Puno es una Fiesta
Puno es el departamento que alberga una variedad increíble de folklore. Una riqueza de colorido impresionante que trasciende todos los espacios geográficos y sociales y que contrasta con su gélido clima. Sólo basta visitar algunos de sus pueblos en alguna de sus festividades religiosas para dar cuenta del despliegue religioso, artístico y coreográfico que literalmente hormiguea en cada esquina. Por ello Puno se ha ganado, con justa razón, el título de Capital Folklórica del Perú.
Los estudiosos han logrado contabilizar hasta trescientos tipos de bailes, los cuales reflejan la interminable variedad cultural de esta región. Y es justamente La Fiesta de la Virgen de la Candelaria, la cual se celebra entre el 24 de enero y 18 de febrero, donde convergen y se unen en multitudinarias comparsas y destellos, las mejores expresiones artísticas de este departamento.
La Fiesta de la Virgen de la Candelaria, singular mixtura de religiosidad y paganismo, se ha convertido en un impresionante atractivo que congrega a millares de visitantes del Perú y del extranjero. Conocida como la "Mamacha Candelaria", "Mamita Canticha", "Mamá Candi", la Patrona de la ciudad de
Puno, está siempre ligada al culto a la tierra, o la Pachamama, al lago Titicaca y sus minas.
En estos días Puno se convierte en un vigoroso y colorido desfile que congrega a hombres y mujeres, ancianos, y jóvenes que acompañan a la virgen bailando incansablemente, agradeciéndole cada uno de los milagros y favores alcanzados a través de los años. El sudor discurre entre las temibles máscaras de diablos, negritos, ukukos, negritos y remedos de funcionarios del gobierno. En estas comparsas interminables se pueden escuchar a las bandas integradas hasta de doscientas personas que tocan los instrumentos y bailan ante la figura de "Mamacha Candelaria".
Todo este enérgico despliegue se inicia el primero de febrero con un agitado ascenso del Alferado a la cima del cerro Azoguini. Este personaje es quien se encarga de organizar esta festividad. Para ello se acompaña de algunos invitados y músicos que realizan ofrendas en nombre de la Virgen y luego se lanzan al cielo cohetes que dan cuenta al pueblo altiplánico que la fiesta en honor a su patrona se ha iniciado.
El día principal, el anda de la Virgen se pasea por las principales arterias de
Puno, acompañada por una multitud de fieles que no se cansa de cantarle y bailarle. Bandas, comparsas y pandillas venidas desde los más alejadas distritos hacen lo imposible para acercarse hasta la lujosa anda, adornada con impresionante pedrería y bailarle, mientras el público aplaude a sus favoritos. Otro de los atractivos de esta festividad es el desfile de la Octava, que congrega a los diversos grupos de la ciudad de Puno para participar eh los concursos que actualmente se realizan en su Estadio Monumental.
El bullicio en el estadio es ensordecedor. Los grupos ingresan a la verde alfombra del césped y bailan ante el público que se apiña en las graderías. Diez minutos para que los puneños y visitantes puedan observar cada detalle de sus coreografías, vestuarios y el despliegue de energía. Todos ellos buscan la originalidad pero sin alejarse de los compases tradicionales. Los nervios a flor de piel y las polleras azotando el día.
Los "osos", "diablos", "ángeles" danzan al son de las bandas desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche. Agotadora y faustuosa sesión dancística hasta que finalmente se elige el ganador entre el estallido de los cohetes y las notas lanzadas por los bombos y zampoñas. Luego en la oscuridad de la noche el baile vuelve nuevamente con mayor brío y se disemina entre sus calles y sus casas, hasta que finalmente llega el nuevo día entre sones de bombos, bombardas y clarinetes
Es fácil encontrar con los primeros albores del día, diablos y ángeles durmiendo juntos en las esquinas y bancas. Es fácil percibir en el ambiente un intenso olor a licor, pólvora y unas ganas terribles de continuar la fiesta. Y este deseo no se tarda mucho en cumplirse. Para ello está el Cacharpari que da inicio a los primeros festejos de los carnavales. Las bandas intercambian notas, incansables todas ellas, mientras abajo, el Titicaca se mantiene impasible, azul y eterno.