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LUNAHUANÁ, LA TIERRA DEL SOL

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LUNAHUANÁ, LA TIERRA DEL SOL

Todo va mejor con auto propio o de algún amigo dispuesto a cargar con pasajeros, carpas y mochilas hasta Lunahuaná. Basta tomar la Panamericana Sur y no parar hasta San Vicente de Cañete, luego de transitar 144 kilómetros. Desde ahí se sigue por la ruta 22 hasta el puente Socsi, donde se pueden estirar las piernas mientras se contempla el amplio y hermoso valle de Lunahuaná. Pero si no se cuenta con auto propio para ir a Lunahuaná, basta detenerse en el paradero de la avenida Canadá y Circunvalación y esperar los autobuses que van hasta Cañete, y desde ahí tomar los buses o combis que llegan hasta la placita de Armas de Lunahuaná.
Si quiere existen buenos hoteles, pero si prefiere pasar la noche al aire libre existen muchos lugares para acampar en la ribera del río Cañete muy cerca a los anexos de San Jerónimo, Condoray, Jita y Catapálla. Basta llevar carpa y bolsa de dormir. Al día siguiente nada mejor que subirse a un bote inflable y enfrentar los rápidos del río Cañete, que le han otorgado a Lunahuaná el título de capital de los deportes de aventura. Pedaleando se puede llegar a Incahuasi, impresionantes restos arqueológicos de una ciudadela incaica construida en la zona para recordarle a los naturales todo lo que les costó a los cusqueños conquistar el valle del río Cañete.
Luego se puede continuar hasta el cercano pueblo de Pacarán, la del eterno verano. De regreso a Lunahuaná se puede realizar una buena jornada de caminatas por el famoso puente colgante y otros lugares muy atractivos de la vecina campiña. Los restaurantes de Lunahuaná le ofrecen platos típicos a base de aves de corral para potajes como la Sopa Chola, Conejos en Carapulcra, Cuyes al Vino, Palomas en Tallarines, Cerdos en Chicharrones y una especial importancia es la preparación del camarón en diversas formas.
Las mejores fechas para visitar Lunahuaná son todos los meses del verano austral para aprovechar la crecida del río. Mejor aún si es la primera semana de marzo para gozar la Fiesta de la Vendimia, o también en los feriados de Semana Santa, o en los otros feriados de Fiestas Patrias, o mejor aún cualquier día del año, pues los encantos de Lunahuaná obligan a repetir el plato.

Los peregrinos de Cachuy
En el antiguo dialecto auqui, Cachuy significa "verde" y este es precisamente el color que identifica a las zonas altas de la provincia de Yauyos, donde cada 24 de mayo se realiza la peregrinación al santuario del milagroso Señor de Cachuy, patrón de la provincia.
El recorrido se inicia en San Vicente de Cañete, continuando por Imperial; Lunahuaná, Pacarán, Zúniga, Campana, Chocos, Putinza y Canchán. Desde este último lugar se inicia una larga caminata, que puede durar seis horas. Pero si se alquilan unos caballos se puede llegar en la mitad de este tiempo.
Para llegar a Cachuy tres son los lugares de descanso donde se puede tomar un matecito de coca para aliviar el mal de altura. El primero es "Cansa Caballo", luego está "Piedra Grande" y por último "Canto Corral". Y como es natural, a medida que uno va ascendiendo los productos como alimentos, gaseosas, y ofrendas que ofrecen en el camino, también suben de precio. Cuestión de oferta y demanda.
La tradición del señor de Cachuy se remonta a 1716 cuando el pastor Martín Barrio, quien buscaba parte de su ganado que se había perdido en las alturas de Putinza, encontró una imagen de Jesucristo. El lugar era una pampa pedregosa y llena de espinas. Martín decidió llevársela a su casa y le rindió culto toda la noche. Pero al día siguiente ésta desapareció. La imagen había regresado al lugar donde fue encontrado, insistente, el pastor volvió a recogerla e incluso le construyó una pequeña capilla. Pero al día siguiente desapareció. Martín ya sabía dónde hallarla.
Por esos días se celebraba la fiesta de San Lorenzo por lo que el pastor llevó la imagen y se la entregó al párroco de Putinza, quien reconoció al milagroso Señor de la Ascensión, y no a San Lucas como creía Martín, Al instante se le construyó un altar en la iglesia, pero para sorpresa de todos, una vez más el señor había regresado donde fue encontrado la primera vez.
A partir de entonces se decidió rendirle culto en las alturas de Cachuy, el lugar que había escogido el señor. Es tal la cantidad de devotos que desde las partes más altas de Cachuy se puede observar a las miles de personas que en interminables filas acuden hasta la imagen con el solo interés de tocar y besar sus vestidos y lograr el ansiado milagro. Así cada vez, más fieles se unen en la veneración que luego se torna en una gran fiesta con fuegos artificiales, bailes tradicionales, comidas y una impresionante misa.