Nadie duda ahora que Alturas de Machu Picchu es uno de los poemas más hermosos de Pablo Neruda. Sin embargo; cuando el poeta chileno visitó la ciudad sagrada de los incas la pasó muy mal. Los males del soroche lo atraparon desde el
Cusco y a duras penas pudo recorrer las plazas ceremoniales y las escaleras de piedra del monumento pues las náuseas y el dolor de cabeza lo atormentaron durante todo el camino: "el cóndor furibundo me golpea las sienes" -escribió.
Pero la sensibilidad del poeta pudo más y logró captar esa magia escondida en
Machu Picchu, esos latidos de piedra que dan vida a la cordillera más bella del mundo. Logró descubrir esa orquídea de granito blanco oculta entre los abismos andinos.
Yo te interrogo, sal de los caminos, muéstrame la cuchara, déjame, arquitectura, roer con un palito los estambres de piedra, subir todos los escalones del aire hasta el vacío, rascar la entraña hasta tocar a hombre..."
Pero no hay que amilanarse. No es necesario ser poeta para comprobar por qué la ciudad sagrada de los incas es uno de los atractivos turísticos más importantes del planeta.
Y nada mejor que acceder a ella por los caminos incaicos: luego de trepar casi a rastras los últimos escalones que llevan al Inti Puncu (puerta de ingreso a
Machu Picchu), luego de maldecir los calambres que agobian nuestras piernas, las ampollas en los pies, luego de saciar nuestra sed con el último trago de agua de nuestra cantimplora y de aspirar la cuota de aire que exigen nuestros pulmones; basta la visión de
Machu Picchu para olvidar todos los males del camino.
El alma se renueva. El cansancio se agota. Desde los portales de piedra del lnti Puncu, la silueta de
Machu Picchu surge como un libro de piedra colgado en el abismo. En sus páginas se puede leer que el respeto a nuestro pasado histórico es la mejor garantía para nuestro porvenir.
Expreso del Oriente
Cusco ofrece la ventaja de una jornada de viajes en avión, autos, buses, tren, caballo, botes y a pie. El presupuesto; empero, se puede ajustar al bolsillo de los peruanos si es que se sabe dónde, cómo y cuándo distribuir los ahorros.
Apenas bajamos del avión el ahorro empieza evitando a los taxistas del aeropuerto y caminando hasta las afueras para poder tomar un taxi con tarifa urbana. Dentro de la ciudad.
Lo mejor para los costeños es ambientarse a la altura de la ciudad (3,280 metros sobre el nivel de la Costa Verde) mientras se busca un buen hotel "tres B" -bueno, bonito y barato. Los hay para todos los gustos y presupuestos.
Una vez instalado se puede salir a recorrer los atractivos turísticos inmediatos a la Plaza de Armas, como el hermoso barrio de San Blas, célebre por sus tiendas y talleres de artesanos. Si se siente algún mareo y un leve dolor de cabeza, nada mejor que tomarse un mate de coca en El Ayllu, tradicional restaurante situado en plena Plaza de Armas, junto a la Catedral.
Para almorzar y cenar tampoco es necesario caminar mucho. Basta salir de El Ayllu y caminar por los portales hasta el Plaza-restaurant, donde sirven cómodos y sabrosos platos de comida criolla y típica con calor del hogar.
Todo esto sin descuidar los preparativos para el viaje a
Machu Picchu. Se puede llegar en tren directo hasta Aguas Calientes (110 kilómetros) y de ahí tomar los buses que
suben hasta el monumento. Peru Rail brinda tarifas para todos los gustos. Desde el Autovagón hasta la clase económica.
El viaje acompasado y tranquilo del tren permite contemplar los bellos paisajes vecinos a la vía férrea y los sucesivos pisos ecológicos, desde los valles interandinos cercanos al
Cusco, los imponentes nevados de la cordillera septentrional de los Andes hasta los espectaculares cañones y abismos formados por el río Vilcanota en las montañas de la selva alta. Desde las alturas del
camino inca, el ferrocarril semeja una enorme serpiente de hierro que corre paralelo al cauce del río Vilcanota.