Fue el propio Virrey Francisco de Toledo quien instauró el
Corpus Christi en 1572 y que ahora congrega a millares de fieles que acuden a celebrarla el jueves siguiente apenas terminada la octava de Pentecostés (séptimo domingo después de la Pascua Florida que recuerda la resurrección de Jesucristo).
El cometido del Corpus Christi era obvio: reemplazar al
Inti Raymi, principal fiesta de los incas que en medio de un impresionante ceremonial y fastuosidad rendían culto al dios Sol, sacando en procesión a las momias de sus antepasados para ser motivo de reconocimiento y devoción.
Pero fue vano su cometido, pues a pesar de la implacable acción de los extirpadores de idolatrías y los terribles castigos impuestos contra quienes seguían a sus antiguos dioses, los nativos "conversos" se las ingeniaron para seguir rindiendo culto a sus wacas y antepasados, sólo que tomando las formas y el santoral cristianos.
Cuatrocientos años después el
Inti Raymi se sigue celebrando al igual que el Corpus Christi, que se ha convertido en una excepcional oportunidad de observar la impresionante labor creadora e innovadora de nuestros hombres a través del tiempo.
La procesión va por fuera
Este jueves, dentro de la Catedral, los quince santos de los barrios tradicionales (antes fueron los ayllus del Hurin y Hanan
Cusco) que han sido llevados días antes, reciben los últimos retoques de los cargayoq, mayordomos encargados de la fiesta.
No faltan el arreglo de bucles de las vírgenes, la colocación de las joyas, la limpieza de alguna mota de polvo en las capas de los santos. Las andas de San Antonio Abad, San Jerónimo, San Sebastián, San Blas, Santiago Apóstol, San Cristóbal, Santa Bárbara, San Pedro, Santa Ana, San José, Virgen de los Remedios, Santa de la Almudena, Virgen Purificada, Virgen de Belén, y la Inmaculada Concepción, más conocida como la Linda de la Catedral. Todos ellos son colocados en un orden prefijados desde muchos años. Cada imagen es más hermosa que el anterior, pues cada barrio pretende imponerse en cuanto a la belleza de la presentación de su santo patrón.
En el centro del atrio está El Santísimo, es decir el
Corpus Christi, que está representada en la hostia consagrada. Este precederá la procesión sobre un impresionante carro de plata bellamente labrada y que fue obsequio del obispo Bernardino Serrada en el siglo XVIII.
Dentro de la Catedral iluminada por los centenares de cirios se escuchan las oraciones, cánticos, e inclusive sollozos de los nativos cusqueños frente a sus respectivos santos.
Siempre es bueno encomendarse para que el ganado no se enferme en este año, los campos brinden a plenitud sus frutos, o simplemente para que se cumpla el sueño de la casa propia. Los cusqueños afirman que el día previo al Corpus, los santos que están dentro de la catedral "conversan", en la noche, sobre el tiempo, el ambiente político e incluso hacen divertidas observaciones sobre sus vestimentas.
Afuera, la multitud observa las multicolores y bellas danzas provenientes de cada barrio o de las comunidades. Las calles adyacentes a la catedral se llenan del color de las vivanderas que ofrecen el tradicional potaje de la fecha: El Chiri Uchu, una merienda preparada con carne de gallina, cuy, cecina, torreja salchicha salchicha, cau cau, tostado de maíz y cocha yuyo; con su respectivo vaso caporal, lleno de chicha de jora. Todo este impresionante y festivo mar humano que sé encuentra fuera del atrio de pronto se calla y se hinca dé rodillas ante la aparición de El Santísimo en el umbral de la Catedral: es el Corpus Cristi en un templete que pesa aproximadamente cinco toneladas. Tras él siguen los santos cuyas andas son cargadas por los distintos gremios del
Cusco.
Los estandartes de cada santo son llevados por los cargayoc. Junto a ellos se colocan su propias bandas y danzarines. Rostros transformados por la fe, pies descalzos, cirios encendidos, cánticos en quechua y en castellano, el humo del incienso mientras los danzantes muestran su vibrante colorido al ritmo de la música.
Aquí se congregan los cusqueños de todas las clases sociales. Se mezclan los ternos y los pantalones raídos, las faldas y las coloridas polleras, los rezos en ambos idiomas. Después de hacer el recorrido en torno a la Plaza de Armas, el Santo Sacramento vuelve al interior de la catedral, mientras que los santos en veloz- y a veces a trompicones por efecto de la chicha -regresan a sus parroquias de origen.
Al final la alegría es general, los ¡salud! se repiten al igual que los platos de Chiri Uchu. El Corpus finalmen te llega a su fin. Se apagan los cirios, los santos descansan. Afuera, el pueblo aún continúa con el festejo.
El señor de los temblores
Lo llaman e! Cristo Indio, tiene los rasgos que se asemejan con los de los pobladores andinos. Bajo una fulgurante corona de plata es posible identificar al Señor de los Temblores, e! Patrón Jurado del
Cusco instalado dentro del sacro ambiente de la Catedral.
Ante su presencia el alma se estruja. Un rostro y cuerpo han sido ennegrecidos por el tiempo, el humo de !os cirios, y el incienso desde aquella época en que Carlos V, Rey de España; lo enviara desde Cádiz: Desde aquel tiempo ningún artista se ha atrevido a retocarlo. Eso sería un sacrilegio.
Es impresionante ver la marea humana cuando se congrega alrededor de sus andas y salen en e! recorrido de! lunes de Pascua en Semana Santa. Es tal el fervor que tienen los cusqueños a su santo patrón que el 9 de enero de 1825, ante su imagen, que fue sacada a la Plaza de Armas, se realizó la jura de la independencia Real. Un evento público que congregó a lo más graneado de !a política y al clero. Todo ello por orden del primer prefecto del Perú: Agustín Gamarra. Ante ella se postraran los altos mandos dei ejército libertador, incluyendo a! general Simón Bolívar.