Decir que la palabra "
Ayacucho significa "Rincón de los Muertos" es casi un lugar común para asociar su agitada historia de revoluciones y escenario de la batalla que decidió la independencia americana. Pero Ayacucho es mucho más y su tradición de rebeliones responde al temperamento de sus pobladores, gente próspera, apasionada e independiente que desde siempre defendió con devoción su libertad.
Su historia se remonta hasta el oscuro interior de la cueva de Piquimachay, cercana al pueblo de Huanta. Allí, hace más de 20 mil años, los primeros pobladores de la zona iniciaron el proceso de domesticación de los camélidos, forjando las primeras manifestaciones culturales de Ayacucho.
Siglos después hasta Los primeros años de nuestra era, se establecieron habitantes en las zonas de Rancha, Chupas y, Wichqana. La aclimatación y el dominio de su entorno fue acentuándose para formar en los años 250 y 500 D.C. la cultura Warpa.
En los siglos VI y XII floreció el imperio Wari, cuya influencia se esparció por costa, sierra y selva con la característica de ser la primera cultura urbana del Antiguo Perú, estableciéndose en grandes ciudades pobladas de sacerdotes, guerreros, artesanos. ganaderos y campesinos. En la época de los Incas, Ayacucho fue sometida por éstos con mucha dificultad, esto dio lugar a que se instalara el centro administrativo de Vilcashuamán, imponente construcción ordenada por el inca Pachacútec para controlar a !os rebeldes Chankas.
Los españoles fundaron la primera capital en Huamanguilla, en las alturas de la actual provincia de Huanta, ciudad que fue abandonada por sus pobladores debido a su gélido clima, a la ausencia de bosques para leña y al simple hecho de que la altura afectaba la reproducción de las yeguas recién importadas de España.
Desde ahí bajaron hacia la actual Huamanga situada sobre una bella meseta andina a sólo 2,700 m.s.n.m. y en una ubicación estratégica entre Lima y Cusco. A partir de ese momento,
Ayacucho cobró gran importancia cultural y comercial. La ciudad se hizo célebre por el diseño de influencia árabe de sus casonas y por sus 38 iglesias ricamente decoradas.
Ayacucho volvió a hacer noticia durante el proceso emancipador, pues fue en la Pampa de Quinua donde se desarrolló la batalla que puso fin a 300 años de yugo español. Sin embargo, fue precisamente durante la República cuando este departamento sufrió el mayor olvido y postergación económica; provocando la airada reacción de sus pobladores.
La historia reciente puso a Ayacucho en una sangrienta encrucijada, pues en sus tierras surgió el movimiento terrorista Sendero Luminoso que durante más de quince años causó zozobra en todo el Perú.
Recobrada la paz,
Ayacucho está dispuesto nuevamente a convenirse en una tierra de certeras y prometedoras realidades.
Y es su tradición histórica, la singular belleza de su campiña y la majestuosidad de sus iglesias y casonas lo que hacen de Ayacucho uno de los departamentos favoritos para el desarrollo del turismo.