ANDARES, eligió el departamento de Junín para describir los innumerables atractivos de la zona central del Perú. Siguiendo la Carretera Central hasta La Oroya en este primer fascículo visitaremos el Parque Nacional Turístico de la SAIS Túpac Amaru y nos internaremos por las altiplanicies andinas hasta el nevado Pariaqaqa, el apu-wamani más importante del panteón de dioses prehispánicos de los Andes centrales. Luego continuaremos hasta la ruta Tarma-San Ramón-La Merced.
Desde que José María Arguedas publicó en 1966 la traducción de Dioses y Hombres de Huarochirí, el nevado Pariaqaqa dejó de ser una montaña más para retomar su antiquísima condición de Apu Wamaní: el Dios tutelar más importante del panteón de los Andes centrales.
Así supimos que durante la campaña de erradicación de idolatrías dirigida por el padre Francisco de AviIa, en los poblados de Huarochirí fueron quemados 30 mil ídolos vinculados al culto de Pariaqaqa, mientras que sus sacerdotes fueron exiliados y castigados públicamente en la Plaza Mayor de Lima por los jueces de la tenebrosa Santa Inquisición.
Sin embargo, el padre Avila tuvo el buen tino de apuntar todo lo que revelaban los pobladores antes de convertirse al cristianismo, pero el documento -escrito en quechua- se perdió entre los numerosos textos que llegaban a Sevilla desde el Nuevo Mundo.
Titulado "Tratado y relación de los errores, falsas dioses y otras supersticiones y ritos diabólicos en que vivían los indios de Huarochirí, Mama y Chaclla", el documento del padre Avila fue descubierto a comienzos de este siglo y traducido al castellano en 1942: Luego mereció la traducción realizada par José María Arguedas, y en 1987 la impecable edición de Gerard Taylor.
Desde entonces el Pariaqaqa fue objeto de numerosas investigaciones, destacando la dirigida por el arqueólogo Duccio Bonavia, siguiendo el camino inca que une Pachacárnac con Jaula y Cusco. Esta hermosa ruta atraviesa la provincia de Huarochirí, en el departamento de
Lima, pero se trata de un viaje largo que requiere muchos días de camino, excelente estado físico y un equipo que Incluye el alquiler de caballos o de una camioneta 4x4.
Nosotros, en cambio, elegimos la ruta diseñada por la SAIS Túpac Amaru desde 1996, cuando fue declarada el primer parque nacional turístico de Junín. Se puede llegar en los ómnibus que unen la ruta Lima-Jauja o, mejor aún, en automóvil propio siguiendo la Carretera Central hasta Pachacayo, situado en el kilómetro 42 del camino La Oroya-Jauja.
Luego de ascender por la Carretera Central llegamos casi sin aliento a Ticlio (4,818 m.s.n.m.), puerta de entrada al departamento de Junín. El paisaje que sigue es sobrecogedor, con hermosas lagunas de aguas azules que llegan hasta las faldas de imponentes montañas que estuvieron coronadas de nieve hasta que empezó el fenómeno del Niño.
La vista bien merece unas fotografías pues más allá, a la altura del asiento minero de Morococha, se puede comprobar lo incompatible que resulta la próspera industria minera con la conservación de la naturaleza: enormes lagunas marrones cubiertas de relaves, montañas de residuos mineros y rellenos sanitarios con la basura expuesta a la intemperie nos acompañan durante el camino hasta que aparece la ciudad minera de La Oroya con su enorme chimenea, convertida en tenebroso monumento a la contaminación ambiental.
Es precisamente en La Oroya donde la Carretera Central se bifurca en dos grandes caminos. A la izquierda, la ruta que va hacia Tarma, Cerro de Pasco, Huánuco y la Carretera Marginal; y a la derecha, la ruta que se dirige hacia el Valle del Mantaro, empezando por Jauja y terminando en Huancayo.
Nosotros seguimos el camino hacia Jauja y a la altura del kilómetro 42 nos detenemos en un puente de fierro situado a la derecha de la carretera que atraviesa el río Mantaro para llegar a Pachacayo, sede de la SAIS Túpac Amaru.
Los 3,800 metros de altura sobre el nivel de la Costa Verde lo sentimos en cada paso que damos mientras caminamos por Pachacayo hasta encontrar el albergue de la SAIS, un caserón de cómodas habitaciones con baño propio y amplio comedor situado junto a la cocina. A la hora del desayuno: leche fresca, café pasado y sus panes calientitos con el exquisito queso local, nos hacen recordar que estamos en una de las zonas ganaderas más importantes del Perú.
Con el estómago Ileno y el corazón contento latiendo a cien por hora por la altura, emprendemos la ruta hacia el nevado Pariaqaqa siguiendo una carretera afirmada que
en algunos tramos corre paralelo al antiguo camino inca que une Cusco y Jauja con Pachacámac, en la costa.
Mientras recorremos los pastizales, corrales y campos de cultivo de la SAIS, recordamos que se trata del último experimento cooperativo agrario que aún funciona desde que fue impuesto durante el régimen de Juan Velasco Alvarado.
Fundada en 1969 sobre los terrenos de la Sociedad Ganadera del Centro (próspero proyecto agropecuario implementado por la Cerro de Pasco Mining Corporation), la Sociedad Agrícola de Interés Social -SAIS- Túpac Amaru es la única que se mantiene hasta nuestros días, pues las otras cinco instaladas en todo el departamento de Junín no pudieron soportar los ataques terroristas de Sendero Luminoso, ni la ofensiva neoliberal del gobierno fujimorista.
La SAIS Túpac Amaru logró sobrevivir gracias a la organización de sus trabajadores y al apoyo de las comunidades campesinas que integran su área de influencia, distribuida en poco más de 200 mil hectáreas.
Desde 1980 sufrieron varios ataques terroristas con la consecuente destrucción de su infraestructura productiva, la muerte de miles de cabezas de ganado y la voladura de sus piscigranjas pobladas de truchas arco-iris. Pero todo esto es ahora un mal recuerdo que los turistas ignoran al ingresar a Pachacayo, con sus cabañas bien distribuidas, sus pulcras oficinas y su albergue para visitantes. A sólo diez minutos de camino llegamos a Canchayllo, un pequeño y pintoresco poblado donde radican los comuneros de la zona. Allí contactamos con don Paulino Atanasio, ex presidente de la comunidad, quien se ofrece como guía para no extraviarnos en los intrincados caminos cordilleranos.