Las ruinas, hoy en día abandonadas y en peligro de desaparecer por la acción abusiva del hombre moderno, están divididas en varios sectores, entre los cuales destacan especialmente aquellos ubicados en las cinco cumbres. Su cronología está comprendida entre los años 1,100 d.C. y 1,450 d.C. aproximadamente, período en el cual parecen haberse desarrollado los hechos narrados en el libro de Avila.
Es posible advertir también, bajo la tupida vegetación que bordea estas alturas, la existencia de una serie de terrazas de piedra a manera de andenes, que quizás se dedicaron a cultivos especiales, particularmente favorecidos por el micro clima existente en la zona, pues a diferencia de otros cerros y zonas vecinas completamente áridas, en Cinco Cerros la poca humedad existente logra densarse en su superficie logrando que ésta sea casi permanente, formando así espacios
con gran vegetación silvestre, a semejanza de las lomas costeñas.
Es destacable la existencia de un conjunto de grutas, aún inexploradas, que conservan vestigios arqueológicos en algunos casos, como también la presentación de un puquio donde regularmente brota agua todo el año y del cual se abastecen los pobladores de la zona y mantiene a innumerable ganado que pasta en el lugar.
Este puquio debió antiguamente haber tenido connotaciones especiales pues aparece ahí tallada en la roca una figura zoomorfa, a semejanza de un felino, por el que discurre el agua; los pobladores hoy lo nombran graciosamente como "Platito".
Como hemos indicado, en cada cumbre destacan un conjunto de ruinas en piedra, la mayoría de ellas en agrupamientos de "chulpas" rectangulares, de tamaño variable, donde es posible aún apreciar la existencia de gran cantidad de restos óseos humanos, desgraciadamente la mayoría de ellos saqueados desde hace ya mucho tiempo.
Algunas de estas chulpas llegan a medir 7mts. de largo x 2mt. de ancho; orientadas generalmente hacia el sureste. Adicionalmente a estas chulpas existen diversos tipos de estructura en piedra, la mayoría de ellas aún no definidas por hallarse muchas de ellas semi sepultadas; sin embargo es posible apreciar que algunas de éstas forman pequeños pasadizos, escalinatas, etc. Entre las dos cumbres más altas se ubica una gran plaza amurallada en piedra de 22 metros de largo por 14 metros de ancho; algunas de las paredes de piedra que delimitan esta plaza, alcanzan los 3 metros de altura.
A principios del siglo Julio C. Tello pudo recolectar algunas muestras de cráneo humanos que le sirvieron para su trabajo “craneotomía en el Antiguo Perú” (1906), notando en ellos la gran incidencia de cráneos trepanados, lo que, según él, se debía al espíritu belicoso de los Yauyos que sufrían graves contusiones por armas contundentes, como porras, en las continuas guerras que mantenían con otras etnias.
A similares conclusiones también llegó el investigador Ropy Moodie en su estudio “La Cirugía en el Perú Precolombino”(1925), pues al analizar cráneos provenientes de Cinco Cerros, concluye que presentan trepanaciones por lesiones de golpe y, como dato interesante ,hace referencia a que éstas participaban también en las acciones bélicas junto con los hombres.