A sólo 35 kilómetros al sur de Chincha se llega a una intersección que indica nuestro destino: Pisco y la Reserva Nacional de Paracas. Cinco minutos después ingresamos a las calles de la ciudad y luego de un corto recorrido comprobamos la fama de su Plaza de Armas y su Iglesia Matriz. La ciudad cuenta con hoteles, discotecas, "pubs", cafeterías y ' restaurantes para todos los presupuestos y un buen servicio de transporte hacia la Reserva.
Luego damos un paseo por el malecón Miranda de Pisco-playa donde se puede contemplar una impresionante vista del litoral. Seguimos hacia la caleta San Andrés para probar un reconfortante cebichito con pescado recién extraído del mar y una buena copa de pisco para calentar los ánimos.
Siguiendo la ruta de la antigua Panamericana Sur nos dirijimos hasta
Paracas, cruzando por el tenebroso paisaje de las fábricas de pescado que inexplicablemente han sido instaladas muy cerca de la Reserva Nacional.
Un muelle con restaurantes y una pequeña feria artesanal reciben a los visitantes antes de ingresar a la Reserva. Allí se pueden contratar lanchas para recorrer las islas Ballestas y el '' famoso Candelabro de
Paracas, en un viaje de dos horas donde se puede observar este paraíso de aves guaneras y lobos de mar. Y no faltan quienes se atreven a dar un chapuzón entre los juguetones lobos.
Las lanchas rodean las islas y retornan muy cerca de la orilla para contemplar el célebre Candelabro, un enorme geoglifo que ha dado lugar para muchas explicaciones. Desde aquellos que aseguran se trata de un aeropuerto para ovnis, hasta aquellos otros que lo vinculan con las Líneas de Nazca, con señales de piratas y hasta con una supuesta migración china siglos antes de Colón. Lo cierto es que en los cuadernos de bitácora de los viajeros y navegantes del siglo XVIII no aparece ninguna mención al "Candelabro" y su espectacular presencia coincide con el arribo de las tropas libertadoras de San Martín. Sintomáticamente, su diseño es similar al de la logia masónica argentina, de ahí que algunos historiadores sostienen se trata de una señal para indicar el desembarco.
De vuelta al muelle seguimos camino por la pista hasta la caseta del INC, puerta de ingreso oficial a la Reserva Nacional de
Paracas. Si se cuenta con auto propio la ruta favorita empieza por el Museo Julio C. Tello y las vecinas excavaciones de la necrópolis, y desde ahí se pueden recorrer las costas cercanas pobladas de parihuanas, gaviotas y decenas de especies de aves marinas que usan el santuario como base en su largas migraciones.
Siguiendo un camino afirmado (no se requiere vehículos todo-terreno) se puede visitar el Candelabro y la bahía Lagunilla, poblada de pingüinos y lobos marinos. Desde ahí sigue la ruta hacia la bahía de la Independencia, donde desembarcó la expedición libertadora del general San Martín, pasando por la espectacular vista de La Catedral, una enorme torre de arena producto de la fuerte erosión causada por el mar y los fuertes vientos de la zona, conocidos como "Paracas".
Un día basta para darse una vuelta por la Reserva, sin embargo, lo recomendable es dedicarle todo un fin de semana (está a sólo 3 horas de Lima) cómodamente instalado en el ex Hotel de Turistas de
Paracas o en los hoteles y hostales de Pisco, que se acomodan a cualquier presupuesto.
Desde Pisco retornamos a la Panamericana Sur para visitar la ciudad de Ica, capital vitivinícola del Perú, y sede del famoso Festival Internacional de la Vendimia, que coincide con la temporada de cosecha de la uva, a fines de marzo.
En la ciudad se pueden visitar el Museo Regional, la Iglesia de la Merced y la Casa de Simón Bolívar, pero en las afueras de la ciudad existen innumerables sitios de gran interés turístico.
A sólo 5 kilómetros se encuentra la laguna de Huacachina, una verdadera turquesa en el desierto, un oasis de verdor entre los imponentes muros de arenas de las dunas vecinas.
Las propiedades medicinales de la laguna eran conocidas sólo por los pobladores de la región, pero fue la dama italiana Angela Perotti quien popularizó la zona como lugar de gran atracción turística. A orillas de la laguna existe una buena infraestructura hotelera como para pasar un tranquilo fin de semana.
De vuelta a Ica se puede visitar el pueblo de Cachiche, célebre por sus brujos y curanderos, y el bosque de piedras El Fraile, ubicado a 5 kilómetros de la ciudad, en medio de la campiña iqueña.