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ANDARES
PASCO, UN CERRO DE HISTORIA
Escribe: José Alva S.
Fotos: La República, PROMERU.
La historia de Pasco siempre se había escrito desde las profundidades de los socavones, por algo se le considera la Capital Minera del Perú. Pero, poco a poco, los poblados que habitan la bella y fértil selva de la provincia de Oxapampa -que ocupa casi el 65% del territorio del departamento- han permitido que su pobladores, conformados por descendientes de colonos de procedencia europea y los nativos asháninkas y amueshas, hallan realizado un esforzado y creativo aporte en la historia de este departamento.
Las tierras de la actual ciudad de Cerro de Pasco, a más de 4,300 metros de altura, fueron habitadas en un inicio por los Pumpos, grupo humano que también se instaló en Junín. Pero los restos arqueológicos que se han hallado ofrecen datos que hacen suponer que no lograron desarrollarse plenamente. Posteriormente, los aguerridos Pumpos fueron sometidos con gran esfuerzo por las fuerzas del Inca.
Luego de la conquista, los españoles dieron cuenta de la gran riqueza mineral de la zona cuando ubicaron en los cacicazgos de Hanan Huanca, Laraos, Hurin, ricos yacimientos de plata, cobre y zinc, convirtiéndose en el gran abastecedor a la corona de estos minerales.
Cuando llega la independencia llega el interés por conectar Pasco vía ferrocarril, cuyos primeros estudios los hace el renombrado ingeniero Enrique Meigss, quien también tenía mucho interés por explotar los yacimientos de plata y cobre de Cerro. Pero fue recién en 1904 cuando se realizan los 132 kilómetros de! ferrocarril que uniría Pasco con La Oroya.
La gran explotación minera en la era moderna, se inicia a principios de 1900, cuando un grupo de compañías mineras obtiene la ansiada concesión para formar la ya famosa Pasco Mining Company, y hasta hace algunos años Centromín Perú.
Cuarenta años después, la provincia de Pasco se escinde de Junín para convertirse en departamento el 27 de noviembre de 1944. A partir de allí la historia del Pasco contemporáneo aún se sigue escribiendo.
La ciudad que se mueve
Apenas pudimos sacar nuestras cosas del carro. La cabeza está a punto de estallar, pues aquí a 4,330 metros sobre el nivel del mar, el oxígeno es escaso, un artículo de primera necesidad. Cubiertos hasta las orejas damos cuenta de la ciudad de Cerro de Pasco, que se extiende sobre la falda del cerro de Ulianchin y a las orillas de la laguna de Patarcocha.
El frío es intenso a pesar del sol de la tarde. Después de bebernos un litro de mate de coca, recién pudimos echar a trabajar las neuronas y preguntarnos cómo en un lugar tan inhóspito se levanta la ciudad de Cerro de Pasco, la ciudad minera más alta de América.
Para ello tuvimos que recorrer 323 kilómetros desde Lima en casi ocho horas por la Carretera Central, hasta llegar a esta ciudad en cuyo subsuelo se hallan las preciadas -y casi inextinguibles-vetas de cobre, plata y zinc. Y sobre ella, los mineros, hombres cubiertos con mamelucos oscuros, enormes botas y cascos hacen lo imposible para extraerlas.
Desde el cerro Huancapucro, mirador natural de la zona donde se levanta una enorme cruz de cemento, pudimos ver la laberíntica urbe que alberga a más de 70 mil personas, y, al lado, el inmenso e insaciable tajo abierto de 860 hectáreas, el agujero negro de 800 metros de profundidad que amenaza tragarla poco a poco. Finalmente parece que todo ello terminará con la mudanza de la ciudad a una nueva Villa Pasco, situada a quince kilómetros de Pasco. Se piensa que para el año 2025 el 80 por ciento de la población se mudará a este lugar.
