Las pampas de Lliullita son el paso obligado para los viajeros que se dirigen a Chuquibambilla, Mamara u Oropesa -todo en la provincia de Grau. Hace sólo dos décadas el camino resultaba inolvidable por el espectáculo de las manadas dé vicuñas cruzando a trote la carretera o saciando su sed en los innumerables ojitos de cielo y lagunas de la zona.
Pero todo cambió cuando las bandas de cazadores furtivos iniciaron sus operaciones en la pampa, poniendo en peligro de extinción a este fino camélido sudamericano.
Aquel entonces tardamos varios días en lograr fotografiar la única manada de vícuñas que logró sobrevivir a la matanza, luego de recorrer las altiplanicies de Lliullita soportando el implacable calor del mediodía y las gélidas temperaturas nocturnas, que marcaban varios grados bajo cero.
Pese a que el proyecto para hacer de LliuIlita un parque nacional de protección sigue durmiendo el sueño de los justos en el Parlamento, la zona sigue brindando uno de los espectáculos más impresionantes de los Andes apurimeños.
Para conocerlo es necesario contar con auto propio o alquilar un coche en Abancay. Desde ahí tomar el camino que conduce a Lambrama y luego de cuatro horas de ascenso rodeado de hermosos paisajes cordiIleranos se llega a Lliullita donde se puede recorrer sus inmensas planicies cubiertas de ichu o pescar en los ojitos de cielo y cochas pobladas de truchas.
Para aprovechar el largo viaje, se puede continuar hasta Chuquibambilla o seguir la ruta que va hacia Mamara y Oropesa.
San Miguel Arcángel de Mamara fue fundado en 1600 como un importante enclave colonial de producción minera, agropecuaria y artesanal. Allí se puede recorrer su hermosa campiña y, sobre todo, visitar la impresionante iglesia de la plaza de armas, construida por los jesuitas con su fachada barroca en piedra sillar que deja pasmados a los visitantes. En su interior se pueden observar imágenes y pinturas murales de gran valor artístico.
Ampay un Santuario de Altura
Cuenta la leyenda que luego de conquistar la Meseta del Collao, el Inca Cápac Yupanqui envió a los sobrevivientes hacia el territorio de la actual Apurímac. Niños, mujeres y ancianos poblaron el lugar pero continuaron la resistencia dirigidos por un muchacho llamado Picha Cani, quien dirigió una nueva rebelión contra los cusqueños.
Fue capturado y antes de su ejecución el soberano le ofreció respetar su vida a cambio de aceptar la dominación inca. El joven respondió "prefiero morir antes de soportar el yugo incaico". Tanto atrevimiento, sin embargo, admiró al inca quien lo nombró curaca de un ayllu aimara a orillas de río Pachachaca.
Picha Cani tuvo un nieto Ilamado Qori Huayna quien emigró hacia la zona de Saywite pero se perdió en el camino y casi muere congelado de no ser por los cuidados de Mama Qocha, una viuda joven famosa por sus virtudes y por su apego a los pobres y abandonados. Años después ambos se casaron y tuvieron una bellísima hija a la que llamaron Ampay,
Una noche, luego de asistir a las ceremonias religiosas en Saywite, la niña se perdió en las cordilleras y tuvo que refugiarse en una caverna, desde donde presenció a las columnas del ejército chanca vistiendo sus atuendos de guerra y dirigiéndose al Cusco.
Tiempo después y luego de la debacle militar chanca en las puertas del Cusco, uno de los sobrevivientes, Qora Huiri, llegó malherido a la casa de Ampay y fue atendido por la familia pese a la dura represión que se armó en toda la zona contra los soldados que atacaron la capital imperial.