Es tal su antigüedad que muchos de los cronistas relatan que cuando llegaron los españoles y preguntaron a los pobladores de los alrededores sobre quiénes habían levantado estas impresionantes edificaciones, ellos sólo respondieron que eran muy antiguas y no sabían quiénes habían sido sus arquitectos. Los cronistas también recogieron leyendas y mitos referidos a este acontecimiento. Uno de ellos relata que todo este complejo arquitectónico se hizo en una sola noche. Otra sostenía que las enormes piedras que la conforman habían sido trasladadas por los aires y colocadas unas sobre otras en un día por el bramido de una trompeta de arcilla; tocada por un misterioso hombre.
"Tiay guanacu" (siéntate y descansa guanaco). Dicen que fue esta frase lanzada por el Inca a uno de los chasquis que había llegado hasta este lugar con impresionante rapidez. Con está frase el monarca lo halagaba y comparaba con los veloces auquénidos que habitan esta región. Fue desde entonces que esta región fue bautizada con este nombre que ha llegado a nuestros días.
Pero antes de la llegada de los incas a este lugar se le conocía como Paypicala y que traducido del aymara significa "La piedra de en medio". Era porque estos hombres pensaban que se encontraban en medio del mundo y que después del diluvio emergieron para poblar toda la faz de la tierra.
Nuestro recorrido llegó hasta el palacio de Kalasasaya (Piedra Parada). Una impresionante edificación donde hormigueaban los infaltables turistas retratándose para jactarse con sus familiares y amigos. Obviamente nosotros, hicimos lo propio.
Columnas fijadas en la tierra, dioses de piedra en medio de una plaza, un perfecto paralelogramo excavado en la tierra. Murallas de piedra engarzadas perfectamente y cabezas de piedras sobresaliendo de las paredes nos miran desde la lejanía del tiempo.
Subimos nuevamente las escalinadas y caminando hacia el noreste del palacio encontramos a la gran Portada del Sol. Un bloque de piedra donde está resumido toda la cosmovisión de los tiahuanacos. Destaca inmediatamente aquel dios que porta una diameda iridiscente que lanza rayos y en las manos dos bastones de mando. A los lados treinta ángeles de piedra se dirigen hacia él, hacia Pachacámac, el creador del universo. Los investigadores afirman que todas estas figuras están colocadas en un sorprendente orden calendario, astronómico y matemático, que seguían las pautas astrales con las cuales edificaron esta civilización.