Las calles de Cerro no llevan a ningún lado. Teseo, el héroe del laberinto de Creta, ya se hubiera perdido hace mucho tiempo. Avenidas que se cierran abruptamente; sin orden, sin planificación. "Ello tiene su explicación", nos dijeron algunos amigos de la zona. Desde el primer momento que los mineros de la Colonia llegaban a este lugar, cogían el pico y comenzaban a excavar como los resultados eran casi inmediatos construían allí sus casas, incluso continuaban laborando dentro de ellas, creando una suerte de desordenado orden urbano.
Pero en medio de estas frías calles también existe colorido, vida y música. Llegamos a la Plaza de Armas que estaba abarrotada de cerreños. El suave tono de la música de chonguinada llega con nitidez a nuestros oídos. Los clarinetes, violines, y saxos acompañan a los bailarines enmascarados-una forma de satirizar el elegante minué que bailaban los españoles- que se desplazan con sus destellantes vestimentas. Es que estamos en medio del Festival de la Chonguinada Cerreña, que se realiza justo en esta primera semana de mayo.
Todavía con la chonguinada resonando en nuestros tímpanos llegamos a la réplica de la casa Daniel Alcides Carrión, héroe de la Medicina Peruana. Construida en el portal del Hospital que lleva su nombre, que conserva las humildes líneas del hogar que cobijó a este ilustre cerreño.
Ahora nos dirigimos al distrito de Ninacaca , a 31 kilómetros de Cerro. Allí encontramos la Iglesia de San Pedro, que ha sido construida a principios del virreinato de manera muy singular. En las mismas piedras que la sustentan se pueden observar figuras decorativas como el pentagrama musical.
Regresamos a Cerro, pues al día siguiente emprenderíamos una aventura inolvidable en medio del Bosque de rocas de Huayllay.
HUAYLLAY, GIGANTES DE PIEDRA
Sobre una enorme y frígida planicie ubicada a 43 kilómetros de la ciudad de Cerro de Pasco, se levanta desde las primeras épocas geólogicas de la Tierra el impresionante bosque pétreo del Santuario Nacional de Huayllay.
Allí han brotado gigantescas figuras esculpidas por la naturaleza en el lapso de 70 millones de años. Casi nada.
Realizamos una breve parada en el pueblo de Huayllay. Allí nos enteramos de que cada 2 de enero celebran su aniversario distrital. Verbenas y retretas además del fogonazo de las fuegos artificiales que dan un bello marco a la hermosa portada de la Plaza de Armas.
Pero en Setiembre se celebra su fiesta Patronal, conocida como Día de la Exaltación, a todo dar, Posteriormente llegamos al pequeño caserío de Canchacucho y enseguida hacia el mentadito Bosque de Piedras.
El efecto es sobrecogedor. A medida que nos acercamos al conjunto de rocas, ellas van creciendo y nosotros empequeñeciéndonos. Enormes rocas de 10 hasta 100 metros de altura nos rodean. El frío y la falta de oxígeno son minucias ante tan impresionante belleza.
El Santuario de Huayllay congrega 1,600 formaciones rocosas y cuenta con cinco circuitos turísticos para conocer parte de sus atractivos. Dicen que ni en 50 años se podría conocer todo el bosque de piedras.
Existen los Circuitos de Huaylas-huanca, el Circuito del Elefante, Vicuñapintasha, el Pórtico; el Circuito del Complejo de Chaquicocha y Oquruyoc, Circuito de las ruinas de Bombomarka, Circuito de Japurín, Circuito de Pumpu-Bosque de Rocas y finalmente el Circuito del Lago Chinchaycocha-Huayllay.
En este recorrido - recomendamos hacerlo de forma pausada y tranquila, pues los 4,300 sobre el nivel del mar no son para andar correteando- pueden verse caprichosas figuras que son conocidas como Los Frailes, La Tortuga, el Elefante, la Cobra, el Murciélago, la Corona del Rey, El beso de los novios, El Cóndor, El Saludo, el Oso, La Alpaca, entre un millar de otras tantas.
Además en el sector de Chaquicocha se pueden visitar varios yacimientos arqueológicos y pinturas rupestres con representaciones de la domesticación de los camélidos.
El sol se va ocultando, alargando las sombras de las enormes piedras. Las primeras estrellas se anuncian en el bóveda celeste. Es hora del retorno.
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