EI frío intenso se siente a pesa, que los rayos del sol se posan sobre la nieve que corona el Ausangate. Abajo, en la impresionante hoyada de Sinaqara, se elevan cientos de columnas de humo que se unen al calor que emanan las cincuenta mil personas que, bajo los coloridos y precarios techos de hule, acuden a la festilvidad del Señor de Qoyllur Ritti, o la Estrella de las Nieves, que se realiza en la zona del Ocongate en el
Cusco.
La Festividad del Señor de Qoyllur Ritti se ha convertido desde los años veinte en uno de los mayores eventos masivos del sincretismo religioso al que se puede acudir en esta parte de los andes cusqueños.
Son millares de personas que llegan desde distintos puntos del Perú y del extranjero para ascender hasta los 5,200 metros de altura donde se encuentra el santuario, ubicado en la provincia de Quispicanchis en la zona del Ocongate. Hasta allí llega una impresionante multitud de peregrinos luego de seis horas de caminata y doce estaciones para rendir culto al Cristo pintado en la roca y al Apu del nevado Ausangate.
Cuenta la leyenda que la imagen grabada en la roca fue el resultado de la amistad surgida entre un pastor de apellido Mayta y un extraño niño de tez blanca que se le apareció en el año1780.
El pequeño desconocido le encargó a su amiguito confeccionar un vestido nuevo. El pequeño pastor acudió hasta el obispo del
Cusco, pues era el único que tenía vestimentas sacras confeccionadas con una tela similar a las de su amigo. El suspicaz obispo ordenó al párroco de Quispicanchis que siguiera al niño Mayta, pues pensaba que alguien había robado y estaba dando mal uso a los vestidos de la Santa Iglesia.
Pero cuando el párroco llegó hasta la hoyada del Sinaqara, un intenso resplandor que se originaba en el lugar donde estaba el niño lo cegó (Qoyllur Ritti: "Resplandor, Estrella de la nieve), y cuando intentó cogerlo se convirtió en un árbol de Tayanca que tenía la imagen del Señor en agonía. El pequeño Mayta murió al ver tal cuadro y luego fue sepultado bajo una piedra en el mismo lugar de la aparición.
Actualmente esta es la piedra con los rasgos del Cristo que todos veneran y que está dentro de una solitaria capilla levantada en este helado paraje.
Rezos de Altura
El frío se aleja por algunas horas mientras el sol ilumina a plenitud tan impresionante y humana muestra de fe. Un singular mecanismo se ha echado andar. Miles de pabluchas y ukukos, personajes disfrazados y con un fuete en la mano se encargan de mediar entre los espíritus de la montaña y mantener el orden en este lugar sagrado.
Mientras tanto las diez naciones, como se conoce a las cofradías, que pertenecen básicamente a Paucartambo, Quispicanchis y la del Tawantinsuyu, inician sus actividades con la comunión en una misa masiva al aire libre, ascensos al Sinaqara y batallas simuladas que, paradójicamente, ayuda a la cohesión de estos grupos. Mientras tanto se realiza la Feria de las Alacitas. Son pequeñas miniaturas de bienes (camiones casas, ganado, títulos, universitarios) que son adquiridos con dinero que sólo tiene validez durante el Qoyllur Ritti. Todo esto para que los deseos de los feligreses se cumplan cuando retornen a su hogar.
El día domingo, previo al Corpus Christi en el
Cusco, todas estas naciones desfilan ante el señor de Qoyllur Ritti en medio de impresionantes danzas y coloridas vestimentas. Danzan todo el día, la temible altura no parece afectarles, La ceremonia continúa hasta el mediodía del lunes, cuando los pabluchas inician el ascenso hasta el Ausangate donde pernoctarán hasta el día siguiente descendiendo con una preciada carga a sus espaldas: trozos de hielo sagrado que luego será repartido entre los miembros de sus comunidades.
Los estudiosos han determinado que esta festividad del Señor del Qoyllur Ritti es el secular y sincrético culto al Sol y a los Apus que moran en estas montañas y que todavía rigen los destinos del mundo.