Paso a Paso
Una vez instalado en los hoteles de la ciudad lo mejor es iniciar una caminata por la Huacay Pata -Plaza de Armas cusqueña-, donde se pueden comprobar los experimentos "estéticos" realizados con la pileta principal. Pero la imponente plaza cusqueña puede más que sus alcaldes y lo mejor es olvidarlos mientras camina por los arcos y veredas, pobladas de restaurantes y locales comerciales para todos los gustos y presupuestos. No se sorprenda si en medio de la caminata lo sorprende el hermoso sonido de la campana mayor de la Catedral. Se trata de la famosa María Angola, una campana que, a decir de la tradición popular, una esclava negra vertió oro al momento de la fundición. Dicen que sus tañidos se oyen en 50 kilómetros a la redonda.
Y es precisamente la Catedral, erigida con piedras extraídas de Sacsayhuamán y sobre la base de lo que fue el Palacio del Inka Wiracocha, la primera visita obligada a los monumentos cusqueños. Su construcción tardó casi cien años y fue inaugurada el 15 de agosto de 1654. Pese a que los curas han prohibido el uso de cámaras fotográficas en su interior, vale la pena conocer las obras de arte que cuelgan de sus paredes (su pinacoteca tiene medio millar de lienzos), así como el hermoso altar mayor y las columnas cercanas, enchapadas de plata.
Desde ahí el paseo continúa en la Iglesia de la Compañía de Jesús, siempre en el perímetro de la Plaza de Armas y construida sobre el antiguo palacio de Huayna Cápac. Cuenta con capillas subterráneas, laberintos y pasajes secretos, así como una pinacoteca con obras de la Escuela Cusqueña y hermosas esculturas.
La caminata prosigue por el barrio de San Blas, siguiendo la calle Triunfo, vecina a la catedral. San Blas es el centro artesanal del
Cusco, donde se pueden visitar las tiendas talleres de la Familia Mendívil o de los Olave, célebres en todo el mundo. También se pueden conocer los impresionantes muros incas de la calle Hatum Rumiyoc, donde se encuentra la piedra de los 12 ángulos. En lo más alto de la calle se halla la Iglesia de San Blas, la más antigua de la ciudad y conocida por su hermoso púlpito y por el retablo de su altar mayor.
Y ya que estamos paseando por iglesias, la visita puede continuar por la Iglesia de Santa Catalina, construida sobre el antiguo Acllahuasi, la casa de las Vírgenes del Sol. Luego se puede conocer el convento de Santa Clara con sus espléndidos altares con espejos de pan de oro. Camino a
Sacsayhuamán está la iglesia de San Cristóbal, fundada por Paullo Inca, hijo de Huayna Cápac, luego de convertirse al cristianismo. Otras iglesias que merecen conocerse son las de San Pedro, Belén y San Francisco.
Pero si de iglesias se trata, nada mejor que visitar la Iglesia de Santo Domingo, erigida sobre las bases del imponente Qoricancha, o templo del Sol. Sus constructores de la iglesia tuvieron la sabiduría suficiente para no destruir los bellos muros y habitaciones incaicos dedicados al culto del Sol y de la Luna. Otro atractivo es su hermosa cúpula y otros detalles coloniales muy bien conservados.
Pero lo mejor es andar por la ciudad para ir descubriendo sus tesoros. Hoteles, restaurantes, tiendas, casonas antiguas o las empinadas calles de la ciudad guardan motivos para justificar una foto inolvidable. Así, a pocos metros de la Plaza de Armas está la Casa del Almirante, una hermosa casona cusqueña convertida en el Museo de la Universidad. Más allá nos cruzamos con el hermoso portal de la Casa de los Cuatro Bustos, que dicen perteneció a los hermanos Pizarro y que hoy en día es sede de uno de los hoteles más lujosos de la ciudad. También se pueden visitar la Casa de los Marqueses de San Juan de Buenavista y Rocafuerte o le Casa del Inca Garcilaso de la Vega, el primer peruano ilustre.
Se trata de una visita relámpago a la ciudad, todo este recorrido se puede hacer en un solo día, guardando fuerzas para soportar la ya mitológica noche cusqueña, con su variada oferta de restaurantes, pubs y discotecas para todos los gustos y presupuestos. Y es que la enorme presencia de turistas ha cambiado la fisonomía de la ciudad, convirtiéndola en una de las urbes más cosmopolitas del Perú, sin afectar su temperamento tradicional y solemne.