueblo: el amor, la preocupación por los demás, la generosidad, la paciencia, la sabiduría, la equidad, el coraje, la justicia, el respeto, la humildad y muchos otros dones preciosos.
Los mayores nos enseñaron que la vida del Arbol es la vida del pueblo. Si el pueblo, se aparta mucho de la seguridad del Arbol, sí olvida comer sus frutos, o si se vuelve contra el Arbol y lo trata de destruir, una gran tristeza caerá sobre él. Muchos se afligirán. La gente perderá su poder. Dejará de soñar y tener visiones. Empezará a discutir por trivialidades. Ya no sabrán decir la verdad ni ser honestos los unos con los otros. Olvidarán cómo vivir en su propia Tierra. Sus vidas se llenarán de ira y tristeza. Poco a poco se envenenarán a sí mismos y a todo lo que tocan.
Los que nos precedieron dijeron que estas cosas sucederían, pero tambien dijeron que el Arbol no moriría jamás. Y mientras vive el Arbol, vivirá el pueblo. Dijeron que llegará un día en que el pueblo despertará de nuevo, como de un largo sueño; empezará de nuevo a buscar el Arbol Sagrado. Al principio su búsqueda será temerosa, pero poco a poco entenderán cuán importante es.
El lugar del Arbol y sus frutos se ha cuidado y preservado con esmero en las mentes y los corazones sabios de los ancianos y los mayores. Estos individuos humildes y amorosos guiarán a cualquiera que busque honesta y sinceramente el camino que conduce a la sombra protectora y los frutos del Arbol Sagrado..."
El aterrizaje nos obligó a dejar momentáneamente la lectura.
Habíamos llegado a nuestro destino: Tarapoto. Y cuando la puerta se abrió el calor de la selva se adueñó de nuestros cuerpos. Al pie del avión, los asistentes al II Foro sobre Espiritualidad Indígena se libraban de las casacas y chompas con que partieron de
Lima.
Académicos y líderes espirituales de México, Guatemala, Brasil, Bolivia, Ecuador Alemania, Suiza, Francia, Estados Unidos, Canadá y Perú se reunieron para participar de la cita.
El grupo era disímil pero el entusiasmo, general. Científicos con mentalidad occidental y sabios indígenas habían llegado a
Tarapoto, la ciudad de las palmeras, con un próposito común: el diálogo alturado entre dos formas de ver el mundo, el respeto por las diferencias, el compartir conocimientos y experiencias sobre la espiritualidad indígena.
Una semana después comprendimos que el arduo camino que unos y otros habían emprendido desde sus pueblos de origen conducían al Arbol Sagrado.