Una mujer -como todas- llena de misterios y de secretos. Pero los de esta dama se ubican en el interior de sus entrañas, en las cuevas y galerías que albergan una impresionante fauna y flora, así como formaciones naturales sumamente caprichosas.
Sobre esta silueta de mujer los tingaleses cuentan una serie de leyendas, obligatorias de ser escuchadas por los visitantes. Se dice que fue una princesa inca a la cual sus padres castigaron, convirtiéndola en esta formación montañosa, por el delito de amar a un enemigo de su pueblo. Y éste, como no podía estar lejos de su amada, también fue convertido en piedra y habita en el interior de la Cueva de las Lechuzas, como una gigantesca figura de piedra.
Emocionados por la leyenda decidimos lanzarnos a la aventura de conocer los secretos de esta cueva. Tomamos el camino que va hacia el poblado de Monzón, y a la altura del puente Corpac tomamos un desvío para recorrer cuatro kilómetros para finalmente llegar hasta la boca de la gruta. Un cartel advierte la prohibición de la caza en este lugar. Dentro resuenan los chillidos de las lechuzas y murciélagos.
Nos internamos en el interior. A diferencia del agobiante calor del exterior, en el interior se torna fresco. El piso es húmedo, las estalactitas y estalagmitas semejan figuras que esperan ser despertadas de su húmedo sueño.
Al día siguiente nos lanzamos a indagar en las interioridades de otra misteriosa cueva. Es la conocida como Las Pavas, ubicada a ocho kilómetros de Tingo María. Además cuenta con un bello balneario donde uno puede darse un atracón de fanes -o juanes- al mejor estilo tingalés.
Pero algunos lugareños nos mencionaron que cinco kilómetros más al sur, en medio de la espesura, había un paradisíaco lugar que todavía no ha sido explotado a cabalidad. Así que con nuestra ración de juanes salimos directamente hacia la Cueva de las Ninfas. Allí escalamos sobre las rocas y nos internamos por una pequeña entrada para sorprendemos ante una inmensa gruta cuya profundidad no quisimos aún investigar, Estalactitas y estalagmitas semejan a enormes mandíbulas a punto de cerrarse sobre nosotros.
El cuerpo todavía tenía suficientes energías como para visitar un nuevo punto de atracción: el Velo de la Novia. Las dos horas de caminata desde Tambillo permitieron acceder a esta maravilla de la naturaleza que se halla en pleno Boquerón del Padre Abad.
Una atronadora cascada que luego de caer desde lo más empinado del cerro se convierte en una bellísima y casi transparente caída de agua. Un chapuzón se toma obligatorio, así que dejamos la ropa a un lado y nos refrescamos en sus aguas frías. Lo necesitábamos
.
Al día siguiente regresábamos a Huánuco pues necesitábamos conocer Tomayquichua, el paradisíaco valle donde se encuentra la casona donde habría nacido Micaela Villegas, más conocida como La Perricholi, la amante del virrey Amat, la mujer que trajo de vuelta y media a la encopetada sociedad virreinal.
Obligados por la historia (además de una gran dosis de curiosidad) llegamos hasta la casona de Tomayquichua. Una vivienda solariega edificada en adobe sobre una empinada cuesta cuya entrada está flanqueada con simétricos tres arcos y donde, supuestamente, habría correteado Micaela hasta los cinco años para luego dirigirse con sus padres hasta Lima para iniciar posteriormente su papel protagónico en la historia.
Unos kilómetros más al sur nos dijeron nuestros guías: Te vas a caer de espaldas. Todavía un poco escépticos los seguimos hasta Ambo. Luego de dar unas vueltas por las campiñas ubicadas en los valles conformados por los ríos Huariacaca, Huertas y HuaIlaga, nos dirigimos hasta Pichgacocha, palabra quechua que significa cinco lagunas.
Subimos hasta los 3,850 metros sobre el nivel del mar. El que quiere celeste que le cueste, pensamos. Así que para ver tan bello espectáculo habría que sufrir un tanto. Camimanos alrededor de ocho horas, pero a punto de desfallecer encontramos este conglomerado de lagunas, un manojo de espejos de cielo diseminados en medio de los pequeños valles de la zona. Nuestra imaginación se puso en funcionamiento en ese momento: veleros, kayacs, botes de goma, pescadores lanzando su caña en busca de una confiada trucha, más allá un grupo de niños jugando en medio de unas tiendas de campaña. Todo eso puede ser posible si algún arriesgado empresario decidiera lanzar un paquete turístico no convencional para aquellos que buscan la aventura al aire libre sin la necesidad de comodidades extremas. Para ellos sólo lo necesario.
Para nosotros sólo un merecido descanso y nuestro eterno y agradecido retorno, pues Huánuco se mostró generosa en todas sus formas.