Si nos preparamos para un fin de semana rumbo al sur en pleno invierno limeño, casi de inmediato pensamos en Lunahuaná. Pero si el viaje nos parece demasiado largo existe una nueva y buena alternativa: San Vicente de Azpitia.
Basta llegar hasta la playa León Dormido y tomar la vía alterna de la Panamericana Sur que se interna hacia el este y de ahí continuar hasta el corazón del valle de Mala, rodeado de enormes plantaciones de manzanas, uva, algodón y hortalizas, pasando por el pueblo de San Antonio.
Azpitia es un paraíso escondido habitado por campesinos amables y hospitalarios. No sería una sorpresa si en plena caminata por la campiña algún vecino le ofrece los sabrosos licores producidos en la zona.
De retorno a
Lima no es mala idea detenerse a la altura de la desembocadura del río Mala para contemplar uno de los paisajes más bellos de la casi desértica costa limeña.
Conforme nos acercamos a Lima también se puede visitar Chilca y Las Salinas, donde no se vayan a espantar si ven al "monstruo de la laguna": sin duda se trata de algún parroquiano embarrado de pies a cabeza para gozar de las propiedades curativas de la pequeña laguna, rodeada de un apacible pueblo con pequeños hoteles y restaurantes.
Desde ahí -siempre de retorno a la capital- hay para escoger un rosario de balnearios con buenas instalaciones y servicios para los turistas. Pucusana, San Bartolo, San Pedro, Punta Negra y los restaurantes y cebicherías instaladas al borde de la antigua Panamericana Sur son una buena alternativa de fin de semana durante los largos meses del invierno limeño.
El oasis de Lachay
Al norte los planes pueden empezar antes o después de Pasamayo. Ahora, si se quiere añadir una cuota de aventura e historia al paseo de fin de semana, nada mejor que visitar la ciudadela de Rúpac, ubicada a 70 kilómetros de Huaral, casi la misma distancia que separa
Lima de Marcahuasi.
Desde Huaral sólo hay transporte público los martes y viernes, pero si se cuenta con auto propio lo mejor es dedicarle todo un fin de semana, mejor si se suma un día feriado. El viaje en auto termina en la comunidad La Florida y desde ahí se camina dos horas hasta Salvador de Pampas y tres horas más arriba, casi a los 3,400 msnm se llega al torreón de Marco Kullpi, rodeado de abismos.
Para que la aventura continúe ahí está el circuito Lomas de Lachay- playa Paraíso-albúfera Nuevo Mundo. Aquí presentamos el cuaderno de bitácora de uno de nuestros cansados reporteros: "Son casi las nueve de la mañana y el cobrador de autobús que nos llevará a Lachay, nos avisa que el bus con destino a Huacho está por salir.
El paradero del Parque Universitario de Lima está repleto de gente, que al igual que nosotros optó por salir lejos de Lima, rumbo a ese oasis cubierto de verdor que son Las Lomas de Lachay. Han pasado casi dos horas desde que salimos de Lima, y la voz del cobrador anunciándonos "bajan en Lachay", nos rompe del prolongado sueño que habíamos logrado conseguir.
El trayecto que nos espera nos hizo recordar que lo mejor es venir en auto propio a este oasis ubicado a la altura del kilómetro 105 de la Panamericana Norte, en plena Reserva Natural Lomas de Lachay.
Lo bueno de la caminata es que nos permite contemplar el cómo va cambiando el paisaje desértico de la zona. Las pequeñas lomas se van poblando de colores verde y amarillo, y la gruesa capa de neblina nos da la respuesta a este milagro de verdor en medio de uno de los desiertos más largos de la costa peruana.
En esta época del año, las lomas reverdecen por acción de la neblina invernal que llega desde el océano, siendo detenida en las estribaciones de los Andes.
Durante nuestra permanencia sólo pudimos observar algunos venados, zorros y una gran variedad de aves, una pequeña muestra de las 52 especies que habitan el lugar. Las plantas, en cambio, se cuentan por decenas. Los especialistas han calculado 72 variedades de arbustos, flores, cacto y árboles que crecen en la zona.
También nos percatamos de la necesidad de controlar a todo el público que visita este santuario natural, y que ha puesto en peligro el estado natural de las Lomas.
Seguimos avanzando y divisamos cómo los técnicos de riego han utilizado unas maIlas "atrapanieblas", con el objetivo de captar el agua atmosférica y convertirla en agua de riego para mantener la zona. El proceso imita la forma cómo durante miles de años se fue condensando el agua de las nubes en la zona, formando el inolvidable oasis de Lachay..."
De retorno a la Panamericana Norte continuamos rumbo a Huacho no sin antes detenernos en una de las playas más hermosas de la costa peruana: Paraíso.
Su nombre lo dice todo. Poco menos de diez kilómetros antes de llegar a Huacho un cartel y una asfaltada vía auxiliar nos indican el ingreso a Paraíso. El asfalto se acaba cien metros después para dar lugar a una huella carrozable repleta de baches y huecos.
Casi media hora después llegamos a una lagunilla de aguas tibias y repleta de peces que se extiende paralela a la orilla del mar. Se trata de un ecosistema muy similar al de los pantanos de Villa con la diferencia que la playa tiene un hermoso tono turquesa, no tiene olas y los bañistas se pueden internar hasta 200 metros mar adentro con el agua no más arriba de las rodillas.
En Paraíso se puede acampar, pescar y realizar safaris fotográficos de la amplia variedad de flora y fauna del lugar. Lo mejor es ir en grupo y sujetar bien las carpas pues al atardecer la suave brisa marina se convierte en huracán.