La belleza de Ucayali se percibe in extenso desde el cielo. Serpientes de agua reptan por el verdor inconmensurable de la selva. Es una porción del Perú donde hace dos mil años grupos humanos se asentaron en la cuenca del Ucayali. Allí los grupos Pano, Cashibo, Shipibo, Cunibo, entre otros, buscaron en los valles del Ucayali, Alto Huallaga y Alto Pachitea un lugar donde vivir en armonía con su medio ambiente y sus dioses. Lo laberíntico de la selva fue surcada por su perseverancia y trabajo; y estas míticas travesías -según se dice- han quedado plasmadas en las líneas que se observan en las vasijas, telas, armas, y demás utensilios de los hombres que habitan la selva.
Con el descubrimiento del río Ucayali, realizado por el capitán Juan Salinas de Loyola en 1557, permitió abrir este mundo inhóspito, caluroso y húmedo hacia occidente. De esta forma el Ucayali se convirtió en la vía más idónea e importante de los colonizadores y de los misioneros jesuitas y franciscanos que se internaron en el corazón de la selva con el fin de evangelizar a sus pobladores.
Los años transcurrieron y la frondosa selva del Ucayali tuvo su primer puerto fluvial con el poblado de San Gerónimo. Pero debido a los constantes desbordes y erosiones causados por el río, el puerto se trasladó hasta el lugar que ocupa la ciudad de Pucallpa, situada a 842 kilómetros de Lima, ubicada sobre la sobre la margen izquierda del río Ucayali.
Pucallpa quiere decir en quechua "Tierra Colorada", pero la denominación nativa a esta tierra era en realidad May-Ushin, que también se refería al color arcilloso de la tierra. Eduardo del Aguila Tello, su fundador, pensó que "Pucallpa" ofrecía más posibilidades para ser conocida. Esto ocurrió en 1883 y, efectivamente el nombre de la ciudad se hizo famoso a todo lo largo de la Amazonía.
Allí se congregaban cazadores, aventureros pescadores, y los empleados que iniciaban la provechosa e impresionante explotación del caucho.
Y fue durante la segunda mitad del siglo XIX cuando los colonos introducen el capital comercial y un naciente sistema mercantil. Fue también la tierra que dio cabida a exploradores y pioneros de la talla de Samanez Ocampo, el alférez Germán Stiglich, el coronel Pedro Portillo, Faustino Sarmiento, Joaquín Capello, el Padre Sala y el famoso cauchero Fermín Fitzcarrald. Fueron ellos quienes lograron penetrar la selva y descubrir parte de territorios y tesoros naturales que durante miles de años permanecieron ocultos para el resto del mundo.
Ucayali se integra al departamento de
Iquitos como provincia en el año de 1900 y tuvieron que transcurrir ochenta años más -23 de junio de 1980- para que finalmente viera cristalizado el sueño de convertirse en departamento y así tener mayores posibilidades de regir su propio destino.
En la actualidad en Ucayali existen los descendientes de la familia lingüística Pano, tales como: Shípibos-Conibos, Shetebos y Pisquibos, que han unido sus esfuerzos de desarrollo con colonos, inmigrantes convirtiéndola en una progresista zona industrial, maderera y ganadera. Pero Ucayali también está llena de atractivos turísticos incomparables, como la Laguna de Yarinacocha y los poblados shipibos de San Francisco, la carretera Federico Basadre en la provincia de Coronel Portillo; en Atalaya está la quebrada de Unine; en Padre Abad están la catarata "El manto de la novia"; y en Purús está Puerto Esperanza.
Si bien cada día son más los turistas que visitan Ucayali, esta región ofrece muchos lugares por descubrir.
De la selva, su muyuna
Desde el aire la laguna Yarinacocha parece una serpiente plateada. Su forma sinuosa es lo primero que llama la atención a los turistas que llegan por avión, de ahí que al salir del aeropuerto es inevitable pedir que nos lleven a la laguna que se ha visto hace tan sólo unos minutos:
Ni bien uno pregunta por la laguna, no demoran en aparecer los ruidosos y coloridos mototaxis, que nos llevan en forma rápida y refrescante hasta el malecón de Yarinacocha. Como Yarina está tan sólo 10 minutos desde el centro de Pucallpa, no vale la pena sofocarse en los taxis cuya temperatura interior no baja de 28 grados. La ruta esta asfaltada y a lo largo del trayecto se puede ver como la ciudad va cambiando de aspecto. De un moderno y laborioso centro urbano pasamos a un pintoresco balneario en cuyas calles las polvorientas construcciones de ladrillos dan paso a vistosos palafitos y malokas hechos con las mejores maderas que la selva da por estos lares.