Kuelap, la ciudad perdida
Cansados y empapados luego de visitar la catarata de Andariyacu, pero con la adrenalina a flor de piel, decidimos seguir camino sin detenernos hasta Kuélap, la ciudad perdida de los misteriosos Sachapuyos.
Luego de sortear caminos casi intransitables y un huaico de regular envergadura que interrumpió el camino hacia Chachapoyas, a la una de la tarde llegamos a Tingo, un pequeño poblado desde donde se inicia el largo ascenso hacia Kuélap, distante sólo 65 kilómetros de la ciudad.
Al iniciar el ascenso ya se puede distinguir el impresionante monumento, que semeja una meseta artificial construida en la cima de una inmensa montaña. Cinco horas después y luego de pasar por los poblados de Nuevo Tingo, Chuctamul, Longuita y María, de ascender por numerosas quebradas y abismos, llegamos al estacionamiento de Kuélap, situado a los pies del acantilado y a tres mil metros sobre el nivel del mar.
Desde allí ya se puede comprobar la magnífica construcción. Conforme nos acercamos surge la interrogante de cómo se pudo edificar muros de veinte metros de altura, piedra sobre piedra, en un lugar tan inhóspito. Nos asombramos al imaginar esas manos anónimas que fueron levantando esos enormes muros y los cientos de habitaciones circulares (de casi cinco metros de diámetro) que juntos integran toda una ciudad prehispánica.
Kuélap parece una enorme fortaleza de casi 600 metros de largo y 100 de ancho, con sólo tres angostas entradas en forma de callejón y estratégicamente ubicadas para controlar el ingreso de sus habitantes. Los recientes estudios arqueológicos demostraron que se trató de una ciudad edificada en lo alto de la montaña para aprovechar las escasas áreas cultivo aprovechando la frigidez de su clima para almacenar sus cosechas.
Entre sus murallas se pueden distinguir dos niveles, denominados "Pueblo alto" y Pueblo bajo". En el primero existen poco más de 80 "casas" circulares y un "castillo" de uso ceremonial. En la parte baja, en cambio, se pueden contar hasta 300 "casas" dé este tipo, una de ellas reconstruida con sus hermosos techos de paja en forma de un cono invertido.
Mientras recorremos Kuélap tratamos inútilmente de vincularlo a otras edificaciones similares del Antiguo Perú y, salvo el Gran Pajatén, comprendemos la grandeza de los Sachapuyos, una civilización que logró dominar la imponente naturaleza del departamento de Amazonas.
Chachapoyas, la ciudad de los balcones
San Juan de la Frontera de los Chachapoyas es el nombre con el que fue bautizada en 1538 la hermosa capital de Amazonas, conocida como "la Ciudad de los Balcones".
La ciudad conserva sus típicas casonas de techos de tejas, adornadas con balcones, con grandes patios interiores y rodeadas de huertos y jardines. Es una de las pocas urbes peruanas que mantienen su aire señorial y de influencia española.
Lo primero que visitamos es una enorme Plaza de Armas, que mantiene toda la estructura tradicional de la plaza.
Visitamos también un puente de piedra construido con el aporte financiero del Gobierno Municipal de Extremadura, España, que eligió Chachapoyas precisamente por su semejanza con las antiguas ciudades ibéricas.
También visitamos la hermosa Plazuela de la Independencia, las iglesias de Santa Ana y del Señor de Burgos y el tradicional Pozo de Yanayacu, construido por Santo Toribio de Mogrovejo y convertido ahora en la fuente de los enamorados.
Y es así como quedamos: enamorados de Chachapoyas, de sus calles tranquilas, de su gente alegre y hospitalaria y de su aire de ciudad antigua con buena infraestructura hotelera e impecables restaurantes, pubs y cafeterías.
En Chachapoyas también se pueden contratar los servicios de transporte hacia Kuélap y otros lugares de atracción turísticas como Levanto, Caclic, Jalca o Karajía. Pero antes de dejar la ciudad visitamos el taller de don Anaximandro Valdez, donde se pueden adquirir sus hermosas artesanías "ecológicas", confeccionadas con arcilla y maderas de la región, reproduciendo las efigies de piedra halladas en los desentierros arqueológicos.
Desde Chachapoyas partimos al día siguiente hacia Levanto, uno de los pueblos más antiguos del Perú, ubicado a sólo una hora de camino desde la capital. Allí también se pueden visitar construcciones prehispánicas similares a las de Kuélap, impresionantes caminos incaicos y un antiquísimo canal de regadío de varios kilómetros de largo.
Pero Amazonas, y más precisamente la ciudad de Chachapoyas, ofrece mucho más. En los catorce pisos ecológicos que rodean la ciudad se pueden visitar cavernas y otras ruinas arqueológicas aún poco estudiadas por los arqueólogos, así como una exquisita flora y fauna que bien merece la visita de los turistas peruanos y extranjeros.