Escribe: Francisco Vallejo
Fotos: Rudy Peña
A pocos kilómetros de la ciudad de
Lima, se ubica uno de los sitios arqueológicos de mayor significado para la comprensión del proceso histórico desarrollado en la sierra limeña. Efectivamente, aunque las vertientes occidentales altoandinas han sido ocupadas intensamente por el hombre desde épocas remotas, creando importantes focos culturales, aún al presente son pocos estudiadas por la ciencia arqueológica, haciendo por lo tanto que el sitio de Cinco Cerros o Llantahua, como también es conocido por los lugareños, represente un punto clave para aproximarse a la cultura y creencia de sus antiguos habitantes.
Geográficamente, el sitio de Cinco Cerros se ubica en la provincia de Huarochirí y pertenece al distrito de San Andrés dé Tupicocha, situándose el gran conjunto de ruinas a una altitud promedio de 3,600 msnm, situadas, como su nombre lo indica; sobre cinco cerros continuos y muy próximos entre ellos, los cuales forman en el horizonte una línea de cumbres, coronadas a su vez cada una de ellas con grandes concentraciones de restos arqueológicos. Esta característica geomorfológica, sin duda motivó su elección por el hombre andino, para establecerse en ellas, erigiendo importantes y vistosas construcciones en piedra.
En pocos sitios arqueológicos como en Cinco Cerros, es posible visualizar una amalgama de características geográficas tan particulares como bellas y majestuosas, donde se íntegra el mito con la realidad histórica.
Aunque los estudios arqueológicos e históricos para la amplia región huarochirana son al presente escasos, ha podido llegar hasta nosotros uno de los documentos coloniales más extraordinarios y trascedentales para el análisis detallado de la antigua visión cosmogónica del hombre andino.
Nos referimos a la importante obra del padre Francisco de Avila, "Ritos y Tradiciones de Huarochiri" (1646), realizada luego de sus continuos viajes a la región, entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII, donde logró recopilar escrupulosamente una serie de mitos y prácticas rituales desarrolladas por los indígenas y que aún supervivían y eran práctica entre ellos, a pesar de más de casi cincuenta años de dominación española e imposición del cristianismo.
Esta relevante obra, producto paradójicamente de las fanáticas labores desarrolladas por los “extirpadores de idolatrías”,nos muestra una cultura rica en manifestaciones religiosas autóctonas, sumamente enraizada con su medio geográfico. De su lectura aparece recurrente la presencia del número cinco en muchos pasajes mitológicos, especialmente los ligados a los orígenes y nacimiento de deidades.
Por ello esta relación estrecha entre el sitio arqueológico, el mito y su medio geográfico, se presenta en Cinco Cerros de manera prodigiosa, pues aun hoy en día los pobladores de la zona relacionan al antiguo dios Pariacaca y sus cinco hijos, con aquellas cinco empinadas crestas, cuyas actividades mitológicas discurren en ricas leyendas preservadas de generación en generación.