Sin embargo, según las investigaciones de la arqueóloga Josefina Larco de Cox, los pozos de la huaca Tres Palos fueron parte de un complejo sistema de calendario astronómico vinculado a la planificación agrícola, y de orientación para los pescadores de la época.
Al frente hallamos la huaca Cruz Blanca dentro de un aconsejable enmallado. A primera vista damos cuenta que es la mejor conservada. Las murallas de adobe y las paredes de las diversas construcciones conservan su prestancia y una que otra aplicación de pintura blanca de la época. Caminos con didácticos letreros, y miradores. Los arqueólogos de sitio del Parque han realizado un buen trabajo.
Las conclusiones a las cuales se han llegado luego de las excavaciones han determinado que estas huacas formaban parte de todo un complejo arquitectónico que comprendía palacio, templo y centro administrativo.
"Si un balcón del centro histórico sirve para identificarnos como limeños, no creen que una huaca serviría para conocer nuestras raíces e identificarnos con nuestros primeros pobladores?", nos dice Angel Rodríguez haciendo referencia de la campaña Adopte un Balcón del Municipio de
Lima.
¿Por qué no Adopte una Huaca?, se pregunta Rodríguez secundado por Mariela Franco y Eva Ruiz, trío de estudiantes de la Escuela de Arqueología de San Marcos que han decidido salvar la agonizante Huaca Palomino, que habría sido parte del cacicazgo Maranga y ubicada en las puertas de la unidad vecinal Palomino en la avenida Venezuela, a pocos metros de la Universidad de San Marcos.
Gruesas paredes de adobones, peldaños y plataformas aún posibles de restaurar. Lo primero, definitivamente es "concientizar" a los vecinos sobre la importancia de las huacas, para luego preservarla para la posteridad.
"Nuestra intención es que las autoridades y las empresas que se encuentran cercanas a la huaca se interesen por su restauración, para posteriormente formar un circuito que permita recorrer todas las huacas que se encuentran en la zona", afirman los preocupados jóvenes que sólo tienen el apoyo de la dirección de la Escuela de Arqueología y de un puñado de vecinos.
¿Y por qué no? Desde las huacas del Parque de las Leyendas o la enorme pirámide de San Marcos o los restos que aún se levantan al interior de la Universidad Católica, se podría implementar un circuito que incluya las enormes huacas de Mateo Salado, ubicadas muy cerca del óvalo de la Plaza de la Bandera.
Se trata de uno de los monumentos arqueológicos más impresionantes de la costa peruana y, a la vez, uno de los más descuidados del Perú, pese a encontrarse en el corazón de la capital peruana. Conformado por cinco huacas que habrían servido como residencia, templo, administrativo y depósitos de los jerarcas en tiempo preinca e inca.
Muy pocos recuerdan la leyenda del porqué de su nombre de Mateo Salado. Sólo se trata de la españolización del nombre de un insólito misterioso e insólito francés llamado Mathieu Salade, que habitó estas ruinas por los años de 1570. De carácter huraño, su sayal oscuro (sin pertenecer a ninguna orden conocida) contrastaba con los murallones de adobe de las ruinas. Allí recolectaba plantas medicinales para intercambiarlas por unos cuantos centavos: Pero lo que atrajo en sumo grado el interés del Santo Oficio fueron las excavaciones que realizaba este súbdito francés en este lugar en búsqueda de tesoros escondidos.
Su conducta solitaria, extraña y fuera de sitió sólo lo llevaron hasta la expiación de sus culpas en el sagrado fuego de la hoguera. De él sólo quedó un puñado de cenizas y el nombre para esta huaca que también está a punto de perecer en el cadalzo del avance de la mal llamada modernidad.
Pero el recorrido por
Lima también ofrece visiones gratas. Llegamos hasta Huallamarca, también conocida como Pan de Azúcar. Reconstruida por el arqueólogo Arturo Jiménez Borja, que sé ubica a la altura de la quinta cuadra de la avenida Camino Real en San Isidro.