Desde ahí emprendemos una caminata hacia el pueblo de Paca, donde por fin podemos gozar de la belleza de un poblado típico del Valle del Mantaro, con sus estrechas calles, hermosas casonas con techos de tejas y pequeños bosques de eucaliptos, ese viejo árbol que trajeron los españoles desde Oceanía y que se adecuó perfectamente al clima de las serranías peruanas. Los pobladores de Paca, orgullosos y solemnes, son los mejores guías de la región. Con ellos paseamos por las calles hasta las orillas de la laguna, donde aún sobreviven algunos patos silvestres escondidos entre los totorales.
Para continuar nuestra visita debemos retornar a Jauja, donde está el paradero de "combis" para todos los poblados vecinos.
Elegimos el que va a Tragadero, hacia el nor-oeste, otra hermosa laguna cercana a un bello y apacible poblado jaujino. Desde ahí visitamos Pachascucho y Chocón. Luego Acolla (célebre por su danza de Negrería) y ]arco, conocido por su fiesta de carnaval.
De regreso a Jauja pasamos por Huancas y Yauyos, famosa por su tunantada.
Luego nos dirigimos hacia el este de Jauja para visitar la hermosa campiña y el poblado de Huertas. Hacia la derecha seguimos a Julcán y Masma, célebres por su industria de calzado; y hacia la izquierda llegamos a Molinos, puerta de ingreso a la zona de Trinchera, un estrecho rincón de la campiña jaujina, donde paseamos por sus hermosos bosques de eucaliptos y llegamos hasta una cascada cercana a la piscigranja local. Un lugar que bien merece dedicarle todo un fin de semana.
Como todos los caminos conducen a Jauja, esta vez nos dirigimos hacia el noreste para visitar la linda campiña y las colinas cubiertas de bosques en Pancan, Huala, Yauli y Chunan, un pequeño poblado por donde paseamos hasta llegar a las orillas de la laguna de Paca.
Izquierda y Derecha
En el paradero principal de Jauja de encuentran los cómodos buses anunciando "izquierda" y "derecha" a toda voz. Se trata del recorrido por las autopistas ubicadas en ambas márgenes del Mantaro y que se vuelven a unir en Huancayo. Esta vez elegimos la "derecha", una ruta que nos depara una hermosa vista de la campiña cercana al río, con poblados rodeados por enormes campos de cultivo y bosques de eucaliptos. Aquí se puede gozar del esplendor de los valles interandinos, con zonas para el esparcimiento familiar y restaurantes de comida típica.
Pasamos por Huaripampa, Muquiyauyo, Muqui, Pacarmarca y Huancaní, donde se puede alquilar un caballo para pasear por las orillas del Mantaro, bajo al sombra de enormes eucaliptos.
Nos detenemos en Sincos para fotografiar sus hermosas casonas coloniales y su bella parroquia. Desde ahí nos internamos hacia Aramachay y Kicha (poblado de alfareros) y luego hacia Llacuari y Pajonal, una zona propicia para realizar deportes de aventura.
De retorno a la margen derecha del Mantaro continuamos por la autopista hasta Huaycha, desde donde seguimos hacia Chupaca. Es sábado y podemos recorrer la enorme feria de productores instalados en las principales calles de la ciudad.
Carretillas repletas de frutas, verduras y tubérculos, puestos que ofertan los célebres sombreros de San Pedro de Cajas, los zapatos de Julcán y otras prendas de vestir; dan colorido a las principales arterias de Chupaca como un preámbulo a los que será la feria dominical en la vecina Huancayo.
Desde ahí tomamos un taxi para visitar Ñahuimpuquio, un hermoso espejo de agua ubicado en el distrito turístico de Ahuac. También se puede llegar en "combi" desde Chupaca hasta el poblado de Ahuac, y luego de una corta caminata llegamos hasta el restaurante La Pacarina, construido en las orillas de la laguna.
Allí nos enteramos de que Ñahuimpuquio significa "ojos de lágrimas transparentes", que es una laguna encantada y que se origina en dos puquiales ubicados en las alturas de Ahuac. Cuenta la leyenda que en el fondo de la laguna hay dos campanas de oro que suenan a las doce de la noche anunciando sus encantos.
Luego de navegar por la pequeña laguna nos dirigimos a un cerro vecino para visitar los restos arqueológicos de Arhuaturo, una enorme ciudad de piedra de origen Wanka. La caminata dura media hora y se asciende sin contratiempos por un camino especialmente construido por la comunidad campesina local. Desde allí se puede gozar de una hermosa vista del valle con su laguna en forma de ojo, rodeado de totorales.
Casi a las seis de la tarde dejamos Ahuac no sin antes comernos unas truchitas fritas rociadas con un par de cervecitas al ambiente. El viento frío se filtra entre las ramas de los eucaliptos y vemos las bandadas de patos nadando cómodamente en las frías aguas del Ñahuimpuquio, que reflejan el estallido de colores rojos y amarillos del atardecer. No hay duda , es una laguna encantada.
Media hora más tarde llegamos a Huancayo, capital del departamento de Junín y una de las ciudades más prósperas y cosmopolitas de los Andes peruanos. La urbe luce muy bien iluminada, con sus calles limpias y repletas de automóviles y de transeúntes.
Su zona comercial es una de las más activas del Perú y lo comprobamos recorriendo la legendaria calle Real rumbo a la Casa del Artesano, donde se puede adquirir artículos de plata, prendas de vestir, mates burilados, tallados de madera y otros productos típicos de la región.
Luego visitamos la iglesia catedral para extasiarnos contemplando los hermosos lienzos de la escuela cusqueña que conserva en su interior.
Seguimos paseando por la Plaza Constitución y la cercana capilla La Merced, elevada a Monumento Histórico Nacional por tratarse de una de las pocas construcciones virreinales que aún se conservan en pie. Otro lugar de interés es la Plaza Huamanmarca, lugar donde fue fundada la ciudad en 1572, el mismo año en que fue instaurada oficialmente la famosa feria dominical de Huancayo, el evento comercial más importante de los Andes peruanos y lugar de visita obligada para los turistas nacionales y extranjeros. Allí se pueden adquirir artesanías de todo Junín, así como productos industriales y agropecuarios.
A sólo un kilómetro de Huancayo visitamos el Cerrito la Libertad, un mirador natural desde donde contemplamos extasiados todo el Valle del Mantaro. Se trata de uno de los rincones favoritos de los huancaínos, pues cuenta con juegos recreativos, piscina semi olímpica y un pequeño zoológico.
En los alrededores de Huancayo visitamos el anexo Hualahoyo, célebre por la antigua capilla que guarda 20 lienzos de la escuela cusqueña y luego nos dirigimos hacia el sur para conocer el santuario de Wari-wilca, un recinto arqueológico descubierto en 1935 y considerado como una de las sedes principales del llamado Imperio Wari.
De vuelta a Huancayo contemplamos la imponente silueta del nevado Huaytapallana, de 5,300 m.s.n.m., que en los últimos años se ha convertido en foco de atención para los practicantes de los deportes de aventura, algo así como "el Pastoruri de Huancayo". Escalamiento de roca, esquí, caminatas, bicicleta de montaña y otras prácticas de andinismo, se puede realizar en el nevado, previa contratación de los servicios de guía turística ofertados en todos los hoteles huancaínos.