Hace 465 años, más precisamente el 15 de noviembre de 1533, un pequeño grupo de soldados españoles fueron los primeros turistas "gringos" que llegaron al
Cusco. Recorrieron admirados la ciudad, quedaron boquiabiertos con su diseño urbanístico, pasearon por sus bellas calles empedradas visitando los palacios de la Huacay Pata, hoy Plaza de Armas- con sus paredes cubiertas de planchas de plata, trataron inútilmente de introducir un alfiler entre las piedras de los muros palaciegos, caminaron extasiados en los jardines del Qoricancha, observaron incrédulos los enormes almacenes de finas piezas de tejido y se agotaron en el largo recorrido por los torreones de piedra y enormes plazas de
Sacsayhuamán.
Como recuerdo se llevaron el botín de souvenirs más espectacular en la historia de las guerras de conquista, incluyendo las flores de oro de los jardines del Qoricancha y 20 estatuas de tamaño natural de oro macizo que el propio Francisco Pizarro se negó a fundir para que sean admirados por el rey de España.
Pero eso es otra historia. El caso es que la ciudad dejó estupefactos a los godos: "es tan grande y hermosa que sería digna de verse en España y toda llena de palacios de señores, porque en ella no vive gente pobre" -escribió Pedro Sancho, uno de los primeros españoles que conoció la mítica capital incaica.
Hoy en día
Cusco sigue produciendo esa misma reverencia y admiración entre los cientos de miles de turistas peruanos y extranjeros que recorren sus calles y monumentos. Pero el
Cusco que vieron los conquistadores se ha visto enriquecido con las joyas arquitectónicas construidas por orden de los gobernantes españoles y con el aporte genial de los artistas indios y mestizos, forjando así una magnífica urbe cuyo sincretismo cultural simboliza el esplendor de las dos más grandes civilizaciones de su época: el Imperio Español y el
Tawantinsuyo.
Esas manos anónimas que erigieron los formidables palacios incaicos y que cincelaron la roca hasta otorgar la belleza geométrica de su arquitectura, se confundieron con el paso de los años con el arte de esos desconocidos trabajadores que levantaron las suntuosas iglesias y palacios virreinales, dando vida al granito en las columnas, frisos, blasones y frontis cusqueños.
Y esto lo podemos comprobar recorriendo sus calles, charlando con su gente, descubriendo esas joyas de piedra escondidas en cada rincón de la ciudad.
Las fundaciones
Pero también es bueno saber que
Cusco tuvo varias fundaciones: desde aquella mítica instalación de los Huallas y Allcahuisas, pueblo alfarero y sacrificador de llamas; seguida por la no menos legendaria ceremonia de hundimiento de la barreta de oro de Manco Cápac en la Huacay Pata, dirigiendo esa nación civilizadora que adoraba al Sol; hasta la fundación española de Francisco Pizarro 23 de marzo de 1534 con la cruz y la espada, símbolos de su casta.
El acta de la fundación de
Cusco es uno de los documentos más bellos de la conquista de América.
Pizarro elogia la grandeza de la ciudad y la nobleza de sus pobladores, "hallando estar este asiento en la mejor comarca de la tierra y como en tal los señores pasados hizieron en el su asiento y morada y le ennoblecieron y poblaron de los mas nobles de su tierra". La titula Muy Noble y Gran Ciudad "cabecera de toda la tierra y señora de la gente que en ella habia".
Pizarro resaltó que la presencia española acabó con las masacres y la opresión de los tropas de Atahualpa, provenientes de Quito, que habían asesinado a los descendientes de Huáscar, sometiendo a los pobladores de
Cusco. Pizarro dicta en el acta de fundación que sus soldados "han sacado de la subjeción de la gente estrangera de Quito que los tenía avasallados a los señores del
Cusco y del cautiverio y servicio que hazian a la gente de Quito con tanto trabajo de sus personas y corporales fuerzas".
Cusco tuvo otra informal "fundación" en 1911 cuando Hiram Bingham descubre Machu Picchu, convirtiendo a este departamento en un centro de atracción mundial para estudiosos y turistas. La posterior construcción del tren y la instalación de todo tipo de servicios para los visitantes serían los pilares de la oferta turística del Perú.