Luego de recorrer las calles de la antigua Villa Rica de Oropesa -hoy ciudad de Huancavelica-, de visitar sus cuatricentenarias iglesias y casonas donde el tiempo parece detenido, solemne y majestuoso, en los años del esplendor minero, decidimos partir en busca de otros lugares de gran atractivo para el turismo convencional y para descubrir nuevas rutas para las exigentes disciplinas del turismo de aventura.
Si bien el viajecito en tren desde Huancayo y el recorrido por la ciudad ya justifican una buena jornada turística, en las otras provincias del departamento de Huancavelica hay innumerables atractivos que merecen una adecuada promoción.
En la ciudad no existen agencias de viajes, salvo una sencilla oficina ubicada en plena Plaza de Armas (en el primer piso del hermoso local del municipio provincial) donde un grupo de jóvenes ofrecen varias alternativas para el turismo de aventura.
Encontramos en la municipalidad el libro "Villa Rica de Oropesa", un texto de impecable edición dedicado a la historia departamental, incluyendo una vasta información genealógica de las principales familias de la zona.
También tuvimos la oportunidad de conocer a Juan Rojas de la Cruz, un huancavelicano enamorado de su tierra que amablemente se ofreció como guía, y que nos entregó un impecable folleto con el inventario y evaluación de los recursos turísticos de la provincia de Huancavelica, Incluso, hizo las gestiones para alquilar un camioneta doble tracción para nuestro largo recorrido.
Con la clásica puntualidad huancavelicana, Juan Rojas de la Cruz se presentó al día siguiente en la puerta del hotel, pero cuál sería nuestra sorpresa cuando en lugar de la potente camioneta que esperábamos, nos señaló un Ford Festiva coreano, con sus Ilantitas aro 13 y su motor transversal delantero de 1,300 centímetros cúbicos.
"¿Llegaremos con este carrito?" - fue nuestra primera reacción.
"Claro que sí -nos respondió Juanito-, les demostraré que no se necesita una 4x4 para recorrer Huancavelica".
El municipio ha diseñado cinco circuitos de turismo en la provincia. De ellos, tres incluyen paseos por la ciudad y sus alrededores. Nosotros elegimos el Circuito Chaska: Plaza de Armas-casa hacienda Santa Rosa-bosque de piedras Sachapiti Qori Mina-ciudadela incaica Ushkus Inkañán.
Veinte minutos más tarde y luego de recorrer diez kilómetros de pista asfaltada que une Huancavelica con Huancayo llegamos a la casa-hacienda Santa Rosa, una hermosa casona colonial ahora abandonada que cada 30 de agosto sirve como escenario para las festividades centrales de la santa limeña.
La construcción se puede contemplar desde lo alto de la vía del tren minutos antes de llegar a la ciudad, con su tradicional patio central rodeado de arcos y su pequeña capilla de dos torres en el interior de la casona.
Pese al abandono, la casona muestra detalles de su hermosa arquitectura y decoración, como murales republicanos que adornan las paredes de lo que fue la sala y comedor principal. La zona es ideal para pasar un buen fin de semana, acampando cerca de la casona o a orillas del cercano río Ichu, que fluye apacible formando pequeñas cochas rodeadas de bosques de eucaliptos.
Por la misma pista seguimos ocho kilómetros más de camino asfaltado hasta el bosque de piedras de Sachapiti, una imponente formación geológica natural que se puede contemplar desde varios kilómetros a la redonda, formando más de 300 espectaculares figuras en un área de poco más de mil metros cuadrados.
Perfiles y siluetas humanas, animales petrificados y caprichosas figuras que parecen vencer la ley de la gravedad se pueden contemplar desde las alturas de Sachapiti, complementado con una hermosa vista del valle y de los sembríos de la comunidad campesina local.
Desde allí seguimos por la carretera asfaltada hasta una intersección donde un cartel anuncia el ingreso a Uchkus Inkañan.
Se trata de un camino "ripiado" donde tuvimos que avanzar lentamente entre las piedras y lajas que componen la ruta, deteniéndonos en cada charco de barro causado por recientes lluvias fuera de temporada.
Media hora más tarde nos estacionamos en medio de la comunidad campesina de Inkañan. Guiados por el guardián de las ruinas, caminamos medio kilómetro hasta el recinto arqueológico pasando por restos de construcciones de piedra ubicados en las laderas de los cerros cercanos.
La impresionante portada pétrea de Uchkus Inkañan fue cercada por la comunidad para evitar su destrucción. Sin embargo, se nota que las piedras de sus muros han sido utilizadas para la construcción de viviendas y cercos. Precisamente, nos enteramos que siglos atrás un hacendado local desmanteló las habitaciones para usar sus piedras en la construcción de su vivienda. Cuenta la historia que a los pocos meses de terminada la obra, el hacendado demolió su mansión debido a los fantasmas que penaban en su interior y a una extraña maldición que cobró la vida de sus familiares y empleados.
Las piedras volvieron a su lugar y los propios comuneros se encargaron de reconstruir el local incaico que, al parecer, fue un templo dedicado al culto del Sol o un enorme tambo en medio del camino inca que unía esta zona con el Cusco y con Xauxa.
Al día siguiente decidimos retornar a Huancavelica. Era sábado y don Juanito nos recomendó visitar el poblado de Yauli, "La Estación de la Amistad" y capital de la artesanía textil de Huancavelica, célebre además por su feria sabatina, sus hermosos paisajes y por ser el único lugar en el mundo que produce más de 250 variedades de papas. Desde Huancavelica se puede llegar a Yauli en tren o por la pista que lleva a Huancayo. También se puede tomar una "combi" en la Plaza Santa Ana o alquilar un taxi que nos lleva hasta la Plaza de Armas de Yauli. Elegimos el taxi (un Nissan Sentra mexicano) pasamos la casa-hacienda Santa Rosa y 15 minutos después llegamos a una intersección que no ha sido señalizada. Desde allí ,un camino "ripiado" va ascendiendo por las faldas de la cordillera siguiendo una impresionante ruta rodeada de las quebradas formadas por el río Ichu.