En este primer fascículo dedicado al departamento de Loreto, ANDARES visita Yurimaguas y la histórica ruta del Paranapura, escenario de las primeras expediciones en busca de El Dorado o del País de la Canela, y más recientemente de las violentas rutas del caucho. Ríos que serpentean en medio de la selva escasamente explorada; cochas, aguajales y tahuampas, poblados de peces y caimanes; rutas desconocidas y apenas transitadas par los nativos; y 9a célebre hospitalidad de sus habitantes son algunas de las maravillas que esperan a los visitantes en este hermoso rincón loretano.
En las aguas de Yurimaguas
Un solo vuelo a la semana procedente de Lima y de Tarapoto llega al aeropuerto de Yurimaguas, ubicada en el codo formado por los ríos Huallaga y Paranapura, más exactamente a la altura del "cuello" de ese perfil de lobo aullando que caracteriza al mapa del departamento de Loreto, Pero nosotros elegimos viajar por tierra para sentir esa sensación de visitar el fin del mundo; para llegar a Virgen de las Nieves de Yurimaguas -su nombre de bautizo- se atraviesan las boscosas montañas de los Andes nor-orientales y luego de cruzar el pongo Caynarachi se desciende como en un zigzagueante tobogán hacia la inmensa llanura amazónica, que se pierde en el horizonte bajo un cielo increíblemente azul.
Y es que todo se acaba y todo comienza en la "Perla del Huallaga". Hasta Yurimaguas llega el último tramo de la red vial del noreste peruano, procedente de Tarapoto. Y desde allí sólo el curso del Huallaga une a esta ciudad con Nauta e Iquitos, la capital departamental.
Cuando llegamos luego de un entretenido viaje desde Tarapoto, recordamos ese párrafo escrito por Antonio Raimondi cuando visitó Yurimaguas, "no hay palabras para describir el hermoso paisaje que se presenta ante los ojos del viajero, situado sobre la meseta donde se halla construido el pueblo...".
Nada queda, sin embargo, de las legendarias tribus Yuris y Omaguas y en vano buscamos a las mujeres Yuris vestidas con faldas blancas ("yuracnaguas") que, según algunos historiadores, habrían originado el nombre de la ciudad.
Algo que sí nos llamó poderosamente la atención fue que el diseño de la urbe no corresponde al trazo de las ciudades virreinales, considerando que Yurimaguas fue fundada por un sacerdote jesuita en 1713, Sus edificios más antiguos no tienen ni un siglo de construido y sus calles y plazas la convierten en una típica y "joven" ciudad amazónica.
En lo que es ahora su Plaza de Armas un anciano acabó con nuestras dudas cronológicas señalando el imponente curso del río Huallaga frente al malecón. "Allí está la antigua Yurimaguas -nos explicó con su agradable acento- sumergida en las aguas del río hace más de cien años, cuando el Huallaga decidió cambiar de curso".
Sus hermosas residencias y la solemnidad de sus ceremonias públicas nos hacen recordar que Yurimaguas fue un bastión de la peruanidad. En sus calles desfilaron batallones de patriotas antes de partir hacia Lima durante la Guerra del Pacífico o hacia las fronteras con Ecuador y Colombia, para defender la integridad de nuestro territorio.
Observando su imponente catedral recordamos que la fundación de Yurimaguas a comienzos del siglo XVIII evitó la penetración de los "bandeirantes", bandas de colonos de origen portugués que irrumpieron en la Amazonía peruana para saquear poblados y explotar sus riquezas naturales. Fue allí donde el sacerdote jesuita Samuel Fritz fundó un poblado con los indios yuris y omaguas -originarios de las selvas brasileñas- que lograron escapar de la esclavitud a la que eran sometidos por los "bandeirantes".
Sin embargo, al recorrer sus calles y plazas y luego de quedar extasiados contemplando el majestuoso Huallaga desde el malecón de la ciudad, es lamentable comprobar la ausencia de turistas y el pésimo servicio de información que se brinda a los visitantes.
Pero no hay mal que por bien no venga y fue precisamente la carencia de información turística oficial lo que nos obligó a diseñar nuestro propio circuito. La primera opción era internarnos en el curso del Huallaga rumbo al Pacaya-Samiria, pero nos advirtieron que en Iquitos existe mejor infraestructura turística para visitar la reserva natural. Y en ANDARES no queremos recomendar circuitos de mucha dificultad para el turista.
Fue por eso que optamos por un circuito más vinculado a la historia de Yurimaguas y, previa revista de la historia local, elegimos la famosa "ruta del Paranapura", hermosa y poco conocida, pero tristemente célebre pues se remonta a los años del boom cauchero, que significaron el auge económico de la región a costa de la sangre, sudor y lágrimas de los indígenas.
Por la ruta de Paranapura
En el puerto de Yurimaguas se pueden alquilar botes con motor fuera de borda o contratar los servicios de un pequepeque (las "combis" charapas) cargado de colonos y nativos que se internan en el río luego de vender sus cosechas en el mercado de la ciudad con la garantía de tener un contacto directo con la población local, hacinados en el interior de la nave.
Nosotros tuvimos la suerte de contactar con Carlos González Henríquez, de la Corporación Turística Amazónica, quien nos organizó un tour desde Tarapoto incluyendo un deslizador con motor fuera de borda de 25 HP, timoneado por el experimentado piloto Segundo Núñez y teniendo como guía a Mauricio Acho.
A las 6 y 30 de la mañana partimos del puerto de Yurimaguas, construido en el codo formado por el río Paranapura al desembocar en el Huallaga. Viajando contracorriente lo primero que llama la atención es ese inmenso espejo de aguas casi transparentes que se forma en el Paranapura por el efecto de "choque" con las aguas del Huallaga. Es algo así como un inmensa laguna donde se podrían practicar todos los deportes acuáticos, con la seguridad garantizada por la cercana base de la Marina de Guerra del Perú.
A media hora de navegación, el curso del río se hace más caudaloso y comienza a serpentear, y así continuará durante todo el recorrido pues el curso del Paranapura es el que más curvas ofrece en todo el Alto Amazonas, brindando en ambas orillas un hermoso paisaje de selva frondosa salpicada de sembríos.
Tres horas más tarde el calor nos sofoca pese a que las frías aguas del río nos sirven como un refresco natural. Es entonces cuando nos detenemos en el pequeño puerto de Muniches, donde desayunamos una sopa de majaz con carne de monte y un par de típicos juanes rociados con litros de gaseosa sin helar. Mientras desayunamos acompañados por algunos pobladores nos asombramos cuando vemos llegar un pequeño camión repleto de pasajeros. "'Hasta aquí se puede llegar en auto -nos explican- aunque el camino se pone difícil por las lluvias.
Con el estómago y el corazón contento nos volvemos a internar en el río dejando en el camino a los peque-peques cargados de colonos y nativos. La marcha se hace lenta por la fuerte corriente del río y porque debemos detener el motor cada vez que nos cruzamos con las balsas y canoas de los lugareños, pues se pueden voltear con el oleaje que provoca nuestro motor fuera de borda. Casi a las once de la mañana hacemos contacto con la primera balsa de chayagüitas. Bajamos la velocidad y nos acercamos para fotografiar sus rústicas balsas de troncos amarrados e impulsados par la corriente del río.