Escribe Roberto Ochoa B.
Fotos: Virgilio Grajeda
Muchos niños y adultos que cada día visitan el Parque de las Leyendas o la Feria del Pacífico ignoran que esos "cerros" que se elevan a su alrededor son los monumentos más importantes de una cultura que prosperó en
Lima hace más de mil años, dejando como muestra de su esplendor sus imponentes construcciones.
Algunos estudiantes de la Universidad San Marcos no saben que el cerro que se alza a espaldas de su ciudad universitaria es considerado una de las pirámides ceremoniales más grandes de la América prehispánica, y que su flamante estadio está construido sobre una hermosa huaca hecha con millones de adobitos cónicos.
Mientras que los estudiantes de la vecina Universidad Católica del Perú ni se imaginan que sus jardines y pabellones de su ciudad universitaria fueron levantados sobre lo que fue un enorme centro ceremonial y una red de caminos amurallados que unían las costas de Lima con el valle del Mantaro y el Cusco.
Todos los días pasamos por ahí y apenas nos percatamos de que en una de las zonas más comerciales de Lima, entre las avenidas La Marina, Venezuela y Universitaria, muy cerca de la Plaza San Miguel, existe uno de los circuitos arqueológicos más imponentes de América que congrega enormes pirámides ceremoniales, restos de caminos amurallados y, precisamente, lo que fue la zona más comercial de la Lima prehispánica. Un punto donde confluían miles de pobladores de Piti-piti (actual Callao) Maranca, Surco, Carahuayllo y los curacazgos de Collique y Ancón.
Una buena forma de conocer los monumentos de lo que fue la Cultura Maranca es visitar el Parque de las Leyendas, donde sus administradores han implementado un interesante circuito turístico arqueológico complementario al de las visitas a su conocido zoológico. Casi al empezar el recorrido, los visitantes se topan con un cerro cubierto de vegetación, pero al ascender por sus faldas comprobamos que se trata de una enorme mole de adobes en forma piramidal, una construcción erigida para servir y adorar a los dioses costeños de Maranca.
Es la huaca llamada Tres Palos, vecina a la Huaca Cruz Blanca, dentro de un complejo arquitectónico que actualmente está delimitado entre los distritos de San Miguel, Magdalena Nueva y el Callao.
Entre los años 1100 a 1400 D.C los sueños de los pobladores de esta zona estaban llenos de visiones cuyo fundamento era el dios
Pachacámac.
Maranga de aquellos tiempos era un lugar donde la producción de maíz era utilizada para elaborar la chicha, el licor sagrado de los incas. Por ello aquello de Maranca: "Lugar de morteros", con los cuales se molía el precioso grano.
Subir a la huaca Tres Palos es como subir a un cerro polvoriento y sin mucha dificultad. Sólo los muros de adobe nos recuerdan que se trata de una enorme estructura ceremonial de adobe. Sin embargo, en la cima surgen los primeros misterios, las huellas de un pasado que aún no podemos descifrar.
Nos referimos a la existencia de 96 pozos cuadrados distribuidos equitativamente sobre la cúspide de la huaca. Todos los pozos son iguales (casi un metro de lado por poco más de un metro de profundidad) y al parecer todos tuvieron un tronco en el medio, formando lo que parecía ser la base de las columnas que alguna vez pudieron sostener una largo techo sobre la huaca.