“Hacia el Alto de la Alianza”, le decimos al taxista. El automóvil devora el asfalto en medio del desierto y después de ocho kilómetros al norte de la ciudad de Tacna, vislumbramos las blanquísimas torres del Monumento a los Héroes del Alto de la Alianza.
No podemos dejar de sentir admiración y respeto por este lugar que fue levantado sobre el cerro Intiorko en homenaje a los soldados peruanos y bolivianos que murieron en la batalla del Alto de la Alianza . Nos acercamos. Son ocho esculturas de acero que brillan bajo el intenso sol. El guardián del Museo de Sitio nos señala que todas ellas representan la historia de Tacna, la heroicidad de sus hombres y su proyección hacia el futuro.
Nos paseamos por aquella mole de cemento y acero que se construyó en 1988. En la amplísima explanada destacan los cañones que se utilizaron en aquel entonces. Ahora están silenciosos y atentos.
Ingresamos al pequeño museo circular en cuyas vitrinas y estanques se pueden observar uniformes, armas antiguas y una maqueta de cómo fue el combate aquel 26 de mayo de 1880. Tenemos sentimientos encontrados: la admiración por la valentía de aquellos soldados que en menor número y mal apertrechados soportaron estoicamente la aremetida chiena. Y por otro lado, el sobrecogimiento ante el reinado de la muerte en este desierto.
Salimos hacia el sol. A un kilómetro de distancia se encuentra el camposanto. Centenares de cruces blancas sobre la arena rinden tributo a los caídos: En medio de ellas se eleva una enorme cruz sobre la que se puede leer: “ a los que defendieron la libertad de Tacna y Arica en la Batalla de mayo y junio de 1880, tributamos homenaje con esta cruz llena de pensamientos rendidos en su memoria...Jorge Basadre/ José Jimenez Borja”.
Realizamos la últimas fotografías, y abordamos un automovil. Desde la carretera el monumento parece una gigantesca flor blanca elevándose al cielo.