Ubicado a la altura del kilómetro 30 de la Panamericana Sur, en la pista de acceso - Lurín, la visita a
Pachacámac asegura una inolvidable jornada de turismo histórico que puede ser complementado con un desayuno de chicharrones o una estupenda pachamanca de tres carnes a la hora del almuerzo en el vecino Lurín.
Para empezar el bien equipado Museo de Sitio permite entender la importancia histórica del monumento, incluyendo las viejas crónicas de la conquista complementadas con los recientes trabajos de investigación iniciados a comienzos de siglo por Max Uhle, seguidos por Julio C. Tello y continuados en la actualidad por selectos equipos de arqueólogos.
Pero Pachacámac es mucho más. En cada paso por el santuario los visitantes realizan sin saberlo un largo recorrido por la historia prehispánica de
Lima. Desde las primeras manifestaciones culturales asentadas en la zona, hasta la construcción del templo del Sol, ordenada por los invasores cusqueños. Allí, adobe sobre adobe; pirámide sobre pirámide, se erigen miles de años en la evolución de las civilizaciones que prosperaron en la comarca de Lima hasta el 18 de enero de 1535, cuando Francisco Pizarro y los suyos fundaron la Ciudad de los Reyes.
De la huaca a la alameda
Pero la historia de la Lima prehispánica no se limita al santuario de Pachacámac. Su historia se remonta a los 4 mil años antes de nuestra era, lo que ha promovido más de una versión que asegura que en la comarca de Lima se dieron las primeras manifestaciones culturales del Perú.
La controvertida hipótesis parte de la inmejorable ubicación geográfica del valle de Lima, bañado por los ríos Rímac, Lúrín y Chillón y con un clima sin temperaturas extremas: Tanto así que el padre Pedro Villar Córdova -reconocido estudioso de la historia prehispánica de Lima- llegó a comparar la comarca con el Valle de las Pirámides, en el delta formado por el río Nilo al desembocar en el Mar Mediterráneo:
Llanuras donde se cosechan toda clase de hortalizas y cereales, numerosos puquios de agua dulce, ciénagas repletas de aves marinas y totorales y la inmensa riqueza pesquera de sus costas, hicieron del valle de Lima uno de los espacios geográficos más interesantes para el desarrollo de futuras civilizaciones. Incluso, se sabe que la mejor coca del Tawantinsuyo se produjo en la costa.
Fuera de toda hipótesis un recorrido concienzudo por la comarca de Lima puede empezar por el templo El Paraíso, ubicado en la margen izquierda del río Chillón muy cerca de la desembocadura del río. Su imponente construcción de piedra ha sido comparada con el Templo de las Manos Cruzadas de Kotosh y su antigüedad es de poco más de 4 mil años, convirtiéndose en el centro ceremonial más antiguo del valle de Lima y uno de los más viejos del Perú.
De ahí el recorrido debe continuar por Huaca Florida, en el Rímac, más precisamente junto al parque Juan Ríos y al local del Club Sporting Cristal. Se trata de un templo en forma de "U" que apunta hacia los cerros de la Pampa de Amancaes, que en sus buenos tiempos fue un ecosistema similar al de las Lomas de Lachay.
De su antigüedad, los cálculos apuntan a 1,800 años antes de nuestra era. Es bueno saber que los templos en "U" figuran como las construcciones más antiguas, esparcidas a lo largo de la costa peruana desde Piura hasta Mala:
Siguiendo la ruta histórica recomendada por las investigaciones dé Santiago Agudo Calvo en el libro Lima Prehispánica, de los arcaicos templos en U se sigue a los monumentos de influencia Chavín, entre los que resalta el centro ceremonial de Garagay, una imponente huaca que data del siglo XII A.C. y que los hace contemporá-neo con el complejo arqueológico de
Chavín de Huántar.
Está ubicado en el corazón del populoso distrito de San Martín de Porres, rodeado de asentamientos humanos y casi en total abandono, de no ser por esporádicos estudios y las continuas denuncias periodísticas que han evitado su destrucción. Allí se pueden observar aún un altorrelieve de una divinidad felínica, común en la iconografía Chavín.
Luego de la influencia Chavín, en los valles bañados por los ríos Chillón, Rímac y Lurín prosperaron diversas manifestaciones regionales representadas hoy en día por la "fortaleza" de Cerro Pro camino a Collique- construida sobre la cima de un cerro que permitía el control y la vigilancia de amplias zonas de cultivo.