Luego de transitar por todos los lugares turísticos de
Puno y de navegar por las aguas sagradas de los Uros cercanas a la capital departamental de regreso al puerto, vimos dos hermosos buques anclados en el muelle. Eran el Ollanta y el Manco Cápac, viejos cargueros de fierro y remaches que aún navegan par Titicaca uniendo las costas del Perú y de Bolivia.
Muy cerca contemplamos a imponente silueta del BAP Puno, perteneciente a la flotilla de patrulleras lacustres de la Marina de Guerra del Perú, convertida ahora en buque hospital. Se trata de un verdadero museo flotante con una historia que se remonta a la década de 1860, cuando fue construido en el astillero inglés Cammel Land Books Birk Henhead por encargo del gobierno del Mariscal Ramón Castilla.
Atravesando todo el Atlántico a bordo del vapor Málaga el primer buque lacustre del Perú llegó al
puerto de Arica y desde allí fue trasladado por tren a Tacna, iniciándose un largo viaje de seis años a lomo de mula, parte porparte para ser ensamblado en
Puno a partir de enero de1869, en un astillero rústico, a manera de picadero.
Tres años después fue lanzado al Titicaca con el nombre de Yapura. Por aquellos años, el Yapura funcionaba con un motor a vapor y calderas que usaban carbón de piedra como combustible. Pero como el carbón era escaso en la zona, el buque muchas veces navegó con la famosa taquia, estiércol seco de llama y ovejas que los españoles denominaban boñiga.
Su primer viaje lo realizó el 2 de mayo de 1873 al mando del capitán de corbeta arequipeño Manuel Mariano Melgar, llevando a cabo un viaje de cabotaje por los puertos de Juli, Pomata, Yunguyo, Desaguadero y Moho.
Al contemplar al Yapura sobre las mansas aguas del puerto puneño recordamos las viejas crónicas de Fray Reginal de Lizárraga, uncura vasco que recorrió todo el Vírreinato del Perú -desde Colombia hasta Argentina- a mediados del siglo XVII y que alertó de los riesgos de navegar en el Titicaca.
Algo de cierto hubo en los temores del sacerdote pues tuvieron que pasar casi cuatrocientos años, desde la conquista del Tawantinsuyo hasta mediados del siglo XIX, para que se inaugurara la travesía de grandes barcos por el lago navegable más alto del mundo.
Fray Reginaldo advirtió de la llamada manga de agua, un fenómeno atmosférico que aterrorizaba a los navegantes del Titicaca: "Aquello se llama manga de agua, y si cae en navío sin puente, sin remedio le anega, y de noche son muy peligrosas porque no las vemos. De día huimos de ella como de la muerte. Cae de lo alto de las nubes hasta el agua, a la vista parecía tan gruesa como un mástil muy grueso de una carraca, y como va descargándose va adelgazando, a la cual, delgada, el viento la pone como un arco hasta que totalmente la nube se queda sin agua. Estas tormentas no permiten bergantines, uno se hizo y se comenzó a navegar en él pero con una tormenta se perdió. Y nunca más se ha vuelto a intentar navegar".
¿Tormentas? ¿mangas de agua? Observando a los uros navegar sin contratiempos por las apacibles aguas del Titicaca, parecen exageradas las advertencias del sacerdote, sin embargo, más tarde comprobaríamos lo errados que estábamos en nuestro pronóstico.
Luego de fotografiar los viejos buques acoderados en el muelle puneño, estábamos por regresar a la ciudad cuando nos percatamos que en el puente de mando del Ollanta sus oficiales daban la orden de retirar las amarras